Por: Carlos Santamaría Ochoa17/02/2011 | Actualizada a las 16:38h
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Algunos cuando tenemos la maravillosa
oportunidad de ser padres, buscamos las mejores escuelas para nuestros hijos;
mucho nos gustaría, por ejemplo, que pudieran ir a instituciones como Harvard o
Yale, que desarrollaran sus primeros estudios profesionales en sitios como el
“Tec” de Monterrey o la Universidad Iberoamericana, por citar solamente algunos
ejemplos. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos, aunque en la mayoría de
las ocasiones el deseo que tenemos y la realidad distan mucho entre sí: somos
un país en crisis económica y no podemos darnos muchos lujos de esta
naturaleza.
Pero la formación comienza en las estancias o
jardines de niños, para seguir en la primaria, secundaria, bachillerato y,
finalmente, llegar a los estudios profesionales.
De esta forma, procuramos por todos los
medios el que puedan ser inscritos en escuelas de excelencia: el CENDI de la
Universidad Autónoma de Tamaulipas es una clara muestra de esta calidad. En el
campo de las primarias, Victoria tiene algunas instituciones oficiales cuya
calidad es histórica: la escuela Lauro Aguirre, la Leona Vicario, la Club
Rotario y muchas más, sin dejar a un lado las privadas que tienen su calidad
casi intocable, pese a que ya se encuentran profesores con poca capacidad para
enseñar.
Los programas educativos están hechos para
que dure un curso 200 días, los cuales nunca se completan gracias, por un
lado, a la serie de puentes y suspensiones de los maestros, y por otra, a la
holganza con que se comportan los profesores que se amparan en un sindicato
numeroso, mediocre y conflictivo, y para muestra, podemos ver lo que ha
sucedido en Oaxaca esta semana, cuando por nada los pseudo profesores han
tomado las calles, agredido a cuerpos de seguridad, robado, asaltado e
incendiado comercios, por mencionar solamente algunas cosas.
Tamaulipas no es muy ajeno a lo que pasa
allá: también tenemos un sindicato que propicia la holganza, así como un
programa educativo que no tiene objetivo de enseñar a los niños y jóvenes sino
CUMPLIR con los temas y clases.
Los profesores llenan sus informes y siempre
cumplen con todo, aunque para ello haya que hacer una serie de acciones a todas
luces fraudulentas.
La temporada de heladas dejó en nuestros
hijos una satisfacción propia de los infantes: los días de suspensión de clases
se quedaron felices en casa, con cobijas hasta la nariz y los juegos a la mano.
Se perdieron días de clases que no se atribuyen a institución o persona alguna,
sino al gélido clima imperante que aparte de los daños en producción nos ha
dejado daños colaterales, frase favorita de algunos funcionarios federales.
Resulta que ahora los muchachos no son objeto
de dictado por parte de sus mentores; tampoco investigan, ya que hoy se les
entregan copias fotostáticas con cuestionarios referentes a cada lección, y
para “emparejarse” por la suspensión de clases que vivimos todos, los
profesores dejan como tarea para la casa el contestar hasta ¡CUATRO lecciones
en una tarde!
Imanemos que en una tarde pasa la historia de
México desde la Reforma a la Independencia, o que se puede entender el fenómeno
del clima, superficies, ríos y montañas de nuestro país en una hora. Nada hay
más alejado que estos métodos poco pedagógicos, pero solapados por autoridades
escolares y sindicales.
Al cabo que, lo que importa, es concluir
exitosamente el programa. Y los estudiantes, ¿aprendieron? No se trata de eso,
se trata de presumir que cumplimos con los programas.
El padre de familia de una escuela oficial
sabe que lo anterior es totalmente real, y que la calidad educativa de nuestros
hijos ya no está garantizada siquiera en aquellas escuelas que eran un ícono de
la educación en Tamaulipas.
Hoy, los profesores prefieren hacer un
cuestionario similar a las pruebas ENLACE, para repasarlo y memorizarlo en
clase una y mil veces, para que, cuando se llegue la fecha, los niños contesten
adecuadamente y ellos, los maestros, ganen sus estímulos, sin importar lo que
hayan aprendido nuestros hijos.
Este fenómeno es más grave que cualquier
grilla sindical, que ¡vaya que se presenta a cada momento! Los profesores no
tienen algo que se llama vocación: asisten por un salario y para avanzar en la
llamada “carrera magisterial” y otras cosas como es el escalafón en educación.
Lo demás, ya lo dijimos: no importa, en tanto los informes indiquen que se
cumplió cabalmente con el programa.
¿Eso queremos para nuestros hijos? Claro que no, y
todos lo sabemos, pero no nos dejan elección: con el coste de las escuelas
privadas y la mala calidad educativa, nuestros herederos están condenados a
seguir siendo los muchachos carentes de mentalidad investigadora y analítica, y
se han reducido simplemente a ser copiadores de cuestionarios, memorizadores de
respuestas que no entienden en su contenido, o en simples “pericos” que repetirán
los incisos que les han enseñado, de memoria, para que en el ENLACE salgan
bien. Estos son los daños colaterales graves que deja el mal clima.
Nadie pidió suspensión por el clima, nadie lo
hizo a propósito, era una cuestión de cuidar la salud de los estudiantes, pero
el daño, el daño, ¿por qué se permiten estas trampas de los mentores y el mismo
sistema?
Algo habría que hacer al respecto, porque los
paganos serán nuestros hijos, nadie más.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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