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Sección: Editoriales / Juego de ojos
El cine en el cardenismo
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
31/03/2011 | Actualizada a las 21:46h
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A
propósito de la expropiación del petróleo, evento simbólico si los hay en el
imaginario popular mexicano, viene a mi mente que cuando el general Lázaro Cárdenas asumió la Presidencia el 1 de diciembre de
1934, el cine mexicano tenía cuatro años de haber entrado a la era sonora y
estaba en una etapa de pedagogía
revolucionaria.
El
país estaba urgido de bases comunes y lazos colectivos. El cine y la radio se anticipaban
a la televisión en esa tarea. En 1938, año de la expropiación del petróleo, el
fondo cinematográfico era de 75 películas producidas. En 1939 Cárdenas decretó que en los cines se exhibiera por lo
menos una película nacional al mes, lo que confirma, dice Monsiváis, por un
lado el valor como instrumento cohesionador que se concedía desde entonces a
ese medio y por otro la necesidad de poner un dique a las campañas de
propaganda cinematográfica orquestadas por norteamericanos, alemanes, ingleses
y franceses en suelo mexicano.
En
aquellos años las potencias que pronto se enfrentarían en los campos de batalla
tenían clara la enorme fuerza del cinematógrafo como medio de penetración
cultural y fuente de divisas. Cuando Hitler ascendió al poder, una de sus primeras medidas
fue revitalizar y fortalecer la industria cinematográfica alemana para competir
con la de Estados Unidos. El nazismo reorganizó la
empresa Universum Film Aktien Gesselschaft (ufa) y financió con importantes recursos sus redes de
distribución.
México
era entonces un hervidero de espías. Boches,
italianos, taka takas, franceses,
gringos, hijastros de la Pérfida Albión, canadienses y una
nutrida y colorida fauna de policías
chino, estaban asentados en el país vecino del poderoso gigante del norte. Ortiz Garza recuerda que el 2 de mayo
de 1934, en plena campaña electoral de Lázaro Cárdenas, reapareció la ufa en México con una solemne premier
presidida por el Ministro de Alemania. Al año siguiente, en 1935, de
las 15 películas que en México lograron rebasar las dos semanas de permanencia
en cartelera, seis fueron alemanas. Alemania “tendía de nuevo su cerco de
celuloide”.
Aurelio
de los Reyes hizo el siguiente recuento de películas
exhibidas en México en aquellos años:
País |
1935 |
1936 |
1937 |
1938 |
1939 |
1940 |
Total |
EUA |
196 |
144 |
178 |
155 |
171 |
196 |
1,040 |
México |
21 |
10 |
23 |
37 |
26 |
24 |
141 |
Alemania |
20 |
12 |
17 |
9 |
7 |
2 |
67 |
Francia |
12 |
10 |
20 |
16 |
26 |
22 |
106 |
Inglaterra |
11 |
13 |
16 |
10 |
9 |
3 |
62 |
España |
2 |
11 |
4 |
5 |
2 |
2 |
26 |
Argentina |
- |
- |
5 |
1 |
7 |
12 |
26 |
La
censura gubernamental se opuso a la utilización del
cine mexicano como instrumento de cualquier denuncia. En los treinta, dice
Monsiváis, “la intención del cine es
pedagógica, para fortalecer la vigencia del movimiento armado de 1910 y los
ideales, incumplidos en la realidad, a que dio lugar. El cine no sustituye al
folletón: elabora un relato donde el folletón es un precursor lejano, propicia
la ficción de un pasado, de un organismo de tradiciones […]”, que, pese al
impulso cardenista, opera como un refrendo de la moral porfiriana en donde
quedan excluidas la política, la pobreza extrema, la crítica social y la
sexualidad abierta.
En
1936, México devasta el mercado latinoamericano con Allá en el Rancho Grande de Fernando de Fuentes. Contra la reforma agraria
cardenista se promulga una utopía azucarada. ¿Su repertorio? Un Edén aún
intacto, la figura simpática y humana del hacendado, el gracioso servilismo de
los peones, la ronda incansable de palenques y guitarras. La hacienda
porfiriana como eterno Rancho Grande.
El Departamento
Autónomo de Prensa y Publicidad (dapp),
brazo propagandístico del cardenismo, le dio gran importancia al cine y tal como se hizo
en el caso de la radio, se explotaron al máximo sus posibilidades mediante un
marco legal que otorgaba al gobierno facultades estratégicas para su manejo y
dirección. El dapp tuvo facultades
para dar una adecuada “orientación” a la industria. Como era de esperarse, en
el ambiente de libertad de expresión que privó en el cardenismo -pese a las medidas de control y dirección que
el régimen impuso- se dieron agrias disputas sobre la censura ejercida, destinada, uno supone, a
salvaguardar la moral y los valores nacionales y a fomentar la unidad en torno
al proyecto político del cardenismo. Los viejos historiadores de los medios,
como mi querido y admirado Arno Buckholder, recuerdan bien aquella agria disputa
entre la revista Hoy de Regino
Hernández Llergo y el director del dapp Agustín
Arroyo sobre los contenidos cinematográficos.
Dice
Mejía Barquera que el dapp era un
mecanismo para controlar eficazmente no sólo la información oficial, sino
cualquiera que se transmitiera a través de los medios masivos. La autoridad
otorgada al organismo para ser el canal informativo para la prensa nacional y
extranjera y las agencias informativas tenía como propósito, según parece,
evitar o limitar las informaciones negativas sobre el régimen y su proyecto que
pudieran generar corrientes de opinión contrarias al cardenismo. Lo mismo puede decirse de la
disposición para que fuera el dapp la instancia a cargo de autorizar –o no- la
exhibición comercial de películas cinematográficas así como supervisar la
propaganda y la publicidad en las estaciones
radiodifusoras comerciales y culturales.
El dapp produjo 12 películas e inició 8 más de tipo
educativo y documental, con versiones en español, inglés y francés. Fue
destacada la participación de cineastas y actores reconocidos con el fin de
difundir el proyecto educativo y la campaña de unidad nacional, así como la
defensa del indígena, a quien se trataba de incorporar a los planes culturales
y económicos del régimen. Este medio también se utilizó como registro y
difusión de las actividades y logros del presidente Cárdenas.
En la
campaña de movilización que siguió al decreto expropiatorio del 18 de marzo, el
dapp llevó a las salas
cinematográficas del país cortos con títulos como 18 de marzo de 1938,
El petróleo nacional,
Petróleo, la fuerza de México,
México y su petróleo y
Nacionalización del petróleo, en los que se ensalza la
jornada expropiatoria mediante una técnica muy semejante a las películas de
propaganda norteamericanas e inglesas en boga como aquella famosa The Lion has Wings de Adrián Brunel:
tomas amplias de las multitudes, cerradas sobre mantas y consignas;
acercamiento a los rostros, en particular de los jóvenes; paneos lentos sobre
símbolos nacionales como la Catedral Metropolitana y tomas de elementos que
subrayan fortaleza para la eventual lucha contra el enemigo, como aviones de la
Fuerza Aérea Mexicana en pases bajos sobre la multitud. Es el caso de Nacionalización del petróleo (17’ 30’’),
dirigida por Gregorio Castillo y narrada por Manuel Bernal, en donde con una interesante
edición de intercortes se exalta el patriotismo, la mexicanidad, la energía, la
fortaleza y el liderazgo -esto último con aterrizajes en la figura del general
Lázaro Cárdenas- en momentos de grave peligro para la Patria.
De la
misma manera que norteamericanos e ingleses, el dapp
recurrió a directores reconocidos y a voces identificadas en el
imaginario popular para llevar un mensaje eficaz. Castillo era un cineasta en
ascenso (en los cuarenta dirigiría a La
Doña María Félix) y Bernal, llamado “el más
brillante locutor de la radiodifusión mexicana” era un declamador que deleitaba
noche a noche a los radioescuchas de la xew, “La voz de América Latina desde
México”.
Las escenas de la manifestación del 23 de marzo filmadas por el dapp en el zócalo de la capital de la
República, frente al Palacio Nacional y a la Catedral Metropolitana, fueron
utilizadas consistentemente durante el sexenio en las salas cinematográficas.
Incluso se colaron a la película Rosa
Blanca (1961) de Roberto Gavaldón,
basada en la novela homónima de Bruno Traven sobre un hacendado de Veracruz que las petroleras asesinan para
apropiarse de sus tierras y abrir un campo petrolero. Esta película estuvo
inexplicablemente prohibida durante once años. Se estrenó en 1972.
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