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Sección: Editoriales / Anecdotario

Los herederos

Por: Javier Rosales Ortiz 02/05/2011 | Actualizada a las 12:06h
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Cuando dejo la dirigencia del PRI en Tamaulipas se especuló de todo.
 
Que ya estaba muy visto, que sus fanfarronerías no encajaban con la seriedad que se impone en la actual administración y que se iría a la capital del país donde su futuro sería muy prometedor.
 
Como líder, en Tamaulipas hizo y deshizo a su antojo pero, honor a quien honor merece, por su carácter frontal, por su sangre fría y por su cinismo, también, le entrego al partido más triunfos que derrotas, lo que lo convirtió en un personaje muy singular que siempre pelo los dientotes  en las duras y en las maduras.
 
Con el ex gobernador, Eugenio Hernández Flores, se entendió a la perfección, al grado de que el mandatario frente a los reporteros le gastaba burdas bromas que él festejaba con buen humor y hasta con  sonoras carcajadas a pesar de que giraban en torno a su físico poco agraciado por la naturaleza.
 
Como aquella cuando al lado de Eugenio camino frente a la Catedral del  Sagrado Corazón de Jesús en un día de miércoles de ceniza y el ex gobernador le comentó a los reporteros: “El no necesita tomar ceniza porque ya trae el sello en la frente desde su nacimiento”.
 
Eugenio, inclusive frente a su esposa Adriana, hacía mofa sobre la personalidad de este inusual dirigente a quien le perdonaba rápido sus errores, porque a él lo que le importaba eran los resultados en materia electoral, de lo cual siempre se mostró muy complacido.
 
Desde un principio la prensa dudo mucho sobre la permanencia de él en el cargo y le endilgaron una serie de historias que solo le producían risa.
 
Lo cierto es que siempre se comporto como un tipo amable y risueño con la raza de los medios, lo que distaba mucho con la fama que tenía de que en lo privado era implacable,  calculador e insoportable.
 
Antes de irse una versión indicaba que él no era bien visto por los actuales huéspedes de Palacio de Gobierno, en razón de que en más de una ocasión como líder no recibió en su oficina al actual gobernador, Egidio Torre Cantú, cuando tenía que tratar con él algunos asuntos relacionados con la campaña de su malogrado hermano, Rodolfo.
 
Es por ello que no entiendo, me encuentro confundido y turbado, que es lo mismo como dice Adela Micha, porque a estas alturas algunos de sus incondicionales se jacten de que son sus auténticos herederos, pues la vida les sonríe en estos momentos de tantas penurias económicas y de desconcierto social.
 
Confundido, porque siempre se hablo de que la relación entre él y las autoridades del tercer piso se asemejaba a una pelea entre perros y gatos.
 
Turbado, porque nunca se puso en duda la antipatía que existe entre él y el gobernador Egidio, lo cual es evidente.
 
Y es por eso que no me explico lo que comentan algunos de sus amigos en el sentido de que es a él a quien le deben la chamba, la estabilidad económica que van poco a poco logrando y la oportunidad para que crezcan políticamente durante esta administración.
 
Porque dicen que a él, a Ricardo Gamundi Rosas, le fueron entregadas 60 posiciones dentro del aparato gubernamental a manera de pago por sus servicios y por la maquillada que recibió el PRI, partido que hoy luce algo vigoroso y que se alista para lo que ya está en puerta.
 
Fueron 40 jefaturas y 20 direcciones las que Ricardo recibió en diferentes dependencias gubernamentales, lo que lo ubica otra vez como un triunfador.
 
Los más satisfechos son sus herederos y no tienen la menor duda.
 
De que Ricardo es “un negro” con suerte.
 
Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com

Javier Rosales

Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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