Por: Javier Rosales Ortiz24/04/2011 | Actualizada a las 19:13h
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No se puede comparar por la dimensión, por el
tamaño, ni tampoco por la diferencia de costumbres, del carácter y la variada calidez
de sus habitantes. Cuando en 1977 llegue al Distrito Federal
solo y con algunos pesos en el bolsillo estaba hambriento de que alguien me
tendiera la mano, que me orientara y que me colocara bien la carrillera para poder
defenderme en ese enorme monstruo que ya tenía a la vista. Eso lo hizo mi tío Alejandro, pero con sus
constantes viajes me dejo desnudo, inerme, sin palabras para entender que el
lenguaje entre los capitalinos y los provincianos es muy distinto, totalmente
distinto. Era,la del D,F., una vida dura porque se tiene que caminar con cuidado para
no pisar a los viborones que iban cruzaban y para que no asestaran una mordida
letal que duele y que provoca la caída. Igual que Alejandro un grupo de victorenses
que radicaban en la capital del país se ganaron mi corazón, como lo fueron
Carlos Flores Rico y Prudencio Luis Aguilar, entre otros, porque recibí de
ellos protección y cariño, pero como lo obliga la vida cada uno siguió su
camino y otra vez me quede solo y con la carrillera sin parque. Soporté y logre mi objetivo de cursar una
carrera profesional, hasta que a finales de los ochenta decidí regresar a
Ciudad Victoria, donde en un rotativo me estrene como reportero porque nunca
había pisado un periódico, en razón de que mis anteriores trabajos estuvieron
ligados con los medios electrónicos y con el área de noticias internacionales. Allá de Tamaulipas sabía poco o casi nada,
porque mi atención la ocupaba la guerrilla en Centroamérica y las crueles
masacres en los países del medio oriente, por eso las tiras de información se
deslizaban por el fax como las tortillas por una máquina. Aquí, al poco tiempo, recibí una llamada
telefónica en la redacción y era él, el
odontólogo Felipe Garza Narváez, cuyo
nombre y apellido no me decían nada y quien en ese entonces fungía como
Coordinador de Prensa del PRI estatal. Acordamos una cita en su oficina y al
arribar me recibió amable un hombre bajito, de pelo cano y muy conversador que
de inmediato me inspiro confianza, porque me oriento sobre el tema que más
importaba en Tamaulipas y que es la política y sus actores en aquel entonces. Las pláticas entre ambos se convirtieron en
frecuentes y a su paso por el servicio público y por diversos puestos políticos
esa amistad se fue multiplicando, porque Felipe siempre aceptó el papel de
consejero al que lo elevé, en razón de que entender al dedillo lo que es la grilla en
Tamaulipas, tampoco es sencillo. Es, Felipe, un hombre afable y conciliador,
pero también muy generoso y gracias a él y a otros que son amigos les debo la
vida de mi madre quien venció una penosa enfermedad con base a su apoyo y sus
muestras de preocupación cuando figuró como Secretario Particular de Eugenio
Hernández Flores. El, nunca olvida el cumpleaños de un amigo,
ni tampoco se oculta cuando sabe que a algunos de ellos los lastima una
desgracia, siempre está allí apretando su mano. Y su nombre fue motivo de conversación en
una charla entre periodistas que hablaron de los pros y de los contras del
hecho de que ahora despache como Sub secretario General de Gobierno en
Tamaulipas. De los pros, coincidimos en que es la carta
ideal para ese puesto porque se pueden contar con los dedos de una mano el
número de periodistas que hablan mal de él. Eso, es una gran ventaja en estos momentos
en que Tamaulipas cruza por una difícil etapa y en los que una rara
comunicación autoridad-prensa provoca que se desproporcionen loshechos y que se maquille al estado con un
rostro más grotesco. Es a Felipe a quien le corresponde parte
del manejo de la política interior del Gobierno de Tamaulipas, por eso con su
habilidad, con su experiencia y con su don de persona se prevé que poco a poco
se vaya cobrando la confianza hacia las autoridades y la tranquilidad que todos
pedimos a gritos. Y es que no se trata de ocultar lo que no
se puede, pero si se debe evitar que la confusión se convierta en la reina de todos
los sobresaltos. Porque Tamaulipas no se debe escurrir. Como el agua entre los dedos. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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