Por: Carlos Santamaría Ochoa15/05/2011 | Actualizada a las 15:44h
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Asusta,
aterra, espanta la idea de creer lo que el secretario de educación Alonso
Lujambio dice acerca de los niveles educativos en nuestro país, y el hecho de
querer, como es costumbre en los miembros del actual gabinete federal y
aspirantes descarados a la presidencia, de querer que creamos que gracias a
ellos México se ha salvado. Ya
dijo el señor Calderón que en su administración se han hecho casas como nunca
en el país. Ahora resulta que todo lo que han realizado es único, nunca se
había siquiera acercado la cifra de logros. México navegó, creció y subsistió
sin desarrollo durante más de mil años, hasta que llegaron ellos. Diatriba
total, sin duda alguna. En
el caso de Lujambio, resulta muy alarmante ver que dice que ningún país ha
hecho en el mundo lo que México. Imagine el lector, si somos los que más
hacemos, ¿cómo estarán los que no hacen? Vivimos entonces en una crisis mundial
educativa, donde los otros países no tienen idea siquiera de cómo enseñar a
pronunciar las vocales. Dice,
por ejemplo, que 80 mil maestros se han incorporado al sistema a base de
concursos, aunque no dijo que los concursos se llevan a cabo con tarjetas de
recomendación, donde ingresan los hijos y familiares de los dirigentes
sindicales, los recomendados de siempre, y los que compran plazas en un ilícito
que se repite año con año, y las autoridades correspondientes –que no
competentes- insisten en que son hechos aislados y amenazan a los delincuentes
con aplicar la ley… pero nunca llega ésta. La
venta de plazas es pan de todos los días en el país, en el SNTE, en las
oficinas mismas. Nos
engañan con una irrisoria prueba llamada ENLACE, en la que los profesores
tienen la consigna de “machacar” con los alumnos las preguntas que vendrán y
que, si salen bien, seguramente les permitirán tener acceso a estímulos
docentes, aunque los muchachos no hayan aprendido nada. Los
que conocemos las escuelas del sistema educativo sabemos que nuestros hijos no
aprenden lo que deben, que los sistemas están basados en estrategias
equivocadas avaladas por la autoridad y solapadas por un sindicato de personas
que hacen todo menos educar. Es muy grave lo que dice Lujambio, porque
entonces, hay que imaginar a Alemania, España, Gran Bretaña, Estados Unidos y
otros países, que según él, hacen menos que nosotros. Será,
quizá porque no tienen qué hacer tantas cosas porque su sistema sí funciona, o
porque no requieren de ese tipo de falsas evaluaciones que no reflejan lo que
realmente es lo que saben nuestros alumnos. El
colmo de colmos es cuando dice que se han multiplicado cursos, talleres y
diplomados para actualizar a los maestros, reactivado y fortalecido la
participación de los padres de familia y otras cosas más. Seguramente por eso
es por lo que la gente que puede manda a sus hijos a estudiar fuera, o porque
prefieren la educación privada, que también tiene sus puntos negativos que
señalar, aunque ahí se disculpa todo, porque no está permitida la crítica: si
no estás de acuerdo: te sacan del sistema y ya. Es
una triste realidad la que vivimos en el sistema educativo oficial, donde los
estudiantes son lo que menos importa: la carrera magisterial, el plan de
capacitación docente y todo eso es válido, pero… las clases… las clases son
secundarias, eso no se puede ni debe manejar. En
los ejercicios de ENLACE a los niños y jóvenes se les manda a resolver temas
que no han tratado en clase. Imagine el lector lo que supone lo anterior,
porque llegan a resolver lo que nadie les enseñó, y eso lo saben los
directivos, los dirigentes educativos, los que manejan en términos generales la
educación. Nos
quieren seguir engañando a los padres de familia que padecemos las anomalías
educativas en cada uno de nuestros hijos. Reconoce
Lujambio el trabajo de la señora Gordillo, aquella que maneja a su antojo al
magisterio nacional con la impunidad que le otorga el sistema del presidente
Calderón. Aquella que tiene a toda su parentela en puestos importantes y que
nunca concursó alguna plaza de ellos. Reconoce
que se ha rehabilitado la infraestructura educativa, que se han equipado
escuelas y se ha trabajado en la reforma curricular. Pero
no supo ni quiso decir que las clases son un fiasco, que nuestros hijos repiten
como loros lo que les dice la maestra que memoricen, que no les enseñan a
comprender lo que deben comprender, que no les enseñan la diferencia entre
conquista y conquistador, entre sumar y multiplicar. Avergüenza
a muchos mexicanos el cinismo con el que se conduce la autoridad educativa, la
pasividad de los profesores que prefieren suspender clases por cualquier
pretexto, pero no sus vacaciones, que están más preocupados por su carrera
magisterial que por enseñar. Los
maestros con vocación están muriendo, y las nuevas generaciones no tienen idea
de qué se debe hacer en el salón de clases. Y
los servidores como el señor Lujambio, en plena precampaña presidencial, tienen
el cinismo de decir que estamos bien. ¿Qué
comió? ¿Qué bebió? O, ¿de qué país se trata del que habla? Definitivamente, no
es de México, porque aquí, con el amor a la patria que tenemos, estamos
conscientes de que estamos mal, muy mal. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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