Por: Carlos Santamaría Ochoa11/05/2011 | Actualizada a las 15:23h
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No podemos dejar
de pensar en las palabras de algunos protagonistas de la “Marcha por la paz” y
las consecuencias que pudieran traer en el país entero. Llama la atención el
hecho de que Javier Sicilia pide un replanteamiento en las estrategias de los
partidos políticos, dado que considera, como muchos, que se han convertido en agencias
de colocación para los amigos en lugar de responder a las necesidades
ciudadanas. Hay sus
excepciones en ciertos casos, pero siendo honestos, tenemos que hacer un
balance sobre su existencia y justificación social, porque finalmente, los
partidos pretenden llevar a la administración federal, estatal y municipal a
los mejores hombres que puedan y sepan interpretar los intereses ciudadanos,
así como lo deben hacer quienes llegan al Congreso local o de la Unión. Podríamos hacer
un análisis nacional, pero suponemos que a Tamaulipas interesa sobremanera lo
que sucede en la entidad, así como también, en los municipios ocupa
principalmente lo que ahí pasa, lo que acontece y afecta de manera directa. No
quiere decir que no nos interese el resto del país. Conste. En ese sentido,
llama la atención favorablemente para muchos ciudadanos el que dentro de las
filas del Partido Revolucionario Institucional haya emergido la figura del
actual dirigente Lucino Cervantes Durán, a quien todo Tamaulipas conocemos como
un destacado priista, amén de la experiencia que tiene y que ha mostrado en el
corto tiempo que lleva al frente del tricolor. Es una garantía,
sin lugar a dudas, de que muchas de las acciones del PRI tamaulipeco
serán reorientadas para tener aún mejores resultados, aspirando, como lo
debieran hacer todos los institutos políticos, al “carro completo”, porque una
institución de esta naturaleza que no busca el triunfo no sirve para nada.
Perdedores no sirven en un país que quiere crecer. No encajan. Las estrategias
deberán reflejarse en el ámbito municipal, donde se han renovado ya casi todos
los comités correspondientes, y se les está leyendo “la cartilla” para que
busquen trascender y convencer con acciones, con hechos, porque la gente está
harta de ver los mismos nombres, las mismas caras, con el agregado de sus
familiares. Se tomó al
partido por un tiempo como una agencia de colocaciones para los herederos, y la
entidad tiene hoy a muchos hijos de aquellos que se supone, hicieron política
idónea. Obvio, no todos son buenos políticos, porque estas cosas no se heredan. Podríamos
mencionar que en el Partido Acción Nacional no han sabido hacer las cosas, como
sucede a nivel nacional, de ahí el que se estén perdiendo en la simpatía
popular. Los blanquiazules han tenido una muy mala práctica como servidores
públicos, y ello los ha llevado a perder la confianza en sus simpatizantes,
otrora electores, que hoy por hoy buscarán otras siglas con toda certeza. El caso del
Partido de la Revolución Democrática es más patético: pleitos e inclusión de
grandes ladrones en sus filas –recuérdese al señor de las ligas René Bejarano-
les hacen perder más credibilidad aún. Quieren seguir
navegando con una bandera que no les corresponde: el partido de los pobres,
pero no justifican acciones que les permitan salir de esa condición, salvo las
anunciadas pomposa y populosamente en el Distrito Federal: regalando cuadernos,
dulces, llevando dos o tres bicicletas y hasta inventando playas donde no las
hay. Populismo puro,
del que ya estamos hartos los mexicanos. Es la hora en que
tienen que replantear sus estrategias y justificar su existencia, porque hoy
los mexicanos piden –pedimos- candidaturas ciudadanas, lo que nos dice que no
confiamos en los partidos. Candidaturas sin compromiso de alguna institución
política, y que tenga la condición de emerger de la población. Estas
candidaturas vienen a ser un ejemplo de lo que la gente quiere, la gente que ya
está cansada de privilegios no merecidos y de demagogia, la que a diario leemos
y escuchamos en los medios, surgida de la boca de quienes hacen política o
creen hacerla, pues. Esa clase que ha
tenido privilegios no merecidos tiene que comenzar a pensar cuál será su
futuro, establecer el nuevo rumbo y convencernos de nuevo de que queremos que
nuestros gobernantes estén respaldados por algún instituto político. No nos gusta a la
gente “común y corriente” ver a un pequeño grupo de privilegiados que circulan
paseando con un extraordinario cinismo los recursos de la ciudadanía,
haciéndolos propios y de sus familias. No nos gusta que se jacten de ser una
clase especial. Son tan comunes como cualquier ciudadano. Inicia pues, el
nuevo reto, el nuevo camino que habrán de enfrentar para convencernos y para
entregarnos resultados. No queremos, tampoco, que haya pleitos entre niveles
oficiales y no distribuyan culpas. Queremos
resultados, no importa si son federales, estatales o municipales: los
ciudadanos queremos bienes y servicios tangibles, no palabras, no proyectos. No nos importa si
se quieren justificar con discursos. Es la hora en que
tienen que justificarse con su presencia popular, con el convencimiento en cada
uno de nosotros de que bien vale la pena votar por ellos. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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