Por: Carlos Santamaría Ochoa15/03/2011 | Actualizada a las 19:37h
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Hay quien critica la
función que tienen en la sociedad los investigadores y tiene su parte de razón;
el hecho de convertirse en estudioso de tema alguno obliga a hacer
investigación seria, propositiva, pero no para guardarse en un armario de
determinada biblioteca, o para engrosar el currículum de quien se jacta de ser
estudioso, investigador o algo por el estilo.
Desgraciadamente, muchos de estos trabajos están condenados al olvido. En
algunos casos, se llevan a un congreso o simposium donde algunos vivales se los
roban y los registran como propios, y nadie sabe más de ellos.
Resulta deprimente ver el cúmulo de investigaciones que no tienen pies ni
cabeza y no llevan a ninguna parte. Tesis de maestría y doctorado son empleadas
como investigaciones, pero se convierten más que en un instrumento para crecer,
en una colección de citas bibliográficas; pareciera que mientras más citas
tenga el trabajo es mejor, sin importar el contenido o el objetivo del por qué
se comenzó a realizar, o a dónde quiere llegar el autor con él.
Es quizá la parte más escabrosa, porque los investigadores que tienen su
registro en el SIN, es decir, el Sistema Nacional de Investigadores que maneja
Conacyt y que supuestamente es lo mejor y más importante del país, muchas veces
llevan a cabo trabajos por el único hecho de hacerlos y que se puedan
contabilizar para las evaluaciones posteriores.
Imagine el lector, por ejemplo, que hay en la escuela de agronomía de la
Universida Autónoma de Tamaulipas verdaderos científicos que hacen
investigación de primera línea, pero sus trabajos pocas veces se dan a conocer,
quizá porque la comunidad lectora de éstos es muy reducida, o porque no se le
da la difusión necesaria.
Se requiere en las universidades públicas de sistemas de comunicación y
difusión que sean efectivos y manejen lo que realmente importa en las casas de
estudio, es decir, dejar a un lado el boletín político y meterse más de lleno
en el quehacer universitario cotidiano, donde muchos tamaulipecos están
trabajando para sacar mayor provecho de una semilla o encontrar una nueva
vacuna, para establecer mejores sistemas de comunicación o establecer la
diferencia en actos de derecho. Hay muchos renglones que se pueden y deben
explotar, sin embargo, vemos información que si bien es cierto que es
importante, al lado de lo que se maneja como investigación es irrelevante,
porque las casas de estudios oficiales no fueron creadas para manejar imagen de
personas, sino para hacer ciencia, crearla, manejarla y difundirla.
Hay mucho, sinceramente, que se puede y debe difundir, pero para ello, claro
está, se requiere de verdaderos comunicadores por un lado, y de científicos que
quieran trascender, por el otro lado. Los segundos, los hay a manos llenas, y
los cubículos están llenos de éstos, pero habrá que establecer las prioridades
de la comunidad para proponer investigaciones serias y dejar a un lado las de
relumbrón, las que solamente se hacen para el currículum, para el récord
personal.
Y como sucede cuando uno hace un comentario crítico, habrá voces que condenen
el hecho de hacer ver la realidad de nuestros investigadores, pero si no somos
autocríticos, si no pretendemos dejar un beneficio en cada acción, nada tenemos
qué hacer en el ámbito de nuestra competencia.
La UAT tiene institutos y centros de investigación que manejan presupuesto,
tienen recursos humanos y todo lo que se requiere para hacer valer su condición,
eso es importante, y además, se tiene el apoyo de las autoridades
universitarias que encabeza José María Leal Gutiérrez, y que tiene en sus
colaboradores a los mejores cómplices para que haya noticias satisfactorias.
En este sentido, hay que ser congruentes y claros: no echar las campanas al
vuelo, ser realistas, no triunfalistas, y hacer ver las metas alcanzadas,
proyectar cosas que puedan ser de utilidad a la sociedad, pero sobre todo, en
base a las necesidades de la población, que es la que nos paga a los
universitarios.
En este sentido, deseamos que los investigadores de la UAT se conviertan en
verdaderos factores de cambio social en todas las disciplinas que se atienden
en la máxima casa de estudios tamaulipeca.
Pensamos que el material humano es de primer nivel, solamente hay que
demostrarlo y no con evaluaciones de calidad, sino trascendiendo en la
sociedad, haciendo la diferencia entre lo que hay y lo que se investiga, para
que se pueda llevar a la práctica y mejorar los sistemas que tenemos hoy en
día.
Eso será responder a la comunidad, misión principal de los universitarios.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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