Por: Carlos Santamaría Ochoa03/03/2011 | Actualizada a las 17:02h
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Los ciudadanos queremos
autoridades que cumplan en todos sentidos. Cuando vamos a votar, es porque
consideramos que tal o cual candidato y partido reúnen las características
necesarias para tal fin.
Todos pensamos igual, y en ese sentido, nos gusta que se respeten las leyes,
aunque no estemos de acuerdo con algunas que tienen que ver con cargas
tributarias y apego al respeto hacia los demás. Un ejemplo claro lo vemos en la
ley de tránsito, cuya finalidad es que usted y yo circulemos en forma adecuada,
con los beneficios que ello implica, pero que los demás hagan lo mismo, es
decir, que se respeten los lineamientos legales y que la gente piense que no es
la única en el mundo, ciudad o estado.
No podemos perjudicar a los demás pensando únicamente en nosotros. Muchos
olvidamos que los demás tienen el mismo derecho que nosotros para hacer lo que
estamos haciendo o transitar con la misma libertad; eso lo entiende cualquiera.
. . menos esos que lucran con los demás.
Tal es el caso de los que se dedican a “regularizar” unidades de fuerza motriz
que conocemos como “chocolates”, o sea, automóviles que han ingresado
irregularmente en la entidad, y que en otras palabras se entiende como
contrabando, y éste está prohibido por la ley. Así de claro.
La UCD se ha dedicado al enorme y gran negocio de la regularización de autos,
al igual que otras agrupaciones de corte aparentemente popular, y que lo único
que buscan es hacerse de dinero extra sin trabajar, pues.
Los que hemos realizado un enorme esfuerzo por tener un automóvil no vemos con
buenos ojos el que haya la cantidad que existe en Tamaulipas de automóviles sin
placas o con identificación del americano estado de Texas. Son gente que no ha
pagado impuestos y nunca lo hará.
Sobre la tenencia, siempre nos hemos manifestado en contra de la misma pensando
que es ilógico pagar por tener lo que ya tenemos y por disfrutarlo, sin
embargo, hemos tenido que hacer el mencionado pago que consideramos a todas
luces injusto.
La ley es la ley, pues.
El impuesto predial, el IVA y otros más los tenemos que cubrir, así de claro.
Y resulta que están ofertando de nueva cuenta la regularización de autos
ilegales, cuando no han pagado sus impuestos básicos. El argumento de siempre:
es para la gente de escasos recursos y éstos no tienen forma de pagar.
Es claro y sencillo: ¿Por qué no vamos todos a Europa? Porque no tenemos el
recurso para hacerlo, y quien lo tiene puede darse ese privilegio, gusto o
lujo, como lo quiera ver.
Si una persona considera que debe transitar en vehículo propio, suponemos que
debe ajustarse a las leyes correspondientes. No es nada justo en un país donde
se presume de que hay justicia social, el permitir a unos transitar en carros
que son producto de una actividad ilícita, ilegal, fuera de reglamento como es
el contrabando, y a otros se nos obligue a pagar tenencia, derechos
vehiculares, placas, engomado y demás.
O se es justo para todos o para nadie.
No aplica el que la gente no tiene dinero: a muchos no nos sobra y hacemos
grandes sacrificios mes a mes para cubrir el pago del automóvil que hemos
adquirido a crédito, sea en la agencia o el banco, pero finalmente, asumimos la
responsabilidad que hemos firmado, y no está bien que se permita o engañe a la
gente con la existencia de grupos “sociales” que quieren legalizar lo ilegal.
¿Dónde queda, pues, la ley?
Mucho hemos padecido estas injusticias y ahora vemos que los grupos se pelean
el privilegio de “servir” a los demás con un proceso de regularización que
prometen sin que sea una realidad.
El modus operandi es claro: juntan gente, la afilian, le dan una calcomanía y
ya, se puede andar en forma ilegal. Y si el automóvil es de bajo coste, de
malas condiciones, y además, participa en un accidente, la gente lo deja ahí,
se va y listo, no enfrenta su responsabilidad legal. No se vale: todos tenemos
los mismos derechos y obligaciones, o al menos, eso es lo que pensamos todos
los días.
En este sentido, bien harían las autoridades estatales y municipales en detener
a los autos que no cumplen con la ley, tanto éstos que comentamos como los que
circulan con placas viejas, hasta de 10 o 15 años de antigüedad: todos tenemos
que pagar lo que se debe.
Es, claro, una “papa caliente” para el departamento de Tránsito, pero los que
tratamos de cumplir con la ley esperamos que haya una autoridad justa y
enérgica, mas no prepotente, aclaramos, pero sí, que metan en cintura a quienes
circulan en forma no legal.
No se vale, sinceramente, que permitan que unos lo hagan y otros no, porque
entonces, vamos creando un grupo de esos fantasmas, hagamos calcomanías y
listo, nunca más se paguen impuestos, con el argumento de que todos somos
pobres, haya dinero de por medio o no.
Queremos justicia social en todos sentidos, así de claro.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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