Por: Carlos Santamaría Ochoa21/03/2011 | Actualizada a las 16:06h
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Es increíble la manera en que algunos
miembros de la mal llamada “clase política” se han ensuciado las manos y
también la forma en que escupen hacia arriba, llenándose la cara con lo que
arrojaron, es algo así como caminar en un canal de aguas negras y llenarse los
pies de… ya sabe usted. Son sucios y claman limpieza de los demás. El caso del Partido Acción Nacional ha
llamado mucho la atención, dado que a Francisco Javier Garza de Coss lo acusan
sus mismos correligionarios por la manera tan burda en que se ha conducido y,
como dice uno de nuestros colegas, por mostrarse también tan “poquitero” en
estas deshonestas acciones. Decía un personaje que había que ser el
número uno en lo que uno ejerce dentro de su existencia, fuera bueno o malo:
“si vas a ser gobernador, deber procurar ser el mejor gobernador, y si vas a
ser ladrón, procura ser el mejor ladrón”; la premisa iba encaminada a que la
gente tiene que buscar la manera más digna de conducirse en la actividad que
haya elegido para vivir… o subsistir, pues. Hay una serie de acusaciones que han salido
a flote: alquileres de inmuebles que no cuentan con contratos legales, es
decir, propiedad de algunos evasores fiscales, compras y rentas de equipo y
propiedades para uso oficial o partidista. Abundan estos casos y pareciera que
nadie pudiera detener la suciedad que aflora en un amplio conducto por donde
corre, por miles de acciones por minuto, la suciedad con que muchos miembros de
ese grupo elitista se manejan. Dice la Real Academia Española en su
diccionario que cuando nos referimos a clase es algo así como un “conjunto de
personas que pertenecen al mismo nivel social y que presenta cierta afinidad de
costumbres, medios económicos, intereses, etcétera”. Lo anterior nos lleva a
deducir que la clase política es la que debiera buscar el bienestar de todos,
que maneja aparentemente la misma calidad humana y que prácticamente todos
tienen esa vocación por servir a los demás. Nada más equivocado. No compartimos la idea de que hablar de
clase política es hablar de aspectos negativos: hay políticos excepcionales que
buscan trascender propiciando bienestar y progreso para sus conciudadanos,
aunque hay otros que lo único que buscan es servirse a ellos mismos. En la
entidad hay grandes exponentes de las dos formas o grupos; en el caso del
segundo, hay que recordar, por ejemplo, a aquel hombre que gobernó Reynosa y se
enriqueció junto con su familia y luego compró una patente de inmunidad siendo
diputado plurinominal. Hoy, ocupa un cargo federal. Y como este hombre, hay otros que, los
ciudadanos que salimos a diario a la calle conocemos, y que vimos la manera en
que transitaban en su carrito limpio pero modesto y luego de algunos años
circulan en lujosos vehículos. Nos dejan de hablar porque ahora son de
otra clase social: la que a costa de privilegios no merecidos ha hecho una gran
fortuna y se codea con quienes a fuerza de trabajo cotidiano han amasado un
capital honorable. No se vale, pues, que se sirvan esos que
dicen ser políticos, de la forma en que lo hacen: insultan a la población,
ofenden a su entidad y su país. Son un claro ejemplo de lo que debe desaparecer
por la manera en que se pueda. Victoria, la capital del estado ha sido
víctima en varias ocasiones de alcaldes sin escrúpulos pero también de gente
muy trabajadora y que se ha conducido de una forma mejor. Recordamos mucho a la profesora Zelideh
Saeb, quien como alcaldesa suplente dejó una serie de beneficios sin hacer
aspavientos, sin pagar publicidad a sus actos. Como ella, muchos más.
Tristemente, otros se han enriquecido en ese cargo sin dejar beneficio alguno. ¿Qué hacer al respecto?. Difícil será, sin duda alguna, para
dirigentes partidistas, diputados, gobernantes y políticos evitar que haya
saqueo y corrupción, pero será interesante ver que se hacen esfuerzos por
lograr que el bien del pueblo sea para el pueblo. Sistemas cada vez más estrictos de
vigilancia son los que operan en esferas oficiales, buscando hacer eficiente el
gasto público. Insistimos: habrá puntos negros, y eso no
se podrá evitar, sin embargo, no podemos dejarnos llevar por los depredadores
que acaban con la esperanza de una entidad y luego provocan que la gente no
crea en ellos ni sus partidos. Es por eso que los ciudadanos preferiríamos
no tener partido y votar por otros iguales a nosotros, que no prometieran tanto
y sí actuaran en bien de todos. Y todos podemos evitar la corrupción con
nuestras acciones: dejando de ofrecer a agentes de tránsito las “mordidas” por
evitar una infracción, conformando los requisitos para una licencia de
funcionamiento o construcción, portando nuestros documentos en regla, pagando
impuestos a tiempo y todas esas acciones a las que estamos llamados los mexicanos
y especialmente los tamaulipecos, para entonces poder exigir a los que nos
gobiernan que hagan las cosas bien y completas, en forma honesta y
eficiente. Si no frenamos la corrupción, ni para qué
criticar, no quejarnos ni decir que no nos gusta. Porque si participamos de
alguna manera nos estamos convirtiendo en cómplices de estos malos tamaulipecos
que conformarán una élite política, pero nunca una “clase” porque eso no se
compra con dinero sucio: se gana con actitudes. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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