Por: Carlos Santamaría Ochoa13/03/2011 | Actualizada a las 18:39h
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No existe en el mundo entero algún sistema
de protección o seguridad que pueda evitar que llegue un terremoto, maremoto,
tornado, tsumani o fenómeno meteorológico que deje daños multitudinarios. Recordamos aquella mañana en que, desde las
instalaciones del aeropuerto “El Petaqueño” nos avisaron del terremoto de la
ciudad de México que cambió la vida de millones de personas; muerte y desolación,
pérdidas multimillonarias y una herida que no termina de cicatrizar dejó esa
mañana cuando la otrora ciudad más transparente del mundo quedó reducida a
cenizas en varios sectores. No se puede uno imaginar hasta que lo vive
en carne propia, el daño que ocasionan estos fenómenos, y se han repetido a lo
largo de los años en distintas partes del mundo: Chile, Haití, India, por solo
mencionar algunos. La gente queda prácticamente desamparada y los sistemas
oficiales de sanidad no se dan abasto, porque noes fácil cubrir a los millones de víctimas;
también hay actos de rapiña que se deben conjurar, y que de alguna manera
implican un esfuerzo humano y económico para establecer vigilancia. Japón tuvo su pesadilla este fin de semana,
y es hora en que no se ha podido cuantificar la magnitud de los daños que son
muy severos en todos sentidos: muertos, heridos, destrucción y lo más grave
quizás: el que las plantas nucleares estén en peligro de sufrir accidentes que
ocasionarían otro tipo de daños, mucho más severos. Siempre hemos tenido la idea de que los
japoneses son miembros de una nación súper desarrollada que tiene una
infraestructura especial, porque siendo su suelo un campo propicio para
fenómenos de esta naturaleza, sus construcciones tienen niveles de calidad y
seguridad óptimos: se piensa en la construcción en virtud de la siniestralidad
que tienen, lo que les obliga a manejar sistemas hidráulicos muy precisos, pero
no todos soportan o no todos los terremotos son iguales; los hay oscilatorios y
trepidatorios, y éstos últimos ocasionan un daño mayor que los primeros. Justo es concientizarnos en relación a esta
tragedia y tratar de ser solidarios. Ya las autoridades han dispuesto una serie
de medidas y el mundo entero responde a las necesidades del país nipón. Los
famosos topos de la ciudad de México están viajando rumbo a ese país para
tratar de auxiliar en base a su capacitación y experiencia. Van a buscar gente
damnificada, rescatar heridos y procurar que si hay cadáveres, puedan ser
recobrados para que no se suscite un problema de salud pública mayor. Cuando suceden estas cosas se incrementa el
riesgo de enfermedades de transmisión por falta de higiene, dado que falta agua
potable y la gente en lo que menos piensa es en estos aspectos, porque
inicialmente buscan su seguridad, curar sus heridas, comer y luego, si se
puede, pensarán en otros factores. En estos casos, los sistemas mexicanos de
asistencia social se solidarizan con los pueblos que lo necesitan, y en la
entidad seguramente el personal del DIF Tamaulipas que dirige GabrielDe la Garza estará instrumentando las medidas
a llevar a la práctica para recabar víveres y otros artículos que podemos
enviar a este país del lejano oriente, pero cercano en necesidades humanas. Ropa en buen estado, limpia y doblada;
alimentos enlatados y otros que no tengan el riesgo de la descomposición son
los que se necesitan; papel higiénico, toallas sanitarias, jabones y cremas,
así como artículos de primeros auxilios y medicamentos no caducados forman la
lista de lo que podemos enviar. Aunque no se ha informado nada a nivel
nacional, entendemos que los buques de la Armada de México serán el conducto
para que la ayuda llegue a Japón. A través de este medio hacemos el atento y
solidario llamado a todos nuestros amigos, lectores y quienes tengan
conocimiento del siniestro, para que nos hagamos presentes con algo de lo que
podamos colaborar. Se acerca el día de pago en la mayoría de
los sectores –la quincena- por lo que tenemos el mejor de los motivos para
entregar una pequeña ayuda para los demás, los que ahora requieren como sucedió
en nuestro país hace ya muchos años. Nos toca responder a la ayuda, pues. Busque en centros y tiendas de autoservicio
los módulos que seguramente se instalarán en breve, y lleve lo que pueda, sin
olvidar el agua embotellada, preferentemente, en botellas pequeñas, pero no
deje de apoyar a los hermanos japoneses, porque la situación es bastante
crítica. Este llamado lo hacemos con el corazón, y
esperamos que clubes de servicio, grupos sociales y políticos, cámaras y
colegios se unan en esta cruzada que tiene como objetivo aliviar en menor
escala los daños que Japón llora al día de hoy. La recompensa será mayúscula,
créalo. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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