Por: Carlos Santamaría Ochoa04/05/2011 | Actualizada a las 15:49h
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México ha tenido algunos hechos que se registran en su
historia con referencia a las invasiones vividas y rechazadas; Estados Unidos y
Francia han querido tomar el territorio como propio y, aunque los vecinos del
norte se posesionaron de un buen terreno por cuestiones que se achacan al
entonces presidente Antonio López de Santa Ana, algunos otros historiadores
manejan distintas versiones, como suele suceder con los textos que nos
recuerdan nuestros orígenes: cada quien habla según como le fue en la feria. El caso es que un cinco de mayo se llevó a cabo una
batalla que marcó la historia de Puebla de Zaragoza, llamada así en honor al
general Ignacio del mismo apellido que encabezó al ejército mexicano cuyo
trabajo fue echar a los franceses que amenazaban con invadirnos. Los aspectos de la historia, decíamos, son muchos, pero
ya se ocupará quien se apasiona por la historia. Hoy recordamos al general
Zaragoza y al grupo de valientes que tuvieron a su cargo la defensa del territorio
mexicano con un gran éxito. No podemos decir lo mismo en la actualidad, porque
pareciera que las invasiones nos están acabando. Invasiones ideológicas,
físicas y de otros tipos que nos afectan a los mexicanos y hacen que tengamos
días, meses y años difíciles, más cuando autoridades federales han anunciado
que habrá unos 7 a 9 años de problemas de seguridad. ¡Vaya ánimo que nos dan! Decíamos que hay otros tipos de invasión, porque
finalmente, las físicas que tenemos por costumbre ver en la televisión no se
han dado en nuestro país: las tropas estadounidenses inmiscuyéndose en asuntos
de otros países, jorobando la soberanía de muchos como sucedió en Panamá con el
general Noriega, o en Irak, Afganistán, Libia y demás. Los grandes metiches en
la historia moderna, los abusivos, los invasores… Pero regresemos a la invasión ideológica: México ha
perdido mucho de sus tradiciones gracias a una invasión inicialmente ideológica
que fue reforzada por los avances tecnológicos actuales que nos permiten
acceder a cualquier tipo de información en el mundo, sea cual fuere su objetivo
o forma de expresión. La más clara muestra la tenemos en la red de Internet,
donde se puede acceder a todo tipo de información a través de las páginas web
disponibles, y que suman millones en el mundo. En este sentido, los mexicanos tenemos fama de ser un
pueblo de gente que guarda sus tradiciones y valores, aunque en los últimos
años se han derrumbado muchas cosas buenas, pero aún conservamos parte de la
esencia que ha hecho de México el maravilloso país que tenemos, pese a todo. Esa invasión a través de música, literatura y otras
manifestaciones culturales y artísticas, así como políticas y religiosas ha
dejado secuelas buenas y malas, pero ya depende de cada quien la manera en que
se reciban y puedan llevar a la práctica… o desechar. Vemos a nuestros muchachos imitar costumbres y
vestimentas como ha sucedido siempre, desde que el hombre es hombre; muchos ya
no recordamos que tuvimos la juventud plena y llena de imitaciones: los Beatles
marcaron una época en varios de nosotros: pelo largo, vestimenta, lenguaje e
ideología. De la misma manera, hemos copiado lo que pensamos que vale la pena,
que sirve o que puede ayudarnos a cambiar nuestra forma de existir. Cuando tocamos estos temas recordamos mucho a la
población de Galicia, en España, porque vemos en cada ocasión que la vida nos
otorga la manera en que gente de todas edades salen a las calles con sus trajes
típicos, con sus instrumentos tradicionales a conservar sus costumbres, a no
dejar que mueran por causa de la modernidad. Tamaulipas tiene costumbres y cosas muy hermosas, y todos
lo sabemos perfectamente. Sin embargo, tristemente, mucho tiempo hace que no
escuchamos, por ejemplo, “El cuerudo tamaulipeco” o “Que viva Victoria”, piezas
musicales que retratan en voz de sus ejecutantes muchas de las cosas que
acrecientan el orgullo de ser tamaulipeco, de pertenecer a esta bronca pero
noble tierra norteña mexicana. Recordar la batalla del 5 de mayo nos lleva a pensar en
que las invasiones no se pueden permitir, aunque tampoco nos podemos encerrar
en lo que somos nosotros mismos y no dejar que entre siquiera el aire de otro
rumbo. Hay que cambiar, cierto, pero hacerlo sin perder la
identidad propia de cada uno de nosotros y nuestras raíces, porque cuando se
pierden estas cosas, poco hay que hacer para conservar el espíritu patriótico
que nos puede llevar a manejar situaciones difíciles con entereza y madurez,
con responsabilidad y un enorme compromiso que hay que tomarlo, echárnoslo a
cuestas y soportar lo que venga con tal de mantenerlo. Somos tamaulipecos, y aunque nos han disparado muchos
“misiles” informativos desde diversas partes del país, no debemos dejar que la
tragedia nos cubra y tenemos que salir adelante, porque una de las cosas que
más caracteriza al tamaulipeco es su férreo carácter. Este día, recordemos y no olvidemos lo que hay que hacer
para seguir creciendo, siempre, con la esperanza de que México se compondrá
–dentro de unos dos años, pensamos- y sobre todo, con la esperanza de ser
tamaulipecos orgullosos de serlo, y defender nuestras raíces. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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