Una noticia aparecida en diarios locales nos llamó la atención, en el sentido de que pensamos que los encargados de procurar justicia estaban siendo tibios...
Por: Carlos Santamaría Ochoa12/02/2010 | Actualizada a las 16:18h
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Una noticia aparecida en
diarios locales nos llamó la atención, en el sentido de que pensamos que los
encargados de procurar justicia estaban siendo tibios en materia de
cumplimiento de la ley.
Resulta que se refería
a los conocidos como autos “chocolates”, que no son más que aquellos cuyo
ingreso al país ha sido al margen de la ley, es decir, dentro de toda la
ilegalidad habida y por haber. Y el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación gira en el sentido de que no se permitirá la retención de unidades
cuando se trate de verificar su estancia en el país.
Nada hay más ilógico
que legislar sobre ilegalidad, desde nuestro punto de vista. Los automóviles de
procedencia extranjera que no tienen permiso para internarse, son simplemente
ILEGALES, y la palabra implica que se actúa fuera del marco legal constituido
en el país.
No somos de la idea
de que se permita el tránsito, ni de autos con placas americanas, sin permisos
de importación, como tampoco de aquellos que circulan con placas vencidas y
tienen adeudos fiscales pendientes. Tan ilegal es uno como otro, y no se vale
que haya “manga ancha” en este sentido, cuando a otros nos exigen el
cumplimiento estricto de la ley.
El gobierno mexicano
actúa en forma por demás incongruente, sin lugar a dudas: por un lado, se exige
a un antro que cumpla con todo lo que la ley exige por el solo hecho de que fue
baleado un jugador de fútbol, y por el otro, existen mil y un centros de
convivencia nocturna que no cumplen con la ley.
En materia de autos,
estamos igual: los carros deben pagar derechos vehiculares que, justos o no,
están contemplados en la ley, y se debe actuar en consecuencia cuando alguien
hace caso omiso a los señalamientos.
Un carro “chocolate”
es ilegal por donde quiera que se le vea, y miente el gobierno cuando dice que
es un mal que requiere la sociedad; no es posible permitir a la gente que
conduzca automóviles fuera de la ley, argumentando que la situación económica
de las familias no permite que estemos al corriente. No es una decisión
correcta, porque entonces, todos podríamos evadir el pago de obligaciones
fiscales porque no podemos –o no queremos- hacerlo, porque no nos alcanza.
Es sencillo, y
sonará muy fuerte, pero quien no tenga para pagar sus impuestos vehiculares,
que no compre un automóvil.
Es ilógico, por
ejemplo, ver en la calle automóviles de marcas de lujo, modelos súper lujosos
que transitan con permisos provisionales y no pagan nunca ni placas ni
tenencia.
Hay que imaginar que
alguien que puede gastar más de 200 mil pesos en un vehículo debe tener para
pagar sus impuestos, si no, que se compre un automóvil modesto, compacto y
listo, arreglado el problema.
Pero de ahí a que no
se permita detener a un ilegal, no estamos de acuerdo.
Insistimos en el
hecho de que el automóvil que circula sin permisos oficiales está haciéndolo al
margen de la ley, y como tal, debe haber una multa o una consecuencia.
Porque si aplicamos
la misma lógica, el que no pague el impuesto predial porque no puede –no
quiere- no debe ser tampoco castigado.
Sabemos, y las
estadísticas están en Tránsito, que muchos carros sin placas o de procedencia
dudosa participan en accidentes, y al no tener identidad del dueño porque se
carece de papeles legales, no se sabe a quién aplicar la responsabilidad.
También hay quien
considera que la permisividad aplicada a los conductores de este tipo de carros
se debe a un temor de que epoda reflejarse en votos el descontento. Nada haría
más feliz al ciudadano que trabaja y paga impuestos que el ver que todos
cumplimos con lo que nos ordena la ley.
Cierto, las
políticas fiscales a nadie nos tienen contentos, pero en tanto la Cámara de
Diputados o el Senado de la República no deroguen esas leyes, tendremos que
cumplirlas, nos guste o no.
Hablamos de una
nación que urge de medidas para aplicar la legalidad, y una muestra se presentó
en Ciudad Juárez, donde se exigió al presidente Calderón aplicar la ley, vivir
bien, con apego a las leyes que existen.
Apliquemos este
criterio a todo lo que nos rodea, y dejemos que los encargados de hacer cumplir
la ley aduanera hagan su trabajo. Que lleven a los corralones a los vehículos
que no cumplen con los requisitos necesarios, y a sus propietarios, que se les
aplique el reglamento por introducir contrabando.
Es tiempo de que nos
quitemos de sensaciones de sensibilidad social falsa, y que hagamos todo cuanto
nos sea posible por aplicar lo que se debe aplicar, por castigar al que no
cumpla, pero también sería muy interesante ver que las leyes contemplan
estímulos para los que comenzamos el año cubriendo las obligaciones fiscales
para con nuestros vehículos.
Insistimos, no
estamos de acuerdo en las cargas fiscales, pero en tanto no se cambien, hay que
cumplirlas sin distingos de ninguna especie, así de claro.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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