Por: Carlos Santamaría Ochoa10/05/2011 | Actualizada a las 16:30h
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No cabe duda que
cuando uno tiene problemas con el desarrollo de los sentidos el panorama
cambia: cualquiera de éstos, sea el tacto, el gusto, la vista, el olfato o el
oído, nos altera la existencia en muchos aspectos, y sufrimos un poco en tanto
nos adaptamos, porque el ser humano tiene la enorme capacidad de resolver sus
discapacidades con el desarrollo más agudo de otros sentidos para contrarrestar
lo que no funciona muy bien. Así vemos que la
gente que no escucha tiene habilidades para entender y hacerse entender, al
igual que quien no puede hablar. En el caso de la vista, cuando no tenemos la
claridad para entender qué nos rodea y la forma en que lo hace, batallamos,
pero finalmente, el hombre ha inventado algunas cosas para poder sobrevivir
adecuadamente. Los registros
históricos indican que los griegos ya los utilizaban: en la obra de Aristófanes
“Las Nubes” se mencionan como unos vidrios que enfocan la luz solar para
producir fuego, lo que es considerado como un tipo de anteojos. Nerón, debido a
su miopía utilizaba una esmeralda moldeada en forma de luna cóncava para ver
las peleas de gladiadores. El matemático árabe Alhazen escribió el primer
tratado amplio sobre anteojos, en el que describe la imagen formada en la
retina humana debido al cristalino. Sin embargo, el uso de anteojos se
documenta hasta la invención de los quevedos en Italia. Quienes tenemos
una discapacidad visual sabemos de la importancia de éstos, los anteojos, y
entendemos por qué resultan fundamentales en el desarrollo del ser humano.
Cuando estamos en un salón de clases y no vemos el pizarrón o lo que exponen
los profesores, nos causa angustia y muchos problemas de toda índole, hasta
psicológicos. También es sabido
que cuando los usamos por primera vez tenemos que someternos a la aprobación
social que implica una serie de burlas: “cuatro lámparas”, “cegatón”, “bizco” y
otras cosas escuchamos de los compañeros hasta que se adaptan a vernos con
ellos. Son, pues, los
anteojos, un instrumento valiosísimo para poder desenvolvernos sin complejos y
sin problemas para entender, para leer… para desarrollarnos, así de claro. Y este diez de
mayo, antes de celebrar otras cosas, el gobernador de Tamaulipas Egidio Torre
Cantú dio el banderazo al arranque del programa denominado “Ver bien para
aprender mejor” que impulsa el gobierno en apoyo a todos esos chicos que
batallan para aprender y comprender lo que está ante sus ojos. A partir de estas
acciones, los estudiantes mejoran su aprovechamiento, pero, por qué no decirlo,
mejoran su desenvolvimiento social, porque caminan sin complejos y sin la
angustia de poder tropezar con algún objeto o de no leer lo que deben. Son, sin lugar a
duda, valiosos auxiliares en todos sentidos. Es por eso que nos llena de gusto
saber que hay acciones de esta naturaleza, y que tienen repercusión directa en
los pequeños. Los gobiernos
tienen que desarrollar muchas cosas en distintos ámbitos, pero el que se
refiere a los niños nos impacta porque finalmente, les estamos entregando
herramientas útiles para que crezcan y sean personas de bien, que no encuentren
los escollos que la naturaleza les ha dejado por situaciones hereditarias o
porque son producto de hábitos mal encaminados, como el hecho de estar todo el
día frente a un televisor, una pantalla o un video juego. Hace un par de
años comentamos acerca de los números y alcances del programa de referencia.
Hoy, probablemente no se tenga aún el registro de los beneficiarios del
programa, pero estamos más que ciertos que tendrá un fuerte impacto en los
niveles de educación. El gobernador
Egidio Torre Cantú inició su gira por Victoria precisamente acompañado de
cientos de pequeños de primaria y secundaria, quienes estuvieron en las
instalaciones de la Secundaria General número uno para testificar el arranque
del programa de referencia. Hoy, muchos
pequeños ven mejor, aprenden mejor, y la inversión que lleva a cabo el gobierno
en este sentido no tiene mejor justificación que el observar a los niños en
edad escolar recibir el beneficio para mejorar su aprovechamiento. Estas son las
cosas que nos gusta leer, que nos gusta escuchar, y aunque no podemos ser
ajenos a los problemas que ocupan los principales espacios de la prensa local e
internacional, cuando hay noticias buenas, lejos de aspectos de inseguridad,
pensamos que es necesario que las escuchemos o leamos, que sepamos que se
trabaja en otros frentes para proporcionar bienestar a los mexicanos y a los
tamaulipecos, en este caso. Hemos sido
testigos directos de los beneficios del programa, y como padres de familia,
encargados de vigilar el rendimiento y aprovechamiento de nuestros hijos, no
podemos más que aplaudir y procurar un reconocimiento, con el deseo de que,
acciones como la presente se multipliquen, no solo aquí, sino en todas partes. Bien por estos
programas, vemos resultados tangibles, efectivos, que dan gusto, pues. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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