Por: Carlos Santamaría Ochoa08/03/2011 | Actualizada a las 15:41h
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En todo régimen como el nuestro, donde la democracia es
la base, existen representantes populares, los diputados, que a nivel local o
federal son la voz de las mayorías y quienes deben pugnar por leyes justas en
todos aspectos. Es obvio que los diputados no son expertos en derecho y
tienen sus problemas para la interpretación de algunos ordenamientos o
proyectos, pero para eso existen los asesores, quienes seguramente podrán
emitir una muy valiosa opinión sobre el tema: hay aspectos que tienen que ver
con salud, educación, productividad, aplicación de la justicia y muchos rubros
más. En ese sentido, un ciudadano puede tener una propuesta, o
el mismo diputado pensar en una mejora al sistema social existente; el
procedimiento es más o menos el siguiente: se hace la propuesta, se convierte
en documento para presentarse como iniciativa de ley, se muestra al pleno y si
se aprueba, se convierte en ley. Así de sencillo. También hay otros aspectos que no siguen este patrón como
es el caso del reglamento de tránsito del municipio de Victoria, la capital de
Tamaulipas y que ha estado en las páginas de los diarios en estas semanas
porque ya se han ganado algunos amparos y juicios contra este reglamento, dado
que la forma en que aplican los estacionómetros no es precisamente adecuada. En ese sentido, hay dos administraciones que tienen su
parte de culpa: la anterior, por haber llevado a la aprobación del Cabildo un
reglamento ilegal, y la actual, porque no han tenido el tiempo suficiente para
entender que hay ilegalidades que se deben atender y subsanar. Tienen más
preocupación en pelear por bancadas y exigir salarios más elevados que buscar
el bienestar de nosotros, los ciudadanos. Pero lo más criticable, desde nuestra óptica, es que
cuando se presentó en su tiempo el reglamento de tránsito no hubo una persona
del departamento jurídico de la presidencia municipal que dijera: “esto está
mal”. Somos un caso “sui géneris”: decíamos que nadie se atreve
a contradecir a un alcalde, gobernador o presidente como si fueran perfectos, y
la verdad sea dicha: tenemos buenos gobernantes en la mayoría de las ocasiones,
que tienen una visión para gobernar que nos gusta, pero son humanos y no saben
todo lo que hay. En el caso del gobernador, por ejemplo, las cosas de
salud las debe de atender el secretario de salud; las de educación, el ministro
del ramo y así sucesivamente. Tienen la obligación de informar a su jefe y
decirle si lo que hay está bien o no. Entendamos que el mandatario los ha
ubicado en ese cargo porque confía en ellos, por lo que no hay que tener miedo
de decirle al presidente, gobernador o alcalde: “no es por ahí, hay que
cambiarlo porque no refleja las necesidades populares”. Pero el miedo a perder el “hueso” puede más, y les damos
por su lado, aprobando cuanto documento tienen a la vista, y como resultado
tenemos en ocasiones reglamentos ilegales, como sucede en la capital
tamaulipeca. Todos los gobiernos tienen departamento o dirección
jurídica que debe velar por esos aspectos, sin embargo, pareciera que tienen
otras cosas más importantes qué hacer en lugar de cumplir con su trabajo. Al alcalde anterior se le hubieran evitado muchas
críticas si se hubiera visto la viabilidad de sus decretos, propuestas u
ocurrencias. Es de humanos errar. Sin embargo, Miguel González Salum tiene la valiosísima
oportunidad de consultar con los abogados del municipio para adecuar la ley de
tránsito y convertirla en un ordenamiento legal. No es concebible que la autoridad emita directrices fuera
de la ley, no se vale, pues, y además, hay abogados por millares, y se puede
contratar a un buen bufete para que asesore. Cuesta menos que cometer
arbitrariedades, pues. Y sucede en otras instancias: hay trabajadores que
demandan al gobierno del estado, al ayuntamiento o a la Universidad Autónoma de
Tamaulipas y ganan los pleitos porque su despido fue injustificado, fuera de
toda ley existente. ¿Cómo es posible que suceda esto? Entonces nos
preguntamos sobre la capacidad de quienes encabezan estas administraciones,
porque tener colaboradores mediocres habla de una administración igual, y el
caso es hacer bien las cosas. Los errores son naturales, somos humanos, pero es
necesario corregir cuando alguien se inconforma y no esperar las demandas que
presentan a los gobiernos como entes sin ápice de legalidad y representatividad
social. En ese sentido, nuestros diputados deben ajustar las
leyes para que no cualquiera pueda llegar y violarla. Claro, se necesitan tamaños para hacerlo: conocimiento
abrumador, miedo a perder la chamba y honestidad, mucha honestidad, quizá como
la base de todo. En el tercer de la administración, la presidencia
municipal que encabeza Miguel González Salum podría regalar a los victorenses
una buena noticia: que el reglamento de tránsito se convierta en ordenamiento
legal, así de sencillo. Finalmente, están labrando una carrera política, pero a
base de errores de este tipo, difícilmente lograrán avanzar. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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