Es muy clásico escuchar que en algunos negocios se expenden kilos de 900 gramos, entendiendo lo anterior como el hecho de que nos venden supuestos kilogramos...
Por: Carlos Santamaría Ochoa10/02/2010 | Actualizada a las 14:34h
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Es muy clásico escuchar que en algunos
negocios se expenden kilos de 900 gramos, entendiendo lo anterior como el hecho
de que nos venden supuestos kilogramos, mal pesados, y que no llegan a ser lo
que realmente pagamos.
Esta
práctica es también usual en expendios de gasolina, donde nos dan litros de 900
mililitros, con el afán de ahorrarse un poco de recurso, claro, robando a los
demás, porque esta práctica definitivamente no deja de ser un acto deshonesto
por donde quiera que se le vea.
Antes,
llegaba uno a la "tiendita" y nos daban kilos aparentes, porque medio
pesaban y medio vendían, pero la verdad es que por ahí se quedaron varios
gramos pendientes de consumo.
Nada
ha cambiado.
Las
tienditas son de hace más de 80 años cuando se establecieron prácticas
desleales: nos hacían creer que nos vendían la mercancía y realmente nos daban,
no gato por liebre, sino gramo por kilo, para ser más exactos.
Con
la crisis, todo mundo está viendo la manera de que el dinero rinda más,
incluidos los que se dedican al comercio o arrendamiento de bienes y servicios.
Tratamos
de ganar más, o al menos, igual que antes, considerando que la crisis nos
afecta.
Pero
de ahí a que nos den menos mercancía, eso, llanamente y en lenguaje peculiar
del pueblo, es el equivalente a "no tener madre", como decían los
abuelos.
El
engaño nunca ha sido una virtud, menos de la gente que presume de honesta.
Las
famosas gorditas de Victoria, sabrosas y picosas como pocas, que tienen ya
representantes en diversas partes de la República Mexicana e inclusive en los
Estados Unidos también han caído en la práctica poco clara. Explicamos:
Hace
todavía unos 3 o 4 años, íbamos a desayunar gorditas a cualquiera de las muchas
sucursales, y por lo general pedíamos 3, 4 o quizá 5 gorditas. Hoy, pedimos las
mismas y como que nos queda un hueco en el estómago.
Sucede
que las famosas gorditas hoy pesan menos que antes: las han reducido de su
tamaño con tal de ahorrar -no sabemos cuánto- para que no se refleje la
inflación en el bolsillo de quienes las elaboran y comercializan, aunque sí en
el nuestro, como suele suceder con quien no ha entendido que el comercio es una
actividad leal que requiere honestidad.
Si
checa usted, está más pequeñas, y obviamente, llevan menos guiso, lo que se
asemeja a cualquier fraude que se comete en otros ámbitos.
No
es el único caso.
Una
cadena de pollo industrializado y lleno de grasa oferta sus paquetes, esos que
llevan pollo en tiras, piezas e inclusive las pizzas que ahí venden.
Curiosamente,
los paquetes llevaban siempre pan; llaman "bisquetes" a una cosa de
masa sin forma, pero no podemos negar que mucho muy sabrosa, a grado tal que
cuando compramos los famosos combos familiares, en casa se suceden los
"pleitos" para ver quien los consume.
Son
realmente deliciosos, sin embargo, a partir del presente año, esos combos familiares
que tenían 4 bisquits hoy tienen tres, es decir, han quitado el 25 por ciento
del complemento.
No
contentos con la medida, hoy los hacen con un peso que es la mitad de lo que
era antes, o sea, micro bisquits, por decirlo de alguna otra forma.
Siempre
hemos supuesto que es más honesto decir: "te voy a subir el precio por la
crisis" que engañar a los consumidores dando raciones más pequeñas de todo
lo que consumimos.
Aplica
a todo tipo de giros.
Los
que llevan a cabo estas prácticas se asustan cuando ven a un funcionario
declarando o transitando en una buena camioneta: "que le revisen, ha de
ser bien ladrón", emiten casi todos y al mismo tiempo.
¿Qué
será más digno de un ladrón?
.
No
se concibe que los que venden comida nos hagan lo anterior. Asimismo, vemos que
en todas partes las raciones son más pequeñas, pero en ese sentido, ni PROFECO
ni nadie puede hacer nada: simplemente, nos roban y tenemos que callar.
Es
muy común hablar mal de los que gobiernan y bien de los que venden, exaltando
sus cualidades como algo divino, sin embargo, son ellos los que nos roban a
diario.
Los
anteriores ejemplos son solamente una pequeña, muy pequeña muestra de lo que se
hace en Victoria para sobrevivir a costillas de los demás, amparados en una
función oficial.
Si
no ponemos un freno a estos abusos, estaremos condenados, y condenando a
nuestros hijos a ser pusilánimes, agachones, conformistas, cuando lo que se
debe hacer, con el respeto necesario, es vigilar a los que hacen medias
raciones y las venden con el engaño de "no hemos subido nuestros
precios". ¿Pero qué tal las ganancias?
.
Comentarios:
santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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