Por: Carlos Santamaría Ochoa24/02/2011 | Actualizada a las 17:18h
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La ceremonia del Día de la Bandera fue el marco
idóneo para que el gobernador de Tamaulipas Egidio Torre Cantú se pronunciara
sobre sus sentimientos hacia los tamaulipecos. Cuando dice que todos están
“jalando fuerte”, el mandatario explica mucho de lo que vivimos a diario en
cada uno de los 43 municipios de la entidad.
Siempre que hay una ceremonia de esta naturaleza se logra uno empapar de un
sentimiento patrio muy singular: el ver la enorme bandera, la escolta y banda
de guerra del Ejército mexicano nos transporta a otros puntos emocionales
dentro de los sentimientos que se tienen hacia una nación, tan castigada
últimamente por diversos motivos, pero tan grande como cada uno de los motivos
que tenemos más de 100 millones de mexicanos.
Entran en juego muchos sentimientos patrios hacia el país que nos da el nombre
y hacia el estado donde nos desenvolvemos, donde trabajamos o donde buscamos
seguir dentro del contexto productivo en aras de colaborar a la grandeza de la
tierra norteña y para que los nuestros tengan una forma decorosa de vivir.
Somos nosotros, los tamaulipecos, los que hemos de agradecer a la vida el
privilegio de haber nacido aquí, en la tierra del Bernal y donde un sinnúmero
de historias se entretejen a diario, y en las que se involucra a las personas y
las instituciones de toda índole, que conforman ese gran rompecabezas que
contiene todas nuestras raíces.
El evento se presta, sin duda alguna, y acrecienta el patriotismo que cada uno
de nosotros llevamos dentro, mismo que propicia el fuerte coraje que tenemos
para salir adelante, a pesar de situaciones tan adversas como sucede con la
enorme discriminación laboral de que somos objeto la mayoría, porque ¡vaya que
hay una sentida y marcada discriminación dirigida a muchos de nosotros!
Los factores que la propician son los referentes al tiempo de vida
principalmente: cuando tenemos una edad determinada que nos permite encontrar
la experiencia de los años, somos prácticamente inútiles a la patria que nos da
nombre y nacionalidad: los de más de cuarenta no servimos más y nos relegan,
dejando a nuestras familias en un estado de inhumana, injusta y discriminatoria
indefensión.
Pareciera que para poder trabajar se necesitara únicamente una buena relación y
no una adecuada capacidad intelectual o profesional. Pareciera, pues, que solo
los amigos llegarán a tener un buen empleo, y quienes no “gocemos” de estos
privilegios estamos condenados a padecer una época de hambruna que se reflejará
en los nuestros. No va por ahí, no en un lugar como nuestro México.
Curiosamente, en oriente, a más edad uno se convierte en más respetable y es
objeto de trabajos dignos de acuerdo a lo que hemos tejido a través de los
años.
En México, sucede prácticamente lo contario, y para muestra vemos un grupo de
inútiles delegados federarles en la entidad, que sirven para dos cosas, con
cero capacidad pero una justificada y declarada filiación albiazul como único
requisito a cumplir.
Y sucede en las entidades y los niveles municipal, estatal y federal: los
amigos y recomendados laborarán dignamente; para los demás… ¿para ellos?
Probablemente queden algunos puestos de menor escala, porque, finalmente, no
tenemos por qué entender sus necesidades.
Y luego, cuando tenemos la oportunidad de asistir a una ceremonia del Día de la
Bandera, nos nace de nuevo el espíritu nacionalista y queremos avanzar en esa
carrera dirigida al progreso que todos anhelamos alcanzar.
Cada uno de los elementos que conforman la ceremonia tiene un “algo” especial
que nos hace sentir mucho más mexicanos; pareciera que dependemos de un himno,
una marcial escolta o un soberbio lábaro patrio que ondea con el viento y nos
recuerda los orígenes de todo mexicano, a través de esos lienzos verde, blanco
y rojo, que, enmarcando águila nacional nos recuerdan en todo momento nuestra
forma mexicana de vivir.
Y en medio de ese mexicanísimo ambiente, nuestro gobernador Egidio Torre Cantú
abanderó a los niños y jóvenes que, seguramente, defenderán con sus propias
“armas” a México: las armas de la educación, la formación y capacitación,
porque seguramente serán ellos los mexicanos que dirijan al México de las
próximas décadas, y en ellos, simplemente, hay que sembrar la semilla del
patriotismo que muchos hemos perdido, aunque otros luchamos porque siga viva en
nosotros y los que nos rodean.
Dijo Egidio: “Honramos a la bandera porque representa todo lo que
hemos ganado como pueblo a lo largo de nuestra historia y también porque
simboliza lo mejor de nosotros, ya que con ella en la mano o en nuestros
corazones, podemos levantar la cara y decir con orgullo que somos un pueblo
soberano e independiente, amante de la libertad y en lucha permanente por la
igualdad y la justicia social”.
Nada más justo que el presente mensaje, en
situación peculiar, cuando más necesita México de sus hijos y su esfuerzo.
Queremos ser parte de este proyecto, no queremos discriminación, pues.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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