Por: Carlos Santamaría Ochoa26/02/2011 | Actualizada a las 16:49h
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En la
sociedad hay diversos tipos de personas que se constituyen en líderes de algún
sector de la sociedad: los líderes que buscan por sobre todas las cosas un
apoyo de las autoridades, argumentando que para eso es el gobierno: para dar a
los que no tienen, y llegan a pedir vivienda, trabajo, servicios y bienes y una
serie de aspectos que no a todos nos llegan.
La clase trabajadora vive al día: tenemos que buscar en cada amanecer la forma
de que llegue el recurso necesario que nos permita cubrir las necesidades
básicas de la familia: alimento, vivienda, servicios, educación, salud y otros
más, incluyendo recreación, que se convierte en una necesidad fundamental.
Pero abundan esos vividores disfrazados de líderes o dirigentes, que pretenden
que el gobierno mantenga a sus agremiados en todo, sin pensar en que somos, en
el caso de Tamaulipas, unos 3.5 millones de personas que queremos ser apoyados en
muchos aspectos, y que hemos tenido que sufrir carencias al por mayor,
producto, por una parte, de la crisis económica que México sufre, así como
cancelación de unos programas de asistencia y apoyo para dar vida a otros
similares, pero que de alguna manera dejan a muchos sin poder enfrentar sus
metas, retos o ilusiones.
El dinero del gobierno no alcanza porque somos una nación en crisis, y por otra
parte, porque la evasión fiscal es monumental: las autoridades correspondientes
no han sabido aplicar una justicia social equitativa en todos los ámbitos, y
como ejemplo tenemos el que se solape el hecho de transitar en un vehículo
introducido ilegalmente al país, que no paga derechos ni impuestos. Eso es
delito, sin embargo, autoridades se justifican diciendo que no pretenden
convertir, por ejemplo, el decomiso de unidades ilegales en un problema social.
Y así han surgido problemas de toda índole que impactan en la economía de los
demás.
El caso que nos ocupa, y perdonará el lector, pero es muy importante para todos,
es el referente a la salud: Felipe Calderón Hinojosa, presidente de México asegura
que el coste de la obesidad y el sobrepeso es, a la fecha, de 3 mil 500
millones de dólares por año en nuestro país, y que en la década que vivimos
puede ascender a 6 mil millones, es decir, casi se duplicará. ¿Por qué?
Porque muchos de esos “líderes” buscan que tengamos todos los servicios
referentes a la salud, de forma tal que se creó el llamado Seguro Popular que
ha venido a colapsar los servicios oficiales de asistencia a los mexicanos. No
hay presupuesto que pueda hacer frente a las necesidades de la población: hay
muchas personas que enferman y por cuestiones del “cuadro básico” no se les
puede otorgar el medicamento necesario.
Uno de los renglones que propician esta falta de atención en algunos rubros,
consideramos que surge de la manera en que millones de personas hacen caso
omiso a los médicos y por ende, el tratamiento lo dejan para después, con la
idea de que nunca les pasarán cosas graves.
Sucede que a millones nos entregan medicamentos cuando vamos a la consulta, y
un porcentaje importante no los toma, no atiende los tratamientos
correspondientes, lo que se convierte en un desperdicio de recursos. No se
vale, por ejemplo, que vayamos a consulta y recojamos medicinas y no tomemos
nada, que sigamos en descontrol, y eso aplica mayoritariamente a quienes
vivimos con diagnóstico de enfermedades crónico degenerativas tales como la
hipertensión arterial o diabetes mellitus.
Sabemos que son un par de “asesinos silenciosos”, que poco a poco matan si no
les controlamos; son incurables pero totalmente controlables, por lo que se
hace necesario el hecho de cuidar el tratamiento, apegarse al mismo y
justificar lo que el Estado gasta en nosotros.
Suponemos que si no se diera medicina a quienes no la emplean, podría
reorganizarse el gasto para los demás padecimientos que tienen muy pocas
oportunidades de cobertura total. Si la Ley federal y
estatal en la materia considerara la justificación de estos gastos, podríamos
pensar que el dinero se aplicaría de manera más equitativa. Vamos por partes: a
usted le atienden y le dan medicina: no las toma, por lo que se convierte el
recurso empleado en usted en un dinero tirado al caño, porque no se está
aprovechando.
¿Qué se puede hacer? Los diputados y servidores públicos del sector salud
podrían considerar un cambio en la ley donde se establezca que si el paciente
no atiende sus recomendaciones médicas no se le proporcione más apoyo, y esos
recursos, económicos o físicos, se entreguen a otros pacientes que lo merezcan.
Sí, es el dinero de todos, pero no se vale tirarlo por la borda, no aplicarlo y
solamente ir por él por el hecho de tenerlo en casa. Millones dejan sus
medicinas en el buró hasta que se caducan.
Pensamos que habrá críticas, pero bueno, es una propuesta que bien podría
justificar los gastos en muchos ámbitos médicos, y de esta forma, lograr que
haya, en materia de salud,una verdadera
y necesaria justicia social.
Es nuestro dinero, cierto, pero no se vale tirarlo ni desperdiciarlo. Mejor que
se lo den a quien lo sabe usar.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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