Por: Carlos Santamaría Ochoa25/05/2011 | Actualizada a las 17:18h
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Hace
algunos calendarios, los estados fronterizos teníamos problemas con el asunto
de migración por cuestiones geográficas naturales: el estar ubicados en la
franja fronteriza del norte, sur, este u oeste de cualquier nación ubica a los
países en posibilidad de tener problemas de esta índole.
Los migrantes existen, como comentábamos hace unos días, en todo el mundo, y el
problema es de características especiales en cada frontera: no será igual, como
sabemos, el asunto migratorio en Chiapas que en Tamaulipas, dado que la primera
entidad tiene que lidiar con la entrada masiva de personas centroamericanas
mayoritariamente, aunque existen posibilidades de que lleguen por ese rumbo
personas de oriente, Asia e inclusive, uno que otro europeo. La migración es
tema de todos los días, porque tienen que pasar por nuestro país para llegar al
que aún se considera el país más poderoso del mundo, y que ofrece en su “sueño
americano” a muchos, la estabilidad que nuestros gobiernos no pueden por
incapacidad, limitantes naturales o, simplemente, porque no les da la gana.
En el lado norte, donde nos ubicamos junto con otras entidades como Chihuahua,
Coahuila, Baja California, Sonora e inclusive Nuevo León en un territorio que
no alcanza a ser frontera pero que es igual de importante, tenemos otra
problemática, dado que muchos migrantes no alcanzan a cruzar hacia los Estados
Unidos y se quedan en forma temporal o permanente a radicar en suelo
fronterizo, formando, por consiguiente, cinturones de miseria que tienen
condiciones poco viables para una convivencia apta. Hay muchas carencias en
estas zonas y muchas veces el gobierno no puede hacer frente a ellas por las
condiciones del terreno. No siempre es legal o viable, pues.
Hemos de reconocer que Tamaulipas incrementa sus posibilidades de tener que
sortear la problemática de referencia, dado que el punto geográfico más cercano
entre la frontera de México y el centro de Estados Unidos es precisamente
Matamoros, en nuestro querido estado, de ahí que miles de indocumentados elijan
tratar de llegar por suelo nuestro.
Molesta sobremanera el hecho de que el presidente de México insista en los
problemas de la entidad, y especialmente de un punto único: San Fernando. Los
problemas se dan desde que el migrante sale de su hogar con la idea de cruzar a
Estados Unidos, y se multiplican en “la bestia”, el ferrocarril que los
traslada y que todo mundo lo sabe y ve, menos los de Migración; también, en
cada estado encuentran distintos escollos que hay que sortear.
El asunto de la delincuencia ha existido desde que estos personajes tienen
necesidad de cruzar y siempre se ha dado. El caso es que sabemos también que
autoridades del Instituto Nacional de Migración hicieron –o siguen haciendo- su
“agosto” con los indocumentados, desprotegidos por mil razones, siendo la más
poderosa la de que no cuentan con papeles que avalen su estancia legal en
nuestro país.
Y en ese tenor, el gobernador ha puesto el cascabel al gato, con acciones que
seguramente tendrán un buen impacto en el trato hacia este grupo marginado de
personas que sufren las consecuencias de no tener papeles. Muchos abusan de
ellos y les quitan lo poco que ahorraron durante su vida. Cosa más injusta no
hay.
Siempre hemos sido de la idea de que cuando las autoridades estadounidenses
decidan enfrentar este asunto acabarán muchos problemas y tendrían mayores
ingresos vía impuestos, pero parece que prefieren seguir como avestruces: con
la cabeza escondida haciendo como que no pasa nada.
Ya el señor Calderón promulgó una ley que busca tener más actitudes humanas, y
castigar a quienes no cumplan con su deber desde el INM, de tristes recuerdos
para casi todos.
También, en Nuevo Laredo estuvo de gira avalando acciones que tienen que ver
con la atención a los migrantes. El Instituto para la atención a los Migrantes
es una muestra de la disposición que existe para enfrentar un problema de
muchos, atajado por pocos.
Dijo Egidio Torre Cantú que la entidad tiene todas las vertientes del problema
como comentamos hace unos días: el que va y el que se queda porque fue
regresado o porque consideró que había mejores oportunidades en nuestra tierra.
Todo ello repercutió para que se creara el instituto de referencia que, deseamos
de todo corazón, tenga la respuesta de la sociedad y de las autoridades
reflejada en cada uno de esos hombres como usted o como yo, que, teniendo una
familia y viendo que todas las puertas están cerradas, buscan llevar el pan a
casa pese a los descalabros de su país, provocando que su situación desesperada
les lleve a buscar trabajo en otros lares.
A muchos nos sucede lo mismo, cuando encontramos las puertas cerradas, pero
quizá no tenemos el valor de los migrantes como para levantar vuelo hacia otros
horizontes, probablemente por la familia o por la edad, por el miedo de volver
a comenzar u otras razones.
Nos falta mucho para hacer una acción de ese tamaño, y hay que aplaudir a quien
tiene el valor de dejar todo: raíces, familia, casa y país, en aras de seguir
subsistiendo decorosamente, ante la cerrazón de nuestra tierra de permitirnos
vivir dignamente, de nuestro trabajo honesto.
Los migrantes merecen todo el respeto, qué bueno que la nueva ley se los
otorgue. Esperemos que así sea.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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