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Sección: Editoriales / Entre Nos

PANcartas de vergüenza

Por: Carlos Santamaría Ochoa 30/04/2011 | Actualizada a las 14:20h
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En cualquier actividad en la que interviene el ser humano, la ética y responsabilidad son fundamentales: la política no es ajena a ésta, aunque a veces sus protagonistas se empeñan en que la ciudadanía tenga una mala impresión de éstos, los tilde de mentirosos, irresponsables o demagogos, amén de otros calificativos que hemos escuchado en las calles, donde seguramente, quienes nos representan no tienen idea de lo que se dice o habla, porque nunca se han dado a la tarea de escuchar a la gente.
 
Hay un grupo de 500 mexicanos que trabajan en el palacio legislativo de San Lázaro como representantes populares; entendiendo el concepto, supondríamos que son los que llevan la voz de quienes vivimos en cada rincón de México, para hacer ver las necesidades, legislar para cubrirlas y tener el privilegio de representar a la ciudadanía. Hoy, ser diputado pareciera que es una grave decisión, por la magnitud con que se manejan.
 
Más de 100 millones de mexicanos quisiéramos saber lo que se siente que en una cuenta de nómina nos depositen las cantidades que los legisladores cobran por ser nuestra voz; otros tienen comisiones en las que participan y por ello también reciben una gratificación, aunado a los muchos privilegios como son billetes aéreos para volar cuantas veces quieran a sus lugares de origen.
 
Se llaman diputados, y aunque la Real Academia Española lo define como “persona nombrada por un cuerpo para representarlo, o persona nombrada por elección popular como representante en una cámara legislativa, nacional, regional o provincial”, los nuestros tienen dos variantes: aquellos que son elegidos por el voto de los ciudadanos –unos 300- y el resto que son producto de las negociaciones partidistas, en una actitud poco democrática que pretende “dar voz a las minorías” pero que ha resultado en la colocación de 200 personas en un buen empleo, por decisión de sus dirigentes.
 
En estos días últimos del período de sesiones en San Lázaro hemos vivido una serie de acciones que dan pena, lástima… vergüenza: las mantas que todos los partidos han desplegado en una lucha infantil por demás, ilógica y retrógrada por hacerse escuchar, cuando no han ganado ese privilegio en la tribuna, por falta de capacidad y argumentos.
 
Son los diputados el hazmerreír de la población al ver sus actitudes. El colmo cuando una representante de bancada –algo así como una camarilla de bandoleros, pero sin ética- encabeza el desplegado a una protesta que tiene como origen la “concertación” de acuerdos en lo oscurito, que hacen pensar en el hecho de que las sesiones sobran, ya que por lo general, los que encabezan estas camarillas deciden todo, haciendo que sus dirigidos, como borregos, voten a favor o en contra, sea o no necesario y urgente para la población.
 
No entendemos que necesiten mantas y escándalos cuando no tienen capacidad para utilizar la tribuna legislativa, donde debieran hacer sentir su voz.
 
Muy grave resulta el hecho de pensar que éstos nos representan, porque hacen todo menos pensar en sus conciudadanos.
 
Se quejaban de González Noroña, a quien han calificado de todo, pero que es igual a los demás, con la diferencia de que nunca se queda callado y no simula lo que no siente, si es que lo hace, porque en ocasiones sus actitudes nos hacen dudar de la existencia de inteligencia en la persona que se ha convertido en un bufón legislativo, en un payaso completo, en todo, menos diputado.
 
Tienen de su salario, si es que lo tocan, para pagar las enormes mantas que exhibieron a México y el mundo inconformándose unos de otros y así, todos, contra un sistema político que si bien es cierto que está sucio, ha sido por causa de la complacencia de la máxima representación popular mexicana.
 
Siempre circulando en los medios como los más congruentes –“modositos”-, los miembros de la bancada de Acción Nacional han dejado una imagen deplorable en los que votamos, y hasta ganas nos dan de no volverlo a hacer.
 
Qué bueno, sinceramente, que se aprueben las candidaturas ciudadanas, para no tener que supeditarse a la ambición, criterio y falta de madurez de los partidos políticos existentes en el país, porque nos han llevado a padecer una política que deciden tres o cuatro grupos, ahora amafiados en coaliciones que nada tienen que ver consigo mismas, a excepción de buscar el poder por el poder, no para servir.
 
Deben existir leyes que castiguen a estos individuos que son los encargados de marcar la pauta legislativa en el país, porque de otra forma, estaremos condenados a ver todos los días el mismo circo de siempre, aunque con distintos actores.
 
Sinceramente, como mexicanos nos decepcionan los integrantes de la Legislatura federal, y encontramos con que en nuestro estado, si bien es cierto que hay voces que chocan por su ideología y demás, son mucho más civilizados que aquellos que cobran muchos miles al mes por fingir ser representantes populares.
 
Aquí, cabe el chascarrillo de mal gusto en el que el padre de Juanito le reclama el por qué le dijo a la maestra que tocaba la tambora en un antro de mala muerte, a lo que el niño contestó: “¡huy, papá! ¿A poco crees que les iba a decir que eras diputado federal? ¡Qué pena!
 
Esa es la realidad. Menos mantas, más trabajo legislativo, más debate, que para eso los elegimos, no para ridiculizar la máxima tribuna del país, por favor.
 
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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