Por: Carlos Santamaría Ochoa06/04/2011 | Actualizada a las 17:41h
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Cuando
tenemos un grupo y elegimos a los que nos representarán, siempre queremos que
nuestra opinión sea escuchada aunque no sea la que prevalezca; también pensamos
que existe todo el derecho de pedir apoyo, orientación o cualquier otra cosa, y
quienes han sido elegidos tienen el deber –obligación, dicen algunos- de
escuchar a sus representados. Igual sucede con la autoridad de todo nivel y
poder.
Algunos ciudadanos se quejan de la tardanza con que son atendidos: en ocasiones
dicen que van una y mil veces, hacen antesalas de horas, y al final les dicen
que no les van a poder atender porque el “licenciado” o el funcionario está muy
ocupado. Pensamos: ¿No están para servirnos y su ocupación primordial es
satisfacer las necesidades ciudadanas?
No concebimos el hecho de ir a una oficina, solicitar una audiencia como si se
tratara de algún personaje divino, y estar por horas en espera, con la
esperanza de que vayamos a ser escuchados… y de repente sale la recepcionista y
nos dice que no nos pueden atender. Cosa de todos los días y de miles de
mexicanos en el país, muchos, pero muchos, en nuestro querido y progresista
estado de Tamaulipas.
Un victorense estaba molesto, a grado de indignación con un ex rector, porque
siendo amigos de la infancia se lo encontró en una ocasión y éste le dijo:
“cuándo vas a verme”, a lo que el ciudadano tomó la palabra y unos días después
fue a visitar a quien fue su compañero de primaria, secundaria y de aventuras.
Una… dos… tres ocasiones y nunca fue atendido, porque el secretario particular,
caracterizado por su prepotencia, nunca quiso pasar la tarjeta. El victorense
en mención hablaba cosas muy malas del rector de ese entonces. Cuando se lo vuelve
a encontrar le reclama por qué no había ido, y el hombre, molesto le dijo que
había ido varias veces pero le dijeron que estaba muy ocupado para atenderlo,
frase típica de los secretarios particulares.
Los que tenemos necesidades o inquietudes queremos ser escuchados y por eso
vamos a la audiencia, porque necesitamos atención u otra cosa, y nos salen con
que están demasiado ocupados para ocuparse de lo que se deben ocupar. No
concebimos a un servidor público que se precie de serlo con esas actitudes, aunque,
desgraciadamente, es pan de todos los días.
Hemos padecido lo anterior: vemos al servidor público, le saludamos y nos
ofrece la mano amiga de siempre, aquella con la que seguramente hizo campaña y
prometió escuchar a sus ciudadanos. Nos dice: “cuando gustes te veo, solo ponte
de acuerdo con mi secretario”.
Acto seguido, y en forma inocente vamos con el secretario que nos da “largas”.
Pasan semanas y meses y no somos atendidos, por lo que por lo general pensamos
que el servidor no quiere hacerlo y que lo que nos dijo eran palabras en el
aire.
Los secretarios, los funcionarios de segundo, tercero o cuarto nivel se quedan
con la idea de que son ellos quienes deciden quienes pueden pasar a audiencia,
y a los otros nos dicen: “el patrón está muy ocupado, no puede atenderte”, o
frases como aquella que un doctor en derecho mencionó cuando era secretario
particular: “el señor gobernador está muy ocupado para atenderte, porque tiene
asuntos importantes qué atender”.
De ese tamaño se las gastan, pensando que nosotros no somos importantes. Es
probable que para ellos y su pequeño, muy pequeño mundo, no existamos, ni
queremos hacerlo, que quede claro, pero cuando queremos ver al mandatario, lo
hacemos con una necesidad sentida y molesta enormemente que nos manden al
diablo porque piensan que el señor está demasiado ocupado como para atender a
un simple y común ciudadano.
No, así no va la cosa.
Deben tener el sentido común necesario para atender las necesidades de la
ciudadanía.
Todos los que llegan al poder en cualquiera de sus poderes o niveles son
producto de una decisión mayoritaria y popular, y por eso, deben tener la
mística de servicio para entender que todos merecemos el mismo trato.
O qué, ¿hay ciudadanos de primera y de segunda?
Resulta indignante saber que existe un servidor, mandatario o funcionario con
capacidades extraordinarias y que la gente habla poco agradable de su persona
porque nunca recibe a nadie, sin saber que en la gran mayoría de las veces la
“negación” es producto de esos personajes que no tuvieron la sensibilidad para
saber qué quiere la gente y se encierran en una lujosa oficina, donde el ruido
de la población no entra… ni sus necesidades… ni nada.
Es aquí donde los que gobiernan deben ajustar sus equipos de trabajo, porque
muchos queremos ser escuchados por ellos, de la misma manera que lo hicimos
meses atrás, cuando buscaban el voto de nosotros. Se los dimos, y ahora, ¿ya se
olvidaron de sus promesas?
En el caso de nuestro estado, podemos presumir que existen autoridades con una
enorme capacidad de servicio y mística, pero carentes de un buen auxiliar que
les haga ver las necesidades de nosotros, los “mortales”, los que viajamos en pecera
o caminamos por la calle Hidalgo casi siempre, los que vivimos al día y
queremos ser atendidos. Es hora de ajustar el equipo, pero más importante, de
escuchar esas voces que por lo general son apagadas en horas y horas de
monótona, inhumana y sufrible antesala, para luego recibir el “no puede
atenderlo”. Los seres humanos, tratados con dignidad, no merecemos ese trato.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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