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Sección: Editoriales / Entre Nos

Lucha

Por: Carlos Santamaría Ochoa 28/02/2011 | Actualizada a las 16:17h
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Todos en alguna parte de nuestra existencia conocemos gente valiosa y no tanto; los hay de todo tipo: agradables, inteligentes, nobles, sinceros, trabajadores, alegres, dicharacheros, tramposos, mentirosos, serios amargos y demás. La personalidad de las personas es tan variable que no terminaría nunca terapeuta alguno de describir los tipos de gente que existe, limitándose únicamente a este maravilloso lugar llamado Tamaulipas.

Le conocimos hace unos treinta años, cuando participábamos en actividades de corte laico en un movimiento de la Iglesia católica: el Movimiento Familiar Cristiano, donde tuvimos la oportunidad de conocerle, de aprender de ella y su increíble familia.

Años antes, Toño, su inseparable pareja, se desempeñó como gerente de la Cámara Nacional de Comercio en Victoria y el quehacer periodístico nos llevó en más de una ocasión a buscar su declaración, su dato, su opinión. Como siempre, Toño hizo derroche de su amabilidad, educación y cortesía, dones que únicamente tiene quien viene de buena cuna, porque éstos, como dicen algunos, “se maman en casa”. Toño siempre fue una excelente y fiable fuente de información.

Ya en el plano familiar, les tratamos hasta conocerles a ellos y sus hijos, con quienes compartimos muchas noches de reunión para tratar de apoyar a las familias victorenses con las pláticas pre matrimoniales o los cursos del método Billings.

Tuvimos oportunidad de conocer a la persona, al ser humano. Toño siempre dicharachero y alegre;  Lucha, también dejaba ver su fuerte personalidad cubierta de un amable manto que cobijaba todos los que llegábamos con alguna preocupación o angustia.

Siempre hacía gala de una impresionante fe religiosa y nos motivaba a hacer la oración para poder tener la fuerza suficiente que nos permitiera salir adelante, salvar los escollos, llegar a la meta deseada.

¡Cómo olvidar aquellos pavos navideños que cocinaba como nadie! Como una buena ama de casa, su “mano” para la cocina era única: siempre había un platillo preparado por ella que no tenía par: nos deleitábamos y pedíamos dos o tres veces más. La cocina de Lucha Ibarra era famosa, porque quizá, con el espíritu que siempre le acompañó existía la posibilidad de que algún ángel tuviera que ver con el manejo de los ingredientes o la forma de revolverlos, porque era un verdadero manjar divino lo que hacía.

No podría tomar cualquier cosa comestible porque la convertía en una única e insustituible pieza gastronómica. Lucha siempre compartió sus dones con los demás: nunca dejaba un secreto de esos “de familia”: nos decía cómo hacía qué cosa y compartía, como lo hizo durante muchos años que fungió como profesora.

Fue, según nos han dicho, de esas maestras que ya no hay: entregada, dedicada, amorosa con los alumnos pero a la vez exigente: daba un cariño con un grito de atención y por dentro, aunque podría tener un ceño adusto, estaba haciendo una plegaria por los que tenía enfrente para que el Señor los ayudase en todo momento.

Sus hijos seguramente tendrán una y mil historias que contar de Lucha, la madre, la esposa, la maestra, la amiga y la dirigente.

Años en la Iglesia compartimos y fueron años de amistad y aprendizaje. Las últimas veces que tuvimos oportunidad de saludarle, mostraba la huella de los años que había entregado a los demás, sin embargo, nunca dobló su alma y su espíritu, y eso lo saben quienes tomaron la decisión de ser parte de su vida: su esposo Antonio y sus hijos, sus nietos y sobrinos…

Todos los que compartimos algo con ella nos hemos quedado tristes por su partida, pero contentos a la vez, porque de este momento en adelante estará seguramente muy cerca de EL y le recomendará que nos envíe bendiciones y una luz para encontrar el camino a la felicidad que no siempre tiene que ver con el dinero.

Lucha Ibarra ha dejado de sufrir sus males físicos y hoy descansa en paz; hoy forma parte de esa lista de maravillosas personas que son llamadas para dar testimonio quizá desde arriba a muchos incrédulos o poco creyentes, a algunos ateos y personas que no han entendido las bondades de la FE y de quien nos prodiga bendiciones y protección.

La profesora, madre, esposa, amiga y compañera María de la Luz Hinojosa Terán descansa en paz, y nosotros entregamos la más sincera de nuestras plegarias al Creador por su eterno descanso, sabedores que ha partido con la enorme satisfacción de haber cumplido la tarea que le ha sido encomendada, por lo que siempre la recordaremos con mucho pero mucho cariño.

Lucha, hoy estarás en un lugar privilegiado: no te olvides de nosotros, y dile a quien está a tu lado que queremos vivir en paz, que queremos trabajar honestamente y vivir con decoro, que nos ayude a salir de esta crisis, porque agente como tú siempre le ha escuchado, porque dejaste la huella del ser humano bueno, excelente, insustituible, por eso nos unimos a Toño y tu familia, para desearte el mejor de los caminos donde te encuentres.

Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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