Por: Carlos Santamaría Ochoa18/05/2011 | Actualizada a las 18:57h
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Datos,
datos y más datos. Los accidentes siguen siendo la causa de muchos desvelos, y
también de sepelios, pérdidas físicas, económicas… sociales.
En la pasada colaboración hicimos mención de una serie de datos y reflexiones
acerca del descuido que ocasiona accidentes y muertes, mutilaciones y el que
los recursos económicos disminuyan y los legales tiendan a aumentar. No podemos
cerrar los ojos a esta realidad.
Datos de la Secretaría de Salud son realmente escalofriantes: en nuestro país
se registran unos 24 mil decesos cada año, ocasionados por accidentes, lo que
nos promedia 66 muertes diarias. Imagine el lector lo que significa para las 66
familias que pierden a uno –o más- de sus miembros.
Las pérdidas de vidas no tienen precio ni comparación: con nada se sustituye a
alguien que esté cerca de nosotros o alguien conocido. Todos hemos padecido el
fallecimiento de un ser cercano o querido y la verdad es una sensación que no
es nada grata.
En cuanto al dinero, hay que anotar que lo anterior cuesta alrededor de 130 mil
millones de pesos, es decir, el 4 por ciento del Producto Interno Bruto del
país, y que es un dinero que bien podría emplearse para mejorar la condición
socioeconómica de cualquier familia.
¡Vaya! De muchas familias, pues.
También anotemos que 40 mil personas sufren algún tipo de discapacidad como
producto de estos accidentes, y hay más de 50 mil lesionados. En las
estadísticas se registra un mayor número de accidentados en días lunes y
viernes, lo que nos indica también que tiene mucho que ver con la “juerga”, la
“parranda”, es decir, la borrachera… el alcohol, como siempre, tiene una
importante cuota en este sentido: 6.3 por ciento de los accidentados dan positivo
en las pruebas de alcoholemia, y 5.7 por ciento tienen en su sangre registro de
uso de drogas de diversa índole.
Más del diez por ciento se causa en personas que embrutecen y disminuyen sus
reflejos por conciencia propia, o más bien, por inconsciencia, porque no se
puede llamar acto consciente al que realiza una persona que sabe que tiene la
responsabilidad de manejar luego de la fiesta, convivio o visita al “antro”.
También es justo decir que hay más hombres que mujeres en este tipo de acciones
que tienen mucho de delictivas. Es la primera causa de muerte en ciudadanos
mexicanos de entre 5 y 35 años de edad. Es obvio que los menores no manejan o
algo por el estilo, pero son víctimas de la irresponsabilidad con que se
conduce la gente.
Es la segunda causa de discapacidad general. Imagine el lector que todos los
días sale a caminar y hacer ejercicio, y que, de repente, por causa de un
momento de irreflexión no podrá hacerlo jamás; que haya perdido alguna
extremidad o simplemente, que sobreviva –si se le puede llamar así- en estado
vegetativo. Esto no es vida, y menos para los que tienen la responsabilidad de
cuidarle, porque a ellos les desgraciamos la vida.
Hace unos días llamó la atención una noticia en la prensa internacional: se
refería al uso que hace una universidad británica de los muchachos que tienen
por norma y convicción no tomar, y que se les paga por cuidar borrachos.
Así como lo ha leído: les pagan entre los parranderos una tarifa establecida
por la propia universidad para que funjan como “conductores designados”, figura
que inclusive en México promovió una marca de vinos y que funcionó por varios
años.
Algo tenemos que hacer.
También, cuando padecemos por la culpa de otra persona, un accidente, una
discapacidad o algo similar, pasan días, meses o quizá años para que podamos
volver a restablecernos. No se vale, sinceramente.
No matemos a los demás, no colaboremos con estas tétricas cifras; los
accidentes son y seguirán siendo un mal en la sociedad y urgen medidas para
evitarlos o disminuir su frecuencia.
En este sentido, insistimos en señalar los programas que conjuntamente han
establecido autoridades de tránsito y Salud en el estado para que haya
alcoholímetros.
Ninguna medida es mínima ni poca: hay que incrementarlas. Sería bueno, por
ejemplo, que en los antros no se permitiera a la gente manejar al salir ebrios:
que se les pida un automóvil de alquiler y se garantice su vehículo en un
estacionamiento, obviamente, con coste para los tomadores.
Es una lástima que los padres no tengamos conciencia de este grave problema,
sin embargo, no generalizamos, porque los hay con mucho sentido de la civilidad
y convivencia social que procuran en sus hijos la misma responsabilidad.
Eso es lo que necesitamos. Suponemos que las estrategias que ha instrumentado el
doctor Norberto Treviño García Manzo serán positivas, y hacemos votos porque
haya más de esta naturaleza.
No queremos saber que se incrementa la publicación de esquelas en la prensa:
nos gustaría, mucho más, saber que hay más torneos deportivos o actividades
sociales. Ayudemos a los nuestros, a nuestros hijos, a nuestros vecinos,
hagamos un acto responsable de conciencia, por favor.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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