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Sección: Editoriales / Entre Nos

La mala educación

Por: Carlos Santamaría Ochoa 11/04/2011 | Actualizada a las 15:35h
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Hemos comentado infinidad de ocasiones que a veces la gente que rodea a los servidores públicos tienen la especial tarea de hacerlos “insoportables”, “déspotas”, “groseros” y otros calificativos que asumimos que tienen, en relación al trato que nos prodigan. No es la excepción en ninguna administración y ningún tiempo: los groseros han existido por siempre, y también los que piensan que por el hecho de haber ingresado a la nómina oficial ya son intocables, que tienen el derecho de tratar con la punta del pie a los ciudadanos.
 
Si a los que tenemos alguna posición nos tratan mal, habrá que ver lo que hacen con la gente que acude de alguna comunidad rural a tratar de atender algún asunto, y aplica a todas las áreas.
 
Hace años, en las afueras del Hospital Infantil de Tamaulipas a la gente se le ninguneaba sin miramientos, y los pobres, con la angustia de su pequeño enfermo y la falta de preparación o posición económica, tenían que aguantar los malos tratos de servidores públicos de cuarto o quinto nivel, que generalmente son los que echan a perder la buena voluntad de un político.
 
Las recepcionistas o secretarias de un “jefe” piensan que tienen derecho a elegir qué llamadas pasar, qué audiencia gestionar e inclusive, qué oficio tramitar. Aclaremos, no todas son así, porque hay gente que por su valía no merecería estar ahí sino en una dirección, subsecretaría o inclusive, una secretaría, Nora López Tijerina es el claro ejemplo de quien sabe servir con el corazón y piensa que el trabajo es una bendición que hay que cuidar sirviendo, siempre sirviendo.
 
Lo contario con quienes se escudan en el anonimato y en base a éste ningunean, ofenden y se dan el lujo de hacernos esperar hasta quince o veinte minutos en el teléfono, o simplemente, cuando no tienen ganas de contestar por estar ocupadas con su página de Facebook o un mensaje SMS de su celular, levantan el auricular y lo cuelgan cuantas veces se presente el caso.
 
Y la grosería tiene nombre, aunque no apellido: en el tercer piso, donde la política del mandatario tamaulipeco es servir, donde se ha empeñado por atender las demandas ciudadanas y responder a la confianza depositada por los tamaulipecos, existe alguien que echa a perder su trabajo constantemente. Gaby se hace llamar, aunque es probable que se escude en otro nombre, porque finalmente, cuelga y listo, nadie se enteró.
 
No se vale este tipo de actitudes que son copiadas de otros funcionarios, que no se les puede llamar servidores públicos porque no tienen un ápice de sensibilidad para servir. La gente que tiene esas actitudes mancha la intención del gobierno de Tamaulipas y su líder, porque algunos pensarán que todos son igual, desde arriba hasta abajo.
 
Con la firme convicción de conocerle, podemos afirmar que tenemos un buen gobernador, una buena persona encargada de dirigir los destinos de la entidad durante seis años, un hombre que se entrega a su actividad y la abraza como un apostolado. Le gusta servir a los demás y ya dejó constancia cuando ocupó la alcaldía de Victoria. Hoy, como gobernador, ha respondido a su formación familiar, humana y académica, así como política, y se ha entregado a un intenso trabajo en beneficio de 3.5 millones de personas que vivimos en la entidad.
 
Sin embargo, uno se comunica a las oficinas donde “Gaby” contesta y en forma déspota y poco amable atiende a los que tenemos necesidad de algo.
 
Una audiencia, un trámite, un comentario… no importa para esta mujer el ser una persona como todas; seguramente pensará que el hecho de que se le haya invitado a colaborar en una de las áreas más delicadas del gobierno le permite actuar con ineficiencia, falta de formas y educación, con despotismo y hasta palabras inadecuadas. Seguramente tendrá una formación deficiente que refleja en cada una de sus acciones.
 
¿Qué se puede hacer en estos casos?
 
Ganas de ir a la Contraloría a interponer una queja, pero con la idea de que prospere, porque la forma en que se trata al ciudadano es poco cortés, e insistimos, no va acorde a la política que ha surgido de una administración estatal que responde a las necesidades de sus gobernados.
 
No entendemos que alguien no conteste un teléfono o que lo haga inadecuadamente; el hecho de tomar una llamada no nos hace menos, y sí habla bien de los que están en el servicio a los demás a través de un cargo en la administración estatal, por pequeño que éste pueda ser.
 
Un buen gobernante se mide por dos parámetros: su forma de manejar las cosas, su capacidad de gestión y decisión, y también por la manera en que sus subalternos se conducen.
 
Seguramente a más de uno de nosotros nos ha pasado que nos entrevistamos con el mandatario en la calle y le pedimos una audiencia; amablemente accede y nos pide llevar a cabo los pasos institucionales. Pasan semanas… meses… y la audiencia no llega porque no se ha enterado que hemos ido a buscarle.
 
Sucede en la administración federal, estatal, municipal, universitaria… en toda administración pública.
 
Es aquí donde debiéramos aprender de la iniciativa privada: por qué tienen éxito, cómo tratan a los demás.
 
Quizá si se nos pegara algo así seríamos más sensibles.
 
Tenemos un muy buen gobernador, una persona humana y sensible, no echemos a perder su labor con actitudes que no ayudan en nada, por favor, que no merece ese tipo de colaboradores.
 
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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