Por: Javier Rosales Ortiz28/03/2011 | Actualizada a las 14:22h
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En Tamaulipas ya se probó la tensión y el
amargo sabor que deja que por las calles de sus municipios hagan sus acrobacias
como buitres los elementos de la Policía Fiscal. Desde 1992, cuando los tamaulipecos tomaron
por miles la calle y mediante una resistencia que fue histórica y cuyo ejemplo
lo puso Ciudad Victoria, ya no se notaba la inquietud que genera en el rostro de
los propietarios de los conocidos como “vehículos chocolate” la posibilidad de
que retornen los decomisos. Ese Tamaulipas de mis recuerdos ya no es el
mismo y hoy por la fuerza sus habitantes han cambiado y por obligación están
siempre en alerta, por eso resulta inverosímil, ridículo y muy peligroso que un
gobernador suelte así la lengua y que cuando tenga encima el problema esconda
seguramente la mano. Y cómo no, si flaco favor le hace a su
partido, el PRI, el Gobernador de Chihuahua, César Duarte, de anunciar que la
incautación de ese tipo de unidades está en puerta en su estado, lo que por
obvia razón pone a temblar a los habitantes de las entidades de la franja
fronteriza norte, quienes ahora no solo tienen que vivir con el Jesús en la
boca, sino que también deben de soportar el tamaño de esa amenaza. Y es que ese mandatario firmó un decreto
conocido como “anexo ocho”, que da luz verde para que de inmediato se proceda
al decomiso de los vehículos extranjeros ilegales, lo que provocó que los
propietarios y diversas organizaciones diseñen mecanismos de defensa para
neutralizar a “los buitres”, ahora con más valor, firmeza y entereza, porque
constituye tal vez su único patrimonio familiar. Si hacemos remembranza en Tamaulipas en
1992 la cosa no fue sencilla, porque a una concentración de más de 10 mil
propietarios de los “chocolates” en Palacio de Gobierno de todos los municipios,
antecedieron los bloqueos carreteros, la toma de edificios públicos federales,
la quema de vehículos y una persecución despiadada hacia los agentes federales, lo que a final de
cuenta culminó con la nacionalización de más de 70 mil unidades. Fue, en aquel entonces, Ciudad Victoria
nota nacional y existen gráficas y cientos de testimonios que reflejan la
irritación de todos aquellos que saben que su vehículo no ingresó a Tamaulipas
por el río o por el cielo, sino por las aduanas y, eso, huele muy mal a
complicidad. Fue el pueblo, si fue el, el que se lanzo
espontáneo a la calle y se defendió como gato boca arriba para arrancarle
algunas plumas a los buitres. Extraño, es, que en aquel año el lema del
movimiento de resistencia fue “Porque Chihuahua si y Tamaulipas no”, en clara
alusión a que en aquel estado existía el antecedente de que los decretos de
nacionalización funcionaban regularmente. Y que ahora César Duarte se vaya duro
contra los presuntos contrabandistas. Aquí ya se empieza hoy a sentir temor porque
en los años noventa los gobiernos de Coahuila, Sonora, Nuevo León, Durango,
Chihuahua y, Tamaulipas, firmaron un acuerdo para que se decomisaran vehículos
“chocolate”, el cual por cierto no funcionó porque diversos organismos lo
impidieron. Cabe mencionar que César Duarte se está
ahorcando solo, en razón de que en momentos que ordena el decomiso el pago de
impuestos para la nacionalización aumentó en un 316 por ciento, al grado de que
un auto modelo 1999 que pagaba 6 mil 800 pesos, hoy la cifra se elevó a 28 mil
300. La nota de César navegó por toda la nación
y empieza a impactar en Tamaulipas. Donde nadie quiere que aquella vieja historia
que yacía enterrada desde 1992. Asome otra vez la cabeza. Correo electrónico:
anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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