Por: Carlos Santamaría Ochoa14/05/2011 | Actualizada a las 18:45h
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Términos
van y vienen; unos se aplican adecuadamente, y otros, sin embargo, no cuentan
con un sustento válido para su empleo. Un ejemplo claro es el hecho de nombrar
“doctor” a todo profesional de la medicina, cuando su grado académico es a
nivel licenciatura, y son médicos, porque el término Doctor se refiere a un
grado académico de alta envergadura, de mucho contenido, previo esfuerzo
importante.
En el caso de los maestros y profesores sucede lo mismo: maestro es un grado
académico que sigue al de licenciatura y precede al del doctor, es decir, un
grado intermedio que tiene mucho que ver con las aptitudes investigadoras de la
persona.
Es quizá por esa razón que el término a que se refiere el festejo de hoy no sea
el adecuado: celebramos teóricamente al maestro, cuando la celebración cuenta a
los que tienen a su cargo la enseñanza de las personas desde nivel preescolar
hasta niveles de educación superior y un poco más, aunque su fortaleza la
encuentran en el gremio que avala la señora Gordillo, presunta profesora y
actual cacique del magisterio, como se le conoce a este gremio, que en México
se jacta de ser el sindicato más numeroso de América Latina, aunque una gran
mayoría de sus integrantes nada tienen que ver con la educación, la formación o
la docencia, y para muestra hay que ver a los dirigentes sindicales, comenzando
por la señora Elba Esther, quien no atina siquiera a dar un discurso sin faltas
de dicción pese a su milenaria experiencia y edad, o visualizando en la
entidad, al dirigente de la sección XXX, quien se supone debiera ser un maestro
distinguido y no un simple seguidor de la Gordillo y sus secuaces.
Cierto, hay maestros ejemplares y distinguidos, y una muestra de ello la vemos
en la galería del magisterio tamaulipeca, creada para honrar a los distinguidos
mentores, aunque en los últimos años se convirtió en un premio político más que
de méritos docentes.
Ser maestro no es cosa fácil, o al menos no lo era antes de que se abarataran
en el país los grados académicos y cualquiera pudiera tener acceso a ellos,
inclusive en línea, sin más mérito que pagar las colegiaturas correspondientes.
Pero ser profesor…
No cualquiera podría jactarse de ser un buen profesor, porque éste es el que
tiene vocación de enseñanza y no le importan los días económicos, los permisos
sindicales, la carrera magisterial –uno de los engaños más grandes del sistema
educativo nacional- o los puentes y días de capacitación supuesta, que es un
excelente pretexto para suspender clases.
El profesor era el que nos enseñaba a cada uno el significado y pronunciación
de las vocales; el que sabía hablar y utilizar el lenguaje español en lo que
vale, o el que sabía que dos más dos totalizaban cuatro y sabía que la suma no
era una simple operación aritmética sino el hecho de unir uno y otro recurso
para tener un resultado común en el que todos estuviéramos de acuerdo.
¡Vaya!, algo así como entender que la justicia, la solidaridad, la comprensión
hacia la ciudadanía, la aplicación en tribuna y la ley unen un resultado que a
todos nos conviene: la paz social y la tranquilidad que hemos perdido porque no
sabemos los seres humanos sumar esfuerzos. Dividimos, restamos, multiplicamos,
pero sumar… eso ya se nos olvidó, quizá porque no tuvimos buenos maestros que
nos enseñaran moral, sencillez, honestidad, humildad, capacidad humana,
caridad, solidaridad y otros valores básicos para cualquier persona.
No están ya aquellos maestros que nos enseñaban que mentir era una acción
inaceptable, y que seguramente reprobarían a aquellos que aseguran que se está
trabajando en aras de la sociedad, buscando el bienestar y que la honestidad
priva en todas las dependencias de cualquier administración.
Vemos noticias como la del Instituto Nacional de Migración u otras dependencias
que están involucradas con la delincuencia y sabemos que éstos, los malos
servidores públicos no tuvieron buenos maestros.
Todo lo contario: aprendieron a mentir y disfrazar datos reales con informes
más políticos que reales.
Los verdaderos maestros se quedaron frente al pizarrón, con su borrador y sus
trozos de tiza, aunque algunos se actualizaron con la tecnología y supieron
utilizarla para que sus muchachos conocieran más de lo que les tocaba enseñar…
y un poco más, porque el verdadero maestro no se circunscribe a su hora de
clase sino que se convierte en un verdadero instructor de la vida de los seres
humanos que le rodean.
El primer maestro que tenemos en la vida es nuestro padre, que nos entrega las
herramientas necesarias para caminar, y en seguida, los profesores de primaria
que nos dan las bases para aprender más. Siguen los de secundaria, preparatoria
y licenciatura, para conformar un esquema que nos permita seguir siendo
aprendices y alumnos en la escuela de la vida.
El tributo es para los maestros que han sabido llevar esta profesión como lo
más sublime de sus vidas, que han sabido entregar lo más valioso de sí para los
demás.
Para los maestros verdaderos, de todo corazón, el homenaje sincero. Que Dios
les bendiga y nos permita contar siempre con ellos.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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