|
Sección: Editoriales / Juego de ojos
De negros y negritudes
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
08/04/2011 | Actualizada a las 17:31h
|
La Nota se ha leído 1719 Veces
Tomen
nota primos del norte: Barack Obama no
es el primer presidente mulato del Nuevo Mundo. Este honor corresponde a
Vicente Guerrero quien hace 182 años subió a la Primera Magistratura de México.
Esta cápsula histórica me sirve para recordar que contrariamente a lo que las
ideologías dominantes han impuesto, el verdadero territorio negro de las
Américas comienza al sur del Río bravo.
El 20 de agosto de 1619 un barco holandés atracó en Jamestown, primera
población inglesa en lo que hoy es Estados Unidos, con un cargamento de 20
esclavos negros que fueron rematados entre los piadosos colonos fundadores. En
los siguientes decenios, once millones 200 mil seres humanos originarios del
continente que Conrad llamó negro llegaron
al Nuevo Mundo en el brutal tráfico de esclavos operado por católicos
portugueses y españoles y cristianos británicos y holandeses. Pero de esta
cantidad, sólo aproximadamente 450 mil fueron a parar a los mercados de nuestro
vecino del norte.
Los demás, nos recuerda el profesor Henry Louis Gates, Jr., en una apasionante
y estremecedora serie a punto de estrenarse en la televisión pública
estadounidense, se diseminaron en lo que hoy es América Latina. Casi cinco
millones fueron comercializados en Brasil -hoy el segundo país más negro del
mundo después de Nigeria-; a Cuba llegaron 800 mil, el doble que al territorio
de su enemigo histórico. No hay una nación en nuestro continente en donde no
haya un importante grupo de población negra… México en primer lugar, en donde a
todos nuestros problemas y desencantos debemos añadir que la política oficial
de la revolución, la priista, la panista, la perredista, la aliancista y todas
las demás istas, ha sido ignorar
–quizá sea más apropiado decir negar- la
herencia africana de muchos compatriotas.
Una de las investigadoras que colaboraron para la serie titulada Negros en América Latina fue mi querida
amiga de la Universidad Veracruzana Sagrario Cruz (a quien por cierto, después
de ver al lado del profesor Gates, le veo más oriundez del Serengueti que de
Cholula). Cuando ella era estudiante en la UDLA condujo un experimento del que
resultó que más del 80% de los muy hispanos y altivos poblanos tenía -subrayado
mío- sangre negra. Este electrizante
dato fue tratado entre las clases dominantes de la tierra de los camotes a la
manera de aquella aristócrata inglesa quien al escuchar de labios de Darwin que
los hombres eran descendientes del mono, sin perder el ritmo de su abanico
susurró a su vecino: “¡Dios mío… ojalá que el pueblo no se entere!”
Sagrario desde entonces ha estudiado el tema de la negritud en México y es una
de las muy pocas especialistas que tenemos en este terreno. Alguna vez quiso
entrevistar para un trabajo académico a un famoso político del Sotavento a
quien lo africano se le ve a dos leguas. El sujeto, de cuyo nombre no me quiero
acordar, respondió ofendido que él era mexicano, no negro. En otra oportunidad al transportar unos huevos de avestruz comprados
en una granja cerca de Xalapa y pirograbados localmente con motivos africanos
para una exposición montada en Chicago, fue detenida por inspectores de la semarnat que la acusaron de poner en
peligro especies en extinción. ¡Hágame usted el refabrón cavor! (Yo también fui víctima de esta fauna burocrática. Hace unos años, a la
vuelta de un visita a Zambia en donde impartí un ciclo de conferencias, los
inspectores de la misma dependencia me interceptaron en el aeropuerto de la
ciudad de México y quisieron confiscar dos máscaras talladas en madera por
violaciones a la ley de protección de los bosques.)
Este es un ejemplo de lo que el doctor Gates llama la ignorancia de quienes
poco saben del mundo. Según recuerda este académico, en cada una de las
naciones latinoamericanas a las que llegó la ola negra hubo después de 1850
políticas deliberadas para “blanquear” a la sociedad. Por ejemplo Brasil, que
entre 1872 y 1975 recibió casi cinco millones y medio de inmigrantes, favoreció
a grupos caucásicos y limitó a los más prietitos.
¿Cómo se define el color en las diferentes naciones de la zona? Mientras que en
Estados Unidos hay negros y mulatos, Brasil tiene 136 clasificaciones de
negritud, México 16 y Haití 98. Y en tanto en Estados Unidos una gota de sangre
negra “te clasifica oficialmente como negro, en Brasil es como si una gota de
sangre blanca te clasificara como blanco”.
Gates explica que los EUA son el único país con la regla de una gota de sangre
como clasificador racial debido a que durante la época de la esclavitud los
dueños de las plantaciones quisieron asegurar que los hijos nacidos de las
incontables violaciones y abusos que las esclavas sufrían a manos de muy
calvinistas caballeros fueran legalmente considerados esclavos (ajá, economía,
libido e historiografía: se podría armar una nueva carrera en la fcpys con esta curricula). Quizá por
ello sigue causando incomodidad entre los wasp
gringos que el mismísimo pater
patris Thomas Jefferson -autor del segundo párrafo de su declaración de independencia
que reza: “Sostenemos como evidentes
en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales”-
tuviera seis hijos con la esclava Sally Hemings… quien era media hermana de su
difunta esposa. Ésa es igualdad.
Dice Gates que esta serie de televisión fue concebida
para educar no sólo a los estadounidenses y a los europeos, sino a los
latinoamericanos; particularmente en estos tiempos en donde en casi todos los
países hay campañas antirracistas o, como en México y Perú, “movimientos que
reclaman el derecho de ser identificados como negros y que exigen respeto a su
herencia africana”.
Salvo Haití, todos los países latinoamericanos quisieron emblanquecerse en algún momento. Gates observa que al construir y
celebrar las herencias nacionales -incluso en casos como México en donde hace
poco se reconoció constitucionalmente nuestro carácter plurilingüe y
multicultural- de alguna manera la negritud se diluyó. “Descubrí que en estas
sociedades los grupos de la escala inferior son los más oscuros y con los
rasgos africanos más acentuados. En otras palabras, la pobreza se construyó
socialmente en la negritud”.
La serie Africanos en América Latina fue
grabada en Haití, la República Dominicana, Cuba, Brasil, México y Perú.
Restricciones presupuestarias y de tiempo impidieron a los productores visitar
todos los países de la región, así que el profesor Gates hubo de elegir zonas
representativas. Por ejemplo, Brasil, segunda nación negra del mundo y
lusófona; o Haití, país que estuvo en todos los medios del mundo por el
terremoto pero del que tan poco se sabe. “Todas las noches escuchaba a Anderson
Cooper hablar de Haití, pero ni él ni ningún otro periodista se preocuparon por
la historia del país. Se referían al vudú como una superstición lunática y no
como una de las antiguas religiones del mundo. Y nadie mencionó el hecho de que
el país se encuentra en el polo oeste de una isla con otro país, la Dominicana,
con quien ha desarrollado una identidad por oposición: Esaú y Jacob, ying y
yang… una hispanoparlante, católica y blanca –como gusta verse a sí misma-, la
otra africana, negra y vudú”.
O México y Perú. Si La Habana es la ciudad gemela de Miami, dice el
investigador y conductor de la serie, “México es nuestro país gemelo. Nadie piensa
que México y Perú son negros, pero juntos recibieron 700 mil africanos durante
la época de trata de esclavos”. La costa de Acapulco era negra en 1870 y siguen
habiendo importantes comunidades negras en la Costa Chica, lo mismo que en
amplias zonas de Veracruz.
Sagrario Cruz me convidó hace unos años a un carnaval en Coyolillo, comunidad a
tiro de piedra del Lencero, en donde me sentí transportado a Uagadugú. Estuve
conversando con un profesor de la primaria local que era la misma imagen de
Chinua Achebe y los relatos de su pueblo me recordaron aquel pasaje que tomé
del nigeriano: “[Llegaron de otras tierras] y pidieron permiso
para establecerse ahí. En aquellos tiempos había espacio suficiente y los de
Ogidi dieron la bienvenida a los recién llegados, quienes poco después
presentaron una segunda y sorprendente solicitud: que les enseñaran a adorar a
los dioses de Ogidi. ¿Qué había sucedido con sus propios dioses? Los de Ogidi
al principio se asombraron, pero finalmente decidieron que alguien que solicita
en préstamo un dios ajeno debe tener una historia terrible que es mejor no
conocer. Así que presentaron a los recién llegados con dos de las deidades de
Ogidi, Udo y Ogwugwu, con la condición de que los recién llegados no debían
llamarlas así, sino Hijo de Udo, e Hija de Ogwugwu... ¡para evitar cualquier confusión!”
Mientras escuchaba al profesor me imaginé a Juan Diego diciéndole a Zumárraga
que sus antepasados prestaban a la venerable madrecita Tonantzin... con el nuevo
nombre de Guadalupe.
Esa noche, de vuelta en casa, decidí que lo cejijunto, lo prognato y lo craneovoide
no son, como jura mi santa abuela, la herencia que mis blancos ancestros españoles
transportaron a Guanajuato y a Jalisco y que fue contaminada por los indios
prietos (sic), sino en realidad la evidencia de que mis genitores se
corretearon con los de Sagrario en las faldas del Kilimanjaro.
Blacks in Latin America, conducida
por Henry Louis Gates y con la participación de la xalapeña Sagrario
Cruz-Carretero, se estrena en pbs el
19 de abril (para quienes vivan en los yunaited
o tengan televisión por satélite). Hay un avance en la liga: http://www.pbs.org/wnet/black-in-latin-america/featured/preview-black-in-latin-america/172/.
Vale la pena ver esta serie.
|
|
|
Ultimas Columnas del Autor
|