Por: Carlos Santamaría Ochoa15/04/2011 | Actualizada a las 16:37h
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Según la CONAPRED, que no es más que el Consejo Nacional
para prevenir la Discriminación, ésta –la discriminación, “es una práctica
cotidiana que consiste en dar un trato desfavorable o de desprecio inmerecido a
determinada persona o grupo, que a veces no percibimos, pero que en algún
momento la hemos causado o recibido”. En su página web agrega esta descripción a una práctica
que una gran mayoría asumimos; muchos lo hacemos sin darnos cuenta, pero
finalmente, el resultado es el mismo: discriminamos a grupos por género,
preferencias sexuales, religión, política, e inclusive, por simpatías
deportivas. Hay quienes piensan que los de un equipo de cierto
deporte, por ser fanáticos del mismo, están “mal de la cabeza”, son locos o
algo similar, y les hacemos blanco de malas bromas, de comentarios que los
marginan de una convivencia igualitaria. En el caso de la equidad de género, encontramos aún
muchas cosas que podrían resultad de interés. Según el documento último que
publica la CONAPRED, y que, por cierto, no se puede abrir en la Internet,
manejan algunos datos que horrorizan y muestran lo difíciles que somos. 44.9 por ciento de las mujeres encuestadas pide permiso a
su pareja para salir de noche, 7.7 por ciento, lo hace para votar, es decir, si
su pareja determina que no habrán de hacerlo, lo asumen con disciplina que raya
en la sumisión, actitud que nunca será bien vista por una persona que se precie
de ser inteligente. En el caso de personas que tienen preferencias sexuales
distintas a las acostumbradas por la gran mayoría, el 43.7 por ciento aseguró
que nunca aceptaría vivir con un homosexual, y el 44.1 por ciento no lo haría
con una lesbiana; 35 por ciento de los encuestados aseguran que sus actitudes
tienen que ver totalmente con su ideología religiosa, lo que nos dice que según
costumbres de la Iglesia, la gente que tiene otra preferencia es rechazada,
curiosamente, por quienes consideran que escuchan la “voz de Dios” o de los
encargados del culto religioso que olvidan aquella frase que decían los abuelos
de que “todos somos iguales a los ojos de Dios”. Nada más desigual en el mundo. ¿Cuál es la idea de discriminar, de no manejarse con
equidad? Muchas damas aseguran estar en contra del machismo -lo
cual consideramos más que adecuado, pero tampoco es bueno estar a favor de un
feminismo recalcitrante: los varones y las mujeres somos exactamente iguales en
derechos, obligaciones y en ser o no aceptados como seres vivos. A personas con rasgos indígenas les hacemos menos casi
todos y los tratamos mal; actitudes de esta naturaleza hacen la gran diferencia
entre unos y otros: casos similares vivimos quienes somos latinoamericanos en
la mal llamada “madre patria”, porque muchos piensan aún que somos inferiores,
olvidando la grandeza que encontraron sus ancestros cuando las civilizaciones
mayas, olmecas, toltecas, huastecas y demás estaban en su apogeo. Algunas damas piensan que equidad es otorgar privilegios
a la mujer olvidado que ellas también deben centrarse en una actitud
igualitaria, y luego de exigir ser tomadas en cuenta como personas iguales,
asumen una actitud poco congruente, exigiendo también que se les dispensen
trámites o filas por ser damas. O se es una cosa o la otra, pensamos. Es necesario tomar conciencia de la importancia que tiene
el concepto de equidad, porque cuando discriminamos por alguna circunstancia
específica, estamos fallando a nuestros principios humanos básicos; de la misma
manera, no podemos hablar de un país donde se vive con equidad y sin
discriminación cuando hay grupos privilegiados que pueden hacer lo que les
venga en gana. Transitar por las calles, trabajar o participar en
cualquier actividad tiene que ver también con un sentido de equidad: la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos tiene en su título
primero un apartado muy valioso que habla de las garantías individuales, sin
embargo, no todos tenemos acceso a éstas. Un ejemplo simple lo vivimos quienes cruzamos más de tres
décadas de existencia y somos objeto de discriminación laboral: ya no nos ven
útiles y nos desechan, sin recordar que tenemos familia e hijos que mantener.
Es un acto puro de discriminación, sin embargo, si usted se queja, simplemente
le aseguran que no reúne el perfil, que no cuenta con la experiencia necesaria
o simplemente, que el puesto ya está ocupado, y entonces, hágale como pueda. No es quejándonos cómo vamos a solucionar los conflictos,
no es haciendo rabietas a diario, sino tratando de motivar a esos
discriminadores para que entiendan que somos todos iguales en cuando a derechos
y obligaciones, no dejarnos llevar por una idea política, religiosa, deportiva,
social o de otra índole. La calidad de la persona no la otorga el grueso de su
chequera, sino su capacidad para enfrentar los retos cotidianos, buscar una
buena solución y hacer de su vida un ejemplo de existencia para los demás. Porque entonces manejaremos la definición individualista
de equidad que podría decir, palabras más, palabras menos: “es la conducta que
debemos tomar para exigir que nos respeten como personas, pero que a la vez,
los demás entiendan que no tenemos por qué respetar sus ideas, formas de vida, apariencia
o preferencias”. Eso es contra lo que debemos luchar, sin duda alguna. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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