Por: Javier Rosales Ortiz06/03/2011 | Actualizada a las 17:34h
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Porque este trabajo de tratar de hacer
periodismo le regala a uno eso, la oportunidad de estrechar la mano en el
camino de muchos seres humanos que dejaron huella por su caballerosidad, por su
mente abierta y por su sinceridad. Quien no asimile que el periodismo sirve
para hacer más amigos que enemigos está confundido, en razón de que un
reencuentro debe estar aderezado por un abrazo y una sonrisa espontánea, no por
un gesto osco y una mueca de desprecio. Qué mejor que disfrutar de una charla que
fluya sola, sin poses, sin hipocresíay,
también, sin palabras que estén glaseadas con azúcar. Desde hace muchos años lo conozco pero le
había perdido el paso, hasta hoy que de manera casual nos reencontramos y nos
abrimos para ir acomodando otra vez las piezas del rompecabezas de lo que ha
sido su historia como político y como servidor público, algo que se nota que lo
emociona y lo estimula. Físicamente sigue igualito como el retrato
de Dorian Gray y su carácter intacto, amable, risueño, respetuoso y paciente,
como lo hace un buen maestro que domina el difícil arte de saber escuchar. Es él un hombre que se retroalimenta con lo
que escapa por la boca de su interlocutor, porque sabe bien que de todo se
aprende, bien o mal, pero se aprende. Ya fue él alcalde de San Fernando,
Tamaulipas, diputado local y funcionario de la Secretaria de Salud y,
hoy, es el Director del DIF estatal, un puesto en el que su figura crece rápido
porque sus cualidades le bastan para tejer con sus manos los delicados hilos
que mueven la hamaca de una de las áreas más sensible del gobierno, en apoyo a la
señora María del Pilar. De profesión médico, Gabriel de la Garza, como alcalde de
aquella población, salió sin mancha y con muy buena imagen porque no era un
hombre que concebía la equivocada idea de que su trabajo se
circunscribía a las cuatro paredes de una oficina como lo hace un burócrata. Porque el doctor también tiene su
corazoncito y aunque parece que no le agrada mucho recordar el siguiente
suceso, admite en un momento de su vida probó el sabor de lo que es ser un
rebelde con causa. Como alcalde y a petición de su pueblo que
clamaba orden, el doctor armó una estrategia para expulsar a la policía fiscal,
un movimiento campirano que cobro relevancia nacional y en el que fue
acompañado por la hoy Presidenta del Congreso, Guadalupe Flores Valdez, una
mujer de temple y de pocas palabras, pero de acciones reales y decisivas. Sin violencia y sin excesos, ambos
personajes defendieron a los campesinos de un verdugo que atentaba contra sus
modestos vehículos extranjeros, si, esos que no ingresaronal país ni por aire ni por el río y que los
agricultores utilizan para trasladarse de pueblo en pueblo. Ella y él se convirtieron entonces en
auténticos líderes porque tomaron entre sus manos una bandera blanca y la
levantaron en son de paz, algo que el gobierno federal entendió por las buenas
hasta que declinó y cesó el acoso. El, no midió los riesgos, solo se dejo
llevar por el fuerte impulso de defender a sus hermanos campesinos como debe de
ser el papel de una primera autoridad que está conciente de que su labor no es
solo administrativa. Lo observo, analizo sus gestos y sus
movimientos corporales y cada una de sus palabras y, de veras, que coincido con
muchos tamaulipecos que piensan que Gabriel absorbió mucho del Doctor Rodolfo
Torre Cantú, quién fue su jefe, su amigo y su compañero. Y es tal vez por eso que ahora él está
allí. Como tomado de su mano. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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