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Sección: Editoriales / Juego de ojos
Embargo y bloqueo
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
28/04/2011 | Actualizada a las 18:17h
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Estoy
cierto de que la mayoría de jóvenes estadounidenses no saben a qué se debe el
embargo comercial, económico y financiero que su país tiene impuesto a la isla
de Cuba desde octubre de 1960. Recientemente tuve a un grupo de alumnos de la
más prestigiada universidad neoyorquina, chicos y chicas veinteañeros de la
carrera de comunicación que tenían pobrísima información del asunto. Al
contrario, los jóvenes cubanos seguramente lo saben porque cotidianamente
padecen carencias derivadas de tal embargo, que popularmente se conoce como bloqueo.
La
enemistad que se produjo entre Estados Unidos y Cuba raíz de las expropiaciones
de bienes y empresas que llevó a cabo la isla cuando triunfó la Revolución se
convirtió dentro del escenario internacional en una especie de rivalidad caribeña
entre los Capuleto y los Montesco: ya muchos no se recuerdan bien a bien qué le
dio origen, pero la sangre les hierve por el antagonismo que se fue
construyendo a lo largo de los años.
La
última agresión militar directa de Estados Unidos a la isla fue la invasión de
Bahía de Cochinos en abril de 1961 y resultó un fracaso. Hubo otros intentos
que se cancelaron definitivamente en 1962 con el acuerdo Kennedy-Kruschev para
evitar más ataques a Cuba. El enfrentamiento persistió, azuzado por la política
de Washington y las escaramuzas verbales del discurso rudo que mantuvo Fidel
Castro hacia la política internacional de Estados Unidos durante su larga
presidencia.
A
fines del pasado mes de marzo, el embargo volvió a las noticias porque el ex
presidente Jimmy Carter realizó una visita de tres días a Cuba, durante la cual
se reunió en dos ocasiones con el presidente Raúl Castro y una con su hermano
Fidel. Carter solicitó al gobierno de Estados Unidos poner fin al embargo
comercial contra la isla, que ya dura 50 años y es, con ello, el más largo de
la historia. Al mismo tiempo reclamó al gobierno cubano la liberación del
contratista estadounidense Alan Gross, condenado a 15 años de prisión y acusado
de realizar acciones mediáticas subversivas por la instalación de apoyos
tecnológicos y de acceso a internet a grupos de oposición.
La
presencia de Carter en Cuba se explica por la labor que ha desarrollado a favor
de los derechos humanos y su trabajo como mediador en conflictos
internacionales que le valió el Premio Nobel de la Paz en 2002. A la luz de los
escasísimos avances, e incluso retrocesos, que ha habido en la relación
Cuba-Estados Unidos en los treinta años transcurridos desde que Jimmy Carter
dejara la presidencia de su país, más que la labor ex presidencial de este
personaje se deben revalorar algunas de sus acciones como mandatario del país
más poderoso del planeta.
En
relación con Cuba, en 1979 Carter tomó la decisión de no renovar las
restricciones para viajar a la isla y amplió la cantidad de dinero que los
ciudadanos estadounidenses podían gastar en ella, lo cual representó un
importante acercamiento al restablecimiento de la relación entre ambos países.
Esta distensión en la relación bilateral sólo duró hasta el término de la
presidencia de Carter, pues su sucesor, el llorado “American Idol” Ronald
Reagan velozmente restituyó las restricciones. Después, durante la presidencia
de George Bush, el embargo se recrudeció con la promulgación de la Ley
Helms-Burton en 1992, que prohíbe a los ciudadanos estadounidenses realizar
transacciones empresariales con Cuba. En 1999, durante la presidencia del
demócrata Bill Clinton, la ley extendió la prohibición a filiales estadounidenses
ubicadas en otros países.
La acción diplomática de Carter bien
podría ser interpretada como una estrategia para salvar a un conciudadano a
quien se le aplicó una pena muy dura, que dado el amplio espectro de usos que
pueden tener las redes sociales, podría considerarse sumamente injusta, pues en
ellas se pueden intercambiar desde recetas para preparar un mojito hasta
información sobre formas eficientes de acción política contra un régimen. Es
decir, el acceso a la red no determina los objetivos. Sin embargo, la visita de
Carter a la isla es una ayuda de memoria no sólo de la buena voluntad para
levantar el embargo que tuvo hace más de treinta años, sino su compromiso
permanente con los derechos humanos.
Cuando Jimmy Carter asumió la
gubernatura de Georgia, en su discurso inaugural señaló el fin de la
segregación racial en el estado. En ese entonces, estaban todavía vivas en el
recuerdo las luchas por los derechos civiles. Conviene señalar que el tránsito
del reconocimiento oficial al reconocimiento social de la igualdad de derechos
es un proceso tortuoso y empedrado de inquina por parte de quienes se resisten
a perder espacios privilegiados. Carter destacó por su respeto a los derechos
de los afroamericanos en un estado sureño que muy poco antes había sido escenario
de terribles manifestaciones de segregación. No recuerdo bien, pero me parece
que fue en aquel gobierno cuando se reivindicó la canción “Georgia on My Mind” del
gran Ray Charles y se la declaró himno oficial del estado.
En otro tema de los derechos
civiles, Carter hizo pública su postura personal en contra del aborto, pero
apoyó su legalización, cuando así lo determinó la Corte Suprema de Estados
Unidos en 1973. Como presidente, también se pronunció a favor de los derechos
de los homosexuales. Específicamente se opuso a la Iniciativa Briggs, propuesta
por el legislador John Briggs del Condado de Orange, que pretendía impedir el
ejercicio magisterial a homosexuales y lesbianas.
Son legendarias también las
habilidades diplomáticas conciliatorias de Carter: uno de los actos más
significativos de política exterior durante su presidencia fueron los Acuerdos
de Camp David, en los que logró fijar puntos comunes entre Egipto e Israel,
firmados por el presidente egipcio Anwar Sadat y el primer ministro israelí
Menájem Beguin.
Toda una tradición de
respaldo a los derechos civiles y de apoyo a una política internacional de
respeto y paz acompañaron a Carter en su visita a Cuba. Falta conocer hasta qué
punto está comprometida la administración Obama con la estrategia llevada por
Carter al país caribeño para rescatar a un ciudadano estadounidense. Hace un año
el Presidente estadounidense refrendó el bloqueo hasta septiembre de 2011,
aunque flexibilizó los viajes y remesas. Quizá fue sólo una estrategia para no
abrir frentes de conflicto adicionales a los que ha alimentado la ferocidad con
que han sido criticadas algunas decisiones de política interior como el
programa de salud. El caso Gross puede abrir la coyuntura para que Estados
Unidos se reivindique ante el mundo y levante el embargo, en un acto de
justicia que hoy adquiere tintes de hazaña debido a la polarización de opiniones
que existe al respecto.
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