El Anzuelo...
No es problema estar jodido, el problema es que se note
por El Fisgón
Por: Carlos Santamaría Ochoa
Es
natural pensar que este concepto –tolerancia- no es algo que gente dedicada a
servir a los demás lo tenga muy bien memorizado y menos que lo lleve a la práctica:
la tolerancia se convierte en algo difícil de manejar cuando se tienen pocas
habilidades de comunicación.
Recordamos
aquel tiempo en el que pensábamos que todos los que no estaban con Chivas del
Guadalajara estaban mal, o que los que pensaban distinto a nosotros en cosas de
política eran malos, corruptos o nefastos. Nada hay de cierto en lo anterior, y
es menester entender que todos tenemos diferencias, opiniones, conceptos que
llevamos a la vida diaria, y no por ser distintos a los de otros es que estemos
mal nosotros o ellos.
Hoy
en día se ha puesto de moda un término desconocido para algunos de nosotros: el
“Bullyng” que a decir de expertos en el comportamiento humano no es más que el
hecho de aprovecharse de los demás o dejar que aprovechen de uno mismo.
Recordar
es bueno, aunque a veces duela un poco: aquellos años en primaria o secundaria,
preparatoria e inclusive en la universidad, siempre había gente que gustaba de
abusar y otros, pareciera que disfrutaban el ser abusado, porque no ponían un
“hasta aquí” que hiciera las cosas viables y sobre todo, que se pudiera vivir
con tranquilidad.
Una
y mil veces alguna persona se constituía en “líder” del grupo, por sus padres o
posición social, por su dinero o por su fuerza física, que no era similar a la
intelectual: alguien que se precia de ser inteligente no hace las estupideces
de3 los que se sienten superiores porque golpean más fuerte.
Sin
embargo, esta clase de personas transitaron por esas instituciones con mucha
suerte, dado que hasta los profesores les entregaron consideraciones que se
presentaban en detrimento de los más débiles.
Recordamos
aquel pasaje vivido con un pseudo líder que acabó sin algunas piezas dentales
cuando la gente se cansó, cuando alguien le dijo que ya no se podía abusar de
los demás.
Eso
es el bullyng, y ha existido toda la vida, solamente que no se renombraba a las
cosas de la forma en que hoy se hace, y se enfrentaba de una forma más natural.
Hoy
por hoy, queremos encontrar motivos para justificar conductas y formas de expresión,
y también queremos que se nombre en forma distinta a estas acciones,
propiciando desarrollar “técnicas” que puedan ayudarnos a enfrentar a los
abusivos, que no es más que ello.
El
bullyng se presenta con mayor frecuencia en secundarias y preparatorias porque
es la etapa de la vida en que tenemos que enfrentar muchas circunstancias
especiales, y nuestro carácter se moldea de una manera distinta a la infancia:
es cuando realmente conocemos el valor de las personas y comenzamos a apreciar
lo que unos hacen por nosotros, o lo que hacen contra nosotros mismos.
Abundan
las quejas en las escuelas y se pretende encapsular a muchos jóvenes en esta
acción, pero no podemos dejar de reconocer que son actitudes que nacen, como
todo lo que se joroba en la vida, dentro del seno familiar: abundamos las
personas que decimos a nuestros hijos que deben “darse a respetar” de cualquier
manera y les propiciamos el que sean abusivos, o que se conviertan en unos
auténticos “pijos”, presumiendo de su automóvil, su dinero, su celular o su
Ipad; les hacemos ver que lo que vale en la vida es el dinero, las cosas
materiales, y entonces, creamos esos monstruos sociales que tanto afectan la
convivencia y abundan en todas partes.
Los
prepotentes, los abusivos, los que aprovechando su corpulencia y obesidad
manifiesta piensan que el músculo es más importante que el cerebro, o los que
sienten que por ser familiares de tal o cual personaje público –político,
actor, servidor público o famoso en general- son algo especial.
Se
olvidan que todos somos seres humanos con valores y defectos, que todos tenemos
algo que aportar a la sociedad y nadie tiene el derecho de sentir que es algo
especial y que los demás tienen que rendirle.
No
está bien pensar que por el hecho de manejar un automóvil oficial o por
circular con guardaespaldas somos más importantes. No, así no es la cosa.
Tampoco
se trata de vestir uniformemente para sentirnos parte de esa “clase especial”;
no tenemos por qué perder nuestra identidad y nadie tiene que cambiarnos los
gustos por el tipo de ropa o el color a utilizar.
Eso
es parte del fenómeno que ataca a nuestros hijos: el bullyng, que avanza en
forma alarmante, por causa de que nunca les enseñamos que los puestos son
pasajeros, que el dinero no es todo en la vida, o que las “influencias” no son
positivas para nadie.
Tenemos
que actuar antes de que se conviertan en auténticos “juniors”, tan nefastos
como nada. No confundamos con ser hijo de familia económicamente pudiente con
un “junior”, porque el primero vive bien, y el segundo, aparte de vivir bien,
es abusivo, presumido, prepotente, y seguramente, si no ha tenido la
orientación adecuada, puede terminar en una celda o formando parte de un grupo
de delincuentes, porque lo ha ensayado cuando practica lo que hoy llamamos
“bullyng”, que no es más que la antesala de los pandilleros sin escrupulos.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
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