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Las crisis del sol azteca

Por: Ambrocio López El Día Viernes 19 de Mayo del 2017 a las 16:19

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El Partido de la Revolución Democrática (PRD) actualiza sus Principios tomando en consideración la situación actual del país reflejada por la severa crisis social, económica, de valores, de seguridad y de desgobierno de varias décadas que han sumido a amplios sectores de la sociedad en la extrema pobreza y en una situación angustiante, que hace necesario el análisis y reflexión para que responda a la realidad y abone a construir un Proyecto de Nación. Es prioritario terminar con las desigualdades para satisfacer las necesidades de la sociedad, abatir la injusticia, la discriminación y el deterioro de los valores sociales y éticos, que han contribuido a generar violencia, delincuencia, corrupción, abuso del poder, y la barbarie que impera en hechos cada vez más frecuentes de la vida cotidiana.

Este Partido asume la responsabilidad ante estas circunstancias de superar su propia crisis, transformándose para servir de manera decidida al pueblo, por lo cual es esencial rescatar la cultura, historia, los principios democráticos y éticos, para alentar la vida interna. Además, practicar y fomentar la solidaridad, la fraternidad, la libertad, la igualdad, la honestidad, la honorabilidad y el respeto como mujeres y hombres integrantes de un instituto político y como participantes activos en la forja de la grandeza del país. La historia política del PRD está ligada, inexorablemente, a los momentos de crisis. Nació como consecuencia de una crisis en la élite en el poder: los herederos del nacionalismo revolucionario frente al grupo tecnócrata.

El cisma en el partido gobernante se presentó en una coyuntura definitoria de la izquierda mexicana, la cual se debatía entre mantener la estrategia de continuar la senda de la participación electoral o arrojarse a la marginalidad y ostracismo político. Así, ante la falta de legitimidad del régimen mexicano provocada por la irrupción del Frente Democrático Nacional (FDN) en las elecciones presidenciales de 1988, nació el PRD hace 29 años. Pero la crisis no sólo ha marcado el origen del principal partido de la izquierda mexicana en las últimas décadas, sino que durante su desarrollo ha sido una marca frecuente y significativa. Y no sólo por los constantes conflictos internos que ha vivido como organización, sino a una crisis ideológica y de identidad de la izquierda electoral en México.

Durante sus casi tres décadas de existencia, el PRD ha tenido que lidiar ideológicamente con la caída del Muro de Berlín, la ascendencia de la democracia liberal, la consolidación del neoliberalismo como doctrina económica y la irrupción del populismo como vía de acceso al poder político. No obstante, estas discusiones ideológicas quedaron subsanadas internamente por el caudillismo de sus principales líderes políticos: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Andrés Manuel López Obrador. En efecto, el surgimiento de este tipo de liderazgo permitió la cohesión interna dentro del PRD.

Según un ensayo de Johnatan Navarro González, de 1989 a 2000, el ingeniero CCS fue el mayor referente político e ideológico que mantuvo a las diferentes expresiones internas (llamadas tribus) unidas en el objetivo de lograr la presidencia de la República, después del supuesto fraude en las elecciones de 1988. De igual forma, la ascendencia de AMLO como líder caudillista surge a partir del año 2000 tras la debacle de Cárdenas en las elecciones presidenciales. Desde la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, López Obrador se encumbró como el máximo líder del partido con lo cual la cohesión interna nuevamente se construyó a partir del liderazgo carismático del tabasqueño y, como consecuencia, el debate ideológico fue nuevamente pospuesto.

El principal objetivo del partido fue lograr la presidencia de la República durante el periodo 1989-2012, bajo la tutela de sus líderes carismáticos. Si bien en ese mismo tiempo los cismas, rupturas y crisis no dejaron de aparecer como parte del paisaje del perredismo, lo cierto es que la línea política se impuso a cualquier consideración organizacional o ideológica. Con la salida de Cárdenas y AMLO no sólo se dejó al partido sin sus principales referentes políticos e ideológicos, sino que la creación de MORENA por parte de López Obrador abrió la puerta para que varios grupos y militantes busquen acomodo en el nuevo partido de la izquierda mexicana. De tal suerte que en esta ocasión se presenta una crisis de mayores dimensiones para el llamado partido del Sol Azteca. Ahora la débil institucionalización del partido y su falta de identidad política muestran la descomposición del PRD en una coyuntura crítica que pone en duda la propia sobrevivencia de este partido político. 

A diferencia de otras ocasiones de tensión interna, el PRD no cuenta con los mecanismos para mantener la cohesión de sus diferentes grupos. Y no los tiene debido a dos razones: en términos organizacionales, la amalgama de grupos que le dieron origen no lograron trasladar sus lealtades a una organización mayor como el PRD y las lealtades de los líderes siguen siendo a su grupo o facción. Por otra parte, ideológicamente este partido no ha logrado construir los postulados políticos que atraigan a un mayor número de electores. En cuanto a la primera situación, los esfuerzos por darle una mayor institucionalización al partido, una vida interna más ordenada y menos caótica han sido en vano.

Una característica de la cultura organizacional del PRD es precisamente su fragmentación interna, la disputas por el poder dentro del partido y la baja lealtad a la organización partidista. Es una característica arraigada y existen pocos elementos para que eso cambie. Algo distinto sucede con la cuestión ideológica. En ello radica, desde mi perspectiva, su oportunidad de sobrevivir en el sistema de partidos después del 2018. Frente al populismo nacionalista que representa AMLO y la ortodoxia económica que seguirá impulsando la implementación de las reformas llamadas estructurales, cuyos promotores están tanto en el PRI como en el PAN, la presencia de un tercer polo ideológico no puede ni debe soslayarse.

En efecto, dentro del proceso actual de reestructuración del Estado mexicano que se manifiesta en su falta de capacidad de producir la legitimidad de un régimen democrático, los satisfactores económicos básicos para una vida digna de los mexicanos y la armonía que permita una convivencia social pacífica, no puede limitarse a las visiones populistas, nacionalistas y liberales de la política. Se requiere de una izquierda progresista, liberal, comprometida con los derechos sociales y humanos; así como con una lucha sin cortapisas contra la corrupción y la falta de transparencia. El escenario hacia el 2018 pinta complicado para que un candidato emanado de las filas del PRD gane la anhelada presidencia de la República.

Bajo la creencia de que en 1988 y 2006 la izquierda pudo haber ganado la presidencia en México, es que la línea política se ha centrado “en sacar al PRI de Los Pinos”. Sin embargo, esta idea es un espejismo, si reconocemos que Cárdenas y AMLO no eran precisamente herederos de la izquierda mexicana, sino de una corriente ideológica del nacionalismo revolucionario. Por ello, la ausencia de estos líderes y los grupos que los acompañan puede convertirse en la gran oportunidad para que el PRD sea realmente un referente de la izquierda del siglo XXI, más proclive a un futuro sin los atavismos del pasado nacionalista y revolucionario.

Lo que ahora parece ser una crisis más del PRD, incluso una cuya consecuencia podría ser su desaparición en el 2018, en realidad es una oportunidad para refundar a este partido. Nos guste o no, seamos o no de izquierda, lo cierto es que resulta necesario para mantener la pluralidad política de nuestra incipiente democracia. Pero esta crisis será una oportunidad en la medida en que sus dirigentes asuman el reto de visualizar un partido con ideología definida, alejada del populismo y centrada en las demandas sociales. 

Más allá de sus problemas organizacionales, de las tribus y sus facciones, lo importante es delinear una propuesta ideológica y programática que tenga como referente recobrar la confianza de los electores, atender con propuestas reales y concretas el malestar social por la situación económica, la inseguridad y violencia que prevalece en el país. Es urgente que sus planteamientos abandonen lugares comunes como el “desgaste del modelo económico” sin una propuesta alternativa seria y factible. Y que dejen atrás sus prácticas clientelistas como forma de relacionarse con las organizaciones sociales. La crisis actual del PRD es, quizás, su última oportunidad para consolidar un proyecto de izquierda progresista.

Es probable que la crisis del PRD deje a algunos electores de izquierda sin opción en las próximas elecciones. No es de extrañar que recientemente varias agrupaciones, entre las que se encuentran México Posible, se hayan reunido para repensar la posibilidad de fundar un nuevo partido de izquierda. Pero la crisis del PRD no sólo afecta a este partido sino al sistema de partidos y al sistema de representación. Su crisis plantea un problema de moral pública y causa un daño a la credibilidad y confianza ciudadana en las instituciones y en sus representantes.

Los partidos están atravesando por graves problemas para institucionalizarse y adecuarse a las nuevas condiciones de competencia. Las propuestas de reforma electoral hechas por el gobierno federal y la Cámara de Diputados encaminadas al control de las campañas y los dineros de los partidos serán fundamentales para crear incentivos a la institucionalización de los partidos mayores que actualmente tienen el monopolio de la representación política e ideológica en México.

Bibliografía utilizada por Johnatan Navarro:

http://www.milenio.com/firmas/humberto_mares/Crisis-PRD_18_921087949.html

 

 

Ambrocio López Gutiérrez

Periodista y Sociólogo.
Columnista en diversos medios  electrónicos e impresos.
Redactor en el equipo de Prensa de la UAT.
Profesor de horario libre en la UAM de  Ciencias, Educación y Humanidades.

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