Por: Carlos Santamaría Ochoa06/03/2011 | Actualizada a las 17:28h
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La
presencia de Felipe Calderón en el evento del Partido Acción Nacional deja dos
mensajes poco satisfactorios a la población mexicana: el primero se refiere al
presidente: entendemos que FCH llegó a Los Pinos gracias a su partido, sin
embargo, el mandatario se ha olvidado que es presidente de TODOS los mexicanos,
y el segundo mensaje es más deprimente aún: ahora resulta que hay que ganar la elección,
aunque para ello –como ha sucedido- se tenga que buscar gente no afiliada al
PAN, o sea, cualquiera que pueda ganar, no importando la filosofía y
convicciones albiazules. En
Tamaulipas se ha tocado el tema de las alianzas y la verdad sea dicha, quienes
practican la política como tal aseguran que no son positivas, menos ahora que
hemos padecido un “amasiato político” entre dos fuerzas completamente
distintas: PAN y PRD, lo que nos deja un claro mensaje: “no importa con quien
llegar, sino ganar a como dé lugar; no importa si llegamos al poder para
gobernar: lo que importa es ganar al PRI”. Triste,
muy triste, sin lugar a dudas. Hemos
sido de la idea de que los gobernantes deberían abstenerse de cualquier acto
partidista. Recordamos cuando Heraclio Cepeda, aquel escritor sureño llegó a la
secretaría general de gobierno en Chiapas, y lo primero que hizo fue solicitar
licencia a su partido –PRD- argumentando que era servidor público para todos
los chiapanecos y no únicamente para los del sol azteca. Eso en cualquier parte
se llama congruencia y compromiso político. Hoy,
cualquiera llega y aprovecha los dineros públicos para hacer política en favor
de su partido, y eso es deshonesto y sucio por donde se le vea. Calderón
debería solicitar licencia y dejar de andar prometiendo cosas al PAN, porque,
finalmente, nos guste o no, estemos de acuerdo o en desacuerdo con él, somos
todos mexicanos y nos debe gobernar y favorecer a todos, no únicamente a su
grupo azul que la verdad sea dicha: en Tamaulipas no tiene una presencia
significativa gracias a la deshonestidad y ambición de sus integrantes de los
últimos años, que han servido de comparsa únicamente, y consideran que ser
oposición es renegar de todo lo que hacen los que tienen el puesto añorado por
ellos y perdido en las urnas. No
se vale, pues. En
el otro caso, que son las alianzas, siempre nos hemos manifestado en contra de
éstas, porque no es posible que un tipo que tiene la filosofía panista en su
sangre se una con uno que es más perredista que el propio PRD: no es
congruente, no es lógico y nadie lo ve bien. Imagine
el lector que llegue “Juanito” a Tamaulipas y diga: “yo soy amigo de Egidio y
por eso me vine para acá, y voy a ser candidato por el PRI”. En
el caso de los vividores de la política, eso es pan de todos los días: abundan
los traidores, los que cambian de piel, o como se les conoce: los chaqueteros. Tienen
la estúpida idea –no se le puede llamar de otra forma- de ganar por ganar y no
por querer gobernar. Un
claro ejemplo lo vemos a nivel nacional, cuando dicen los del PAN y del PRD que
se unirán para ganar a Peña Nieto. Aquí no importa la ideología, el plan
político, la gente o el partido, sino ganar a quien consideran el enemigo
número uno. Es
natural, pues, porque Enrique Peña Nieto tiene muchas cosas que estos
personajes nunca han soñado, y además, mueren de envidia porque el mexiquense
ha subido como la espuma. ¿Qué
culpa tiene su esposa Angélica Rivera de las carencias intelectuales y morales
de la oposición? Existen
algunas alianzas que se justifican porque buscan llegar a gobernar, porque sus
principios políticos son similares, pero… ¿PAN y PRD? Suponemos que si viviera
Maquío volvería a morir de vergüenza al saber lo que se ha hecho con el partido
de su corazón, o si alguna personalidad izquierdista viera esto, moriría de
pena también. No
son saludables, pero lo más grave: no se vale que a través del poder se
posicione a un partido político. Los electores no somos tontos, y cuando una
administración trabaja bien, votamos por ese partido, pero cuando surgen los
traidores y cínicos, simplemente retiramos el apoyo. Insistimos
en la idea de que sería muy saludable que los presidentes municipales,
gobernadores y presidente de la República solicitasen licencia durante su
gestión, para que no haya malos entendidos. Y
que los otros, los pequeños, los que no tiene siquiera confianza en sí
mismos, dejaran de emitir quejidos permanentes y se pusieran a trabajar para
ganar. No
se llega a gobernar con declaraciones ni con descalificaciones a otros partidos:
se llega con méritos propios, y en eso la población se ha fijado. No
dudamos que el PAN dejará Los Pinos en 2012, y tampoco dudamos que esas
alianzas formadas con el único propósito de “ganar al PRI” abortarán, acabarán
como los matrimonios forzados: condenados a una eminente separación. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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