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Sección: Editoriales / Entre Nos

Tolerancia hacia los demás

Por: Carlos Santamaría Ochoa

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17/04/2011 | Actualizada a las 16:40h
Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.

Es natural pensar que este concepto –tolerancia- no es algo que gente dedicada a servir a los demás lo tenga muy bien memorizado y menos que lo lleve a la práctica: la tolerancia se convierte en algo difícil de manejar cuando se tienen pocas habilidades de comunicación.
 
Recordamos aquel tiempo en el que pensábamos que todos los que no estaban con Chivas del Guadalajara estaban mal, o que los que pensaban distinto a nosotros en cosas de política eran malos, corruptos o nefastos. Nada hay de cierto en lo anterior, y es menester entender que todos tenemos diferencias, opiniones, conceptos que llevamos a la vida diaria, y no por ser distintos a los de otros es que estemos mal nosotros o ellos.
 
Hoy en día se ha puesto de moda un término desconocido para algunos de nosotros: el “Bullyng” que a decir de expertos en el comportamiento humano no es más que el hecho de aprovecharse de los demás o dejar que aprovechen de uno mismo.
 
Recordar es bueno, aunque a veces duela un poco: aquellos años en primaria o secundaria, preparatoria e inclusive en la universidad, siempre había gente que gustaba de abusar y otros, pareciera que disfrutaban el ser abusado, porque no ponían un “hasta aquí” que hiciera las cosas viables y sobre todo, que se pudiera vivir con tranquilidad.
 
Una y mil veces alguna persona se constituía en “líder” del grupo, por sus padres o posición social, por su dinero o por su fuerza física, que no era similar a la intelectual: alguien que se precia de ser inteligente no hace las estupideces de3 los que se sienten superiores porque golpean más fuerte.
 
Sin embargo, esta clase de personas transitaron por esas instituciones con mucha suerte, dado que hasta los profesores les entregaron consideraciones que se presentaban en detrimento de los más débiles.
 
Recordamos aquel pasaje vivido con un pseudo líder que acabó sin algunas piezas dentales cuando la gente se cansó, cuando alguien le dijo que ya no se podía abusar de los demás.
 
Eso es el bullyng, y ha existido toda la vida, solamente que no se renombraba a las cosas de la forma en que hoy se hace, y se enfrentaba de una forma más natural.
 
Hoy por hoy, queremos encontrar motivos para justificar conductas y formas de expresión, y también queremos que se nombre en forma distinta a estas acciones, propiciando desarrollar “técnicas” que puedan ayudarnos a enfrentar a los abusivos, que no es más que ello.
 
El bullyng se presenta con mayor frecuencia en secundarias y preparatorias porque es la etapa de la vida en que tenemos que enfrentar muchas circunstancias especiales, y nuestro carácter se moldea de una manera distinta a la infancia: es cuando realmente conocemos el valor de las personas y comenzamos a apreciar lo que unos hacen por nosotros, o lo que hacen contra nosotros mismos.
 
Abundan las quejas en las escuelas y se pretende encapsular a muchos jóvenes en esta acción, pero no podemos dejar de reconocer que son actitudes que nacen, como todo lo que se joroba en la vida, dentro del seno familiar: abundamos las personas que decimos a nuestros hijos que deben “darse a respetar” de cualquier manera y les propiciamos el que sean abusivos, o que se conviertan en unos auténticos “pijos”, presumiendo de su automóvil, su dinero, su celular o su Ipad; les hacemos ver que lo que vale en la vida es el dinero, las cosas materiales, y entonces, creamos esos monstruos sociales que tanto afectan la convivencia y abundan en todas partes.
 
Los prepotentes, los abusivos, los que aprovechando su corpulencia y obesidad manifiesta piensan que el músculo es más importante que el cerebro, o los que sienten que por ser familiares de tal o cual personaje público –político, actor, servidor público o famoso en general- son algo especial.
 
Se olvidan que todos somos seres humanos con valores y defectos, que todos tenemos algo que aportar a la sociedad y nadie tiene el derecho de sentir que es algo especial y que los demás tienen que rendirle.
 
No está bien pensar que por el hecho de manejar un automóvil oficial o por circular con guardaespaldas somos más importantes. No, así no es la cosa.
Tampoco se trata de vestir uniformemente para sentirnos parte de esa “clase especial”; no tenemos por qué perder nuestra identidad y nadie tiene que cambiarnos los gustos por el tipo de ropa o el color a utilizar.
 
Eso es parte del fenómeno que ataca a nuestros hijos: el bullyng, que avanza en forma alarmante, por causa de que nunca les enseñamos que los puestos son pasajeros, que el dinero no es todo en la vida, o que las “influencias” no son positivas para nadie.
 
Tenemos que actuar antes de que se conviertan en auténticos “juniors”, tan nefastos como nada. No confundamos con ser hijo de familia económicamente pudiente con un “junior”, porque el primero vive bien, y el segundo, aparte de vivir bien, es abusivo, presumido, prepotente, y seguramente, si no ha tenido la orientación adecuada, puede terminar en una celda o formando parte de un grupo de delincuentes, porque lo ha ensayado cuando practica lo que hoy llamamos “bullyng”, que no es más que la antesala de los pandilleros sin escrupulos.
  Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

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