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Sección: Editoriales / Entre Nos

Tortillas: el detonante

Por: Carlos Santamaría Ochoa 25/03/2011 | Actualizada a las 16:35h
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Hay quien se ofende cuando se escucha que somos un pueblo tortillero. No debemos sentirnos agraviados, porque finalmente, la tortilla constituye la base de la alimentación de un buen número de mexicanos. Es el maíz parte de la cultura nuestra, y la tortilla ha estado ahí, siempre, a través de los años y acontecimientos.
 
No podemos dejar a un lado el hecho de que constituye un alimento fundamental por su aporte nutricional. No es únicamente el hecho de que, como mucha gente piensa, la tortilla es únicamente un alimento que propicia obesidad y no tiene aporte en el desarrollo del cuerpo humano.
 
Tiene una serie de nutrientes fundamentales para nosotros, y en ello, nuestros ancestros hicieron un alimento que se convirtió en base de México, de su pueblo, de ahí que nos ubican como los creadores del taco, los padres de la quesadilla y otros platillos que tienen como base la tortilla, el maíz, para decirlo de otra forma.
 
Sin embargo, los industriales de la masa y la tortilla están que no los calienta ni el sol por el hecho de que se ha permitido un sustancial incremento en la materia prima, no así en el producto que usted y nosotros conocemos y vamos a diario a adquirir. ¡Quién no ha probado una tortilla recién salida, calientita, con un poco de sal!
 
De pequeños, nos tocaba ir por ellas y en las tortillerías tenían el salero ahí, para que probáramos el producto recién salido de la máquina, esa que por una parte recibe decenas de kilogramos de masa y por otro vomita miles de tortillas cocidas, listas para la mesa.
 
En algunos casos, las familias constituyen una alimentación basada en la tortilla por aspectos culturales o económicos. Nos ha tocado platicar con gente que come más tortilla que la que debiera, con el argumento de que no hay para más, y que si no se come tortilla, la gente se muere de hambre.
 
En voz de sus representantes, los tortilleros se quejan de que el gobierno federal autoriza el incremento en el precio de la tonelada de maíz, aunado al constante y criminal aumento a las tarifas de gas y otros insumos propios para la elaboración de este producto. Todo está más caro, pero el aumento en el precio de la tortilla no se quiere autorizar porque se argumenta que será un golpe a la economía de las clases más necesitadas. Cierto, “pegará” fuerte en el bolsillo de la gente, sin embargo, no podemos dejar de pensar que los industriales de la masa y la tortilla también tienen gastos más fuertes.
 
Hay un desbalance muy importante en nuestro país: los insumos y servicios del gobierno federal son más costosos, pero los precios finales siguen siendo los mismos que hace años.
 
Por otra parte, el salario sube año con año unos cuantos centavos y la carestía inunda a los hogares de México. Esto nos está llevando a una muy severa crisis que el gobierno federal se ha empeñado en ocultar.
 
Todos los meses pagamos más cara la gasolina, el gas, la luz, el agua y otros productos, pero ganamos lo mismo, lo que, traducido por los economistas se refleja en una considerable pérdida del poder adquisitivo.
 
En otras palabras, usted y yo somos más pobres hoy que ayer, seremos todavía más si no hay un alto a la escalada inflacionaria.
 
No compartimos el hecho de que suba el precio de la tortilla porque nos afectará en el bolsillo, pero entendemos la sentida queja de los tortilleros que día a día pagan más insumos por menos utilidad. Es el pan de todos los días.
 
¿A dónde nos llevará esta situación?
 
Por lo pronto, ya las protestas están al día y en la PROFECO se dice que protegen la economía familiar, en tanto que los que hacen la tortilla se quejan amargamente porque sus utilidades se van, o en impuestos o en insumos.
 
Insistimos en la postura de que no suponemos que los incrementos sean lo mejor para la población, pero por otra parte, entendemos que quien paga más por los insumos propios para hacer el producto. No hay una justa equidad en estos dos rubros y los paganos, como siempre, somos los que vamos a buscar la tortilla y vemos que la van a subir a 13 pesos el kilogramo.
 
Definitivamente, el gobierno federal debe asumir una actitud responsable para eficientar la productividad, lo que permitiría un alivio en la economía de todos nosotros, objetivo final de una autoridad que se ha empeñado en estar ausente de nuestras necesidades.
 
Y es que, cuando suba la tortilla otros productos incrementarán sus precios, los productores y empresarios comenzarán a buscar la manera de recuperarse, lo que nos llevará a una inflación de esas a las que nos tienen acostumbrados a padecer sin replicar siquiera.
 
Urge un “hasta aquí”, y mire usted que lo irónico es que siendo Tamaulipas un productor importante de maíz tengamos que pagar más cara la tortilla y sus derivados. No suena nada congruente, y eso lo sabemos todos.
 
Deseamos fervientemente que se encuentre una solución que haga que los empresarios e industriales harineros se hagan menos millonarios, que asuman su parte de responsabilidad, y que los tortilleros tengan un precio justo, pero también nosotros, los consumidores, que finalmente, somos los paganos, y eso lo sabemos muy bien.
 
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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