Por: Carlos Santamaría Ochoa27/03/2011 | Actualizada a las 15:53h
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Cuando vimos el término por vez primera
nos llamó mucho la atención: TAES, que significa Tratamiento Acortado
Estrictamente Supervisado, y que se refiere a la lucha que por años se ha
llevado a cabo contra la tuberculosis, principalmente, en la franja fronteriza
donde se ha detectado un incremento de enfermos de este padecimiento por causas
que tienen que ver con los problemas migratorios. Resulta que cuando la gente decide
emprender las aventuras hacia el exterior para buscar una forma digna de vida,
encuentra una serie de problemas que van relacionados con la salud en gran
escala: la tuberculosis tiene incidencia significativa por las condiciones en
que viven miles de indocumentados en la franja, y no únicamente en México: en
la Unión Americana es impresionante ver la “calidad” de vida que tienen los
indocumentados en los cinturones de miseria. Hace algunos años, auspiciados por la
Universidad de Nuevo México, tuvimos la maravillosa oportunidad de recorrer
estas zonas, aunque el resultado fue altamente deprimente por las condiciones
de vida que nada tienen que mostrar ni envidiar a los habitantes, por ejemplo,
de la zona desértica de San Luis Potosí o el llamado cuarto distrito, en
Tamaulipas. La marginalidad es terrible. No hay servicios básicos como agua
potable y alcantarillado, y la gente vive hacinada en amontonamientos de
láminas y maderas que pretenden semejar una vivienda pero que con lo que
concuerda es con la descripción de “lugar insalubre no apto para vivir”. Abreviada como TBC o TB, la tuberculosis
constituye una enfermedad infecciosa severa: se presume que es la enfermedad
infecciosa más prevaleciente en el mundo. Afecta diversos sistemas: predomina
en los pulmones pero afecta también los sistemas: nervioso central, linfático,
circulatorio, genitourinario, gastrointestinal, huesos, articulaciones y la
piel inclusive. Lo grave del caso, y el por qué hablamos
de la zona olvidada por Dios y los americanos, es porque muchos enfermos de
tuberculosis, por miedo a ser deportados, han dejado su tratamiento a un lado y
prefieren morir poco a poco que ser detenidos por la “migra”, y es por ello que
por su carácter de infecciosa, se incrementan los casos en esa zona, pasando a
nuestro país, donde también tenemos zonas marginadas de muy alto riesgo. Es entonces cuando nace, a iniciativa de
México y Estados Unidos el TAES, que es el hecho de brindar a estos enfermos la
oportunidad de seguir un tratamiento en ambos países, sin temor a ser
deportados y sin tener que suspenderlo. La tuberculosis requiere de un
tratamiento que no debe suspenderse por nada del mundo, de ahí la necesidad de
estructurar un programa binacional. El elevado riesgo de contagio orilla a
estas acciones, pues. Para comprender qué sucede en la franja
fronteriza es preciso hacer las anotaciones anteriores, y de esta forma
entender por qué la secretaría de Salud en Tamaulipas, en forma coordinada con
autoridades federales han emprendido una intensa lucha contra esta enfermedad
–tuberculosis- y han inaugurado hace unos días una unidad médica orgullo del
país, precisamente en nuestra frontera tamaulipeca. El Centro Regional contra la
Tuberculosis implica una inversión de 21 millones 470 mil pesos, y es el segundo
en su género que existe en el país. Será líder en investigación, tratamiento y
control de esta peligrosa enfermedad. En la inauguración, el doctor Norberto Treviño
García Manzo, secretario de salud en la entidad dijo que es muy importante
hacer un trabajo conjunto entre ambas naciones y a través de los gobiernos de
Texas y Tamaulipas. Hay que destacar la frase del doctor que expone: “la
población tiene en sus manos el poder de cambiar el rumbo de este y cualquier
otro padecimiento, al realizar cambios en su conducta y en su preocupación para
la búsqueda de atención oportuna”. Aquí se resume en mucho la tesis que
hemos sostenido durante años: si nosotros no queremos curarnos, la autoridad no
nos curará, y el riesgo seguirá latente. No podemos pensar que un programa
determinado acabará con una pandemia si la población no pone de su parte. Datos: el centro nuevo podrá realizar
unas 12 mil baciloscopías de diagnóstico anuales, 500 cultivos con estudio de
susceptibilidad de drogas y podrá colaborar a disminuir el tiempo para
identificar a una persona fármaco-resistente en seis semanas, en lugar de los
cinco meses que se requieren actualmente, y por ende, disminuyendo los riesgos
de contagio. Hay que aplaudir el esfuerzo de Rotary
International, porque han invertido una muy fuerte cantidad en este proyecto: 4
millones 880 mil pesos, por los 16 millones 590 mil pesos del gobierno de
Tamaulipas. Lo anterior es una clara muestra de que
se pueden hacer muchas cosas en forma coordinada entre autoridades y sociedad,
clubes de servicio y quienes tenemos interés en mejorar las condiciones de vida
de nuestro estado. Nos da mucho gusto, ojalá que se pueda
captar al total de enfermos de TB en el estado y la franja fronteriza, para
conjurar un inminente peligro que supone el que haya esa bacteria por ahí, a la
caza de quien tenga las condiciones para albergarla, y por consecuencia,
propagarla peligrosamente. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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