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Sección: Editoriales / Juego de ojos
Profesionalización para combatir al crimen
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
18/02/2011 | Actualizada a las 13:38h
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En
una entrega anterior me referí a la complejidad que ha adquirido el negocio del
narcotráfico, sus varias actividades ilícitas asociadas y el gran volumen de
recursos que maneja, lo que le ha convertido en una suerte de holding
cuya administración requiere competencias cada vez más profesionales, tanto
para operar en lo financiero como para blindar sus actividades de la acción de
la justicia.
Paralelamente,
las autoridades se han visto obligadas a recurrir a personal con perfiles
académicos más altos para poder hacer frente a este monstruo de mil cabezas que
opera en la clandestinidad. Esta profesionalización pasa por la recopilación y análisis
de datos que permitan tomar medidas para acotar el margen de maniobra de los
cárteles de la droga.
En
Estados Unidos, agencias como la Drug
Enforcement Administration (DEA) llevan a cabo tareas de acopio y
sistematización de información y tienen programas editoriales que orientan la
lucha contra el narcotráfico. Por ejemplo, una extensa tipología de las drogas
y un libro rojo para desmontar
laboratorios clandestinos coeditado con la Agencia para la Protección del Medio
Ambiente. La DEA publica dos boletines mensuales denominados Microgram y
Microgram LE dirigidos a los científicos forenses en el que se recogen
artículos producto de investigaciones científicas y textos técnicos sobre la
detección y análisis de sustancias sospechosas controladas con fines de
aplicación legal o forense.
La Oficina
de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos también tiene un amplio programa de
investigación y sistematización de información sobre diversos temas que se
relacionan con el crimen organizado, tales como tráfico de personas,
contrabando de dinero, tráfico de armas y lavado de dinero. La Oficina de Investigación
de Seguridad Nacional cuenta con diez mil empleados distribuidos en 200
ciudades de Estados Unidos y 46 más alrededor del mundo que proveen de
información para monitorear acciones que puedan estar relacionadas con el
crimen organizado. Es decir, con tareas de inteligencia.
También
en el vecino país, universidades y centros de investigación han tomado al
crimen organizado como objeto de estudio debido a sus repercusiones sociales.
El gobierno estadounidense se ha beneficiado de esta veta de la investigación
académica y en algunos casos la ha auspiciado o financiado. El objetivo de este
soporte es contar con una mirada sustentada tanto en las categorías
conceptuales de las ciencias sociales y económicas como en los métodos
cuantitativos y cualitativos para analizar este fenómeno económico, social,
policíaco y de salud pública que amenaza la paz y la seguridad de las naciones.
Entre
las instituciones de educación superior que se han ocupado del tema está el
Centro Internacional Woodrow Wilson, de la Universidad de San Diego. Esta
institución tiene publicado, entre otros, un trabajo de Douglas Farah sobre el
lavado de dinero y el contrabando de efectivo que citan los trabajos
gubernamentales. Otro trabajo académico sobre este tema (citado por el CESOP), es
el de Viridiana Ríos sobre el impacto económico del tráfico de drogas en México
publicado por el Departamento de Gobierno de la Universidad de Harvard.
El
gobierno de Estados Unidos también utiliza servicios de consultoría
especializados como el de la organización RAND que tiene entre sus clientes a
oficinas públicas y particulares.
La RAND
cuenta con un amplísimo equipo de investigadores, incluidos varios premios
Nobel, que ofrece a sus contratantes investigaciones especializadas para la
toma de decisiones en diferentes campos. En esta organización funciona el
Centro de Investigación de Políticas sobre Drogas que tiene al menos 46
publicaciones derivadas de otras tantas investigaciones y varias más en curso.
Sólo a manera de ejemplo, entre las investigaciones realizadas están el costo
del uso de metanfetaminas en Estados Unidos, un análisis del mercado de la
heroína y la cocaína, la estrategia de la administración Obama sobre las drogas
y estudios sobre los efectos de costo y consumo de la legalización de la
marihuana.
Organismos
internacionales como la ONU preparan e impulsan trabajos de investigación a
través de los acuerdos que suscriben los países miembros. La Oficina contra las
Drogas y el Delito de Naciones Unidas prepara informes periódicos sobre el tema.
Es el caso del Informe Mundial sobre las Drogas, cuya edición más reciente fue
la de 2010. La Convención contra el Tráfico Ilícito de Narcóticos y Sustancias
Psicotrópicas y la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional y
sus Protocolos incluyen acuerdos de investigaciones y las propias
presentaciones sobre el tema que deben entregar los países miembros son el
resorte que impulsa a contar con registros puntuales y organizados acerca de
estos tópicos.
En
México, el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de
Diputados preparó un informe extenso sobre el tema del narcotráfico, que cité
profusamente en una entrega anterior de JdO
y el cual refiere a varios de los trabajos publicados en México y Estados
Unidos sobre narcotráfico y crimen organizado, pero éste no es una oficina
dedicada específicamente a estos ámbitos. La Secretaría de Gobernación preparó
también el año anterior un informe sobre el fenómeno delictivo en México. Por
otra parte, la página del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, a
diferencia de sus pares estadounidenses, no se señala la realización de
trabajos de investigación cuyos resultados sean publicaciones de consulta.
Como
se puede ver, en México algunas dependencias se ocupan del estudio del
narcotráfico y la delincuencia asociada a él como trabajos especiales, pero no parece
haber una tarea académica de investigación consistente que aporte análisis
sobre este fenómeno. Quizá el trabajo de investigación de esta naturaleza más
relevante lo lleva a cabo la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público, concebida como área operativa para detectar
movimientos financieros sospechosos.
La
ausencia institucional del trabajo de investigación en México ha sido suplida
por los trabajos periodísticos que, en muchos casos, han realizado el verdadero
trabajo de inteligencia que se requiere para enfrentar al crimen organizado.
Entre los resultados de estos trabajos hay varios libros: El cártel incómodo
de José Reveles; El Cártel de Sinaloa de Diego Enrique Osorno; La
herencia maldita: el reto de Calderón y el nuevo mapa del narcotráfico de
Ricardo Ravelo; Miss Narco. Belleza,
poder y violencia: Historias reales de mujeres en el narcotráfico
mexicano de Javier Valdés Cárdenas; Los señores del narco de Anabel
Hernández y Narcotráfico: el gran desafío de Calderón de Alejandro
Gutiérrez. Jorge Fernández Menéndez tiene varios títulos dedicados al tema: De
los maras a los zetas. Los secretos del narcotráfico de Colombia a Chicago; Las
FARC en México; De la política al narcotráfico y El otro poder: las
redes del narcotráfico, la política y la violencia en México. El año
anterior, la revista Nexos preparó un
informe especial sobre la legalización de las drogas. Este recuento no es
exhaustivo.
Jesús
Blancornelas dedicó parte importante de su vida profesional al estudio del
narcotráfico cuyos resultados recogió puntualmente durante varios años en el
semanario Zeta de Tijuana. En forma de libro están El Cártel y En
estado de alerta: periodistas y gobierno frente al narcotráfico.
Estos
trabajos deberían ser mejor reconocidos por las dependencias gubernamentales
como importantes fuentes de información y auspiciar investigaciones
específicas, de manera transparente y abierta, para acudir a quienes tienen
experiencia en el tema, con lo cual se llenaría el vacío de información y
análisis que resulta cada vez más notorio en la lucha contra la delincuencia
organizada. Así como se profesionaliza la delincuencia, el trabajo que la
combate no debería quedarse atrás.
Profesor – investigador en el Departamento de
Ciencias Sociales de la UPAEP Puebla.
16|/2/11
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