Por: Carlos Santamaría Ochoa15/02/2011 | Actualizada a las 15:58h
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Finalmente,
el gobierno federal perdió el miedo al duopolio televisivo nacional y decidió
meter en cintura a quienes, amparados por la prepotencia y falta de ética se
cobijaron en la prensa para engañar a millones de mexicanos. La Cofepris
–Comisión Federal Para la Protección de Riesgos Sanitarios” decidió dar de baja
a los llamados productos “milagro”, que no son más que una sacadera de dinero a
la gente ignorante o necesitada quizá de un auténtico milagro, en aras de
encontrar la cura a diversos males, entre los que se cuenta la diabetes,
hipertensión, cáncer, gota, insomnio, impotencia y, por supuesto, el SIDA y
otras afecciones más. Argumenta
la dependencia que hay un vacío legal para regular los llamados “productos
milagro” en el sentido del manejo de la publicidad. Llama poderosamente la
atención que los directivos de Televisa y TV Azteca se jactan de ser personas
honorables, decentes, con una moral por las nubes, y aun así permiten que sus
empresas tomen el pelo a la gente. Nadie puede evitar ver esos mal llamados
“infomerciales”, que debieran llamarse “fraudemerciales”, porque salen
testimonios de artistas, pagados por las televisoras, que aseguran que plantas
como malungai y otras curan todo. Ahora
resulta que los millones de doctores que hay en México son un poco tontos,
porque se la pasan estudiando más de una década las artes de la medicina,
ignorando que una simple plantita cura prácticamente todo, y encima de esto,
nos hace ver jóvenes, porque reduce arrugas, nos convierte en seres agradables
y no conforme con eso, nos proporciona la potencia sexual que los años se
encargan de disminuir gradualmente. Tontos
ellos que estudiaron sin saber que por 300 o 600 pesitos la gente se iba a
curar de todo. Pero
grave también es el hecho de que se dedican horas enteras en la “caja idiota”
para enajenar a la población con aparatos que, en diez días dejan a quien tiene
cuerpo de elefante en un auténtico Atlas, o para lograr que una enfermedad que
ha dejado ciegos, mutilados y afectados a millones en el mundo, se cure con un
frasquito de cápsulas que tienen ciertas “yerbitas”. ¿Quién
es más culpable? Las autoridades que se dejan engañar, los empresarios de la
televisión que permiten esos anuncios, las fábricas de productos milagrosos o
los que caemos en sus apestosas y enormes garras. Todos tenemos parte de culpa,
pero los “decentes” empresarios insisten en que no hay nada malo, y todavía, la
autoridad dice que hay vacíos legales. La
Ley de Salud en el país marca muchos lineamientos a seguir, y uno de ellos
prohíbe el fraude, los anuncios fraudulentos, las mentiras y el chantaje, lo
cual, en todos estos rubros y más, se presenta a partir de las 23 o 24 horas en
las televisoras que manejan el tiempo de los mexicanos, y el presupuesto de las
dependencias, so pena de atacarlos en sus espacios “informativos” por no hacer
convenios de colaboración. Millones
se llevan, pero quieren más: insaciables, ambiciosos y otras cosas más que no
se pueden publicar. Entre
los productos está el Chardón de Marié, Prostaliv, Prostamax, Pliz, hongo
michacano, Malunggay, Pso exacto, Skinny shot, Puassace, Charakani, Purifhigado
y Cold heat extreme. Aquí
lo que cabe es que dejen de comercializarse, y que se cumpla al pie de la letra
la ley de salud, y que los que anuncian privilegios o milagros y no son
apegados a la legalidad, que se les prohíba salir al aire y se les sancione
duramente. Cárcel, dinero y muchas otras cosas más, como clausura definitiva. Tiene
que entender el gobierno federal que con estos productos se juega con la salud
de los mexicanos; de por sí, el que no haya un cuadro básico suficiente es una
grave anomalía, hay que imaginar lo que pasa con estos productos. Resulta
que productos como el Malunggay tienen efectos negativos en el organismo.
Muchos más tienen consecuencias que a veces no se pueden subsanar. Es
aquí cuando pensamos ¿Dónde están los diputados? En lugar de andar poniendo
pancartas denunciando supuestas anomalías, deberían constituirse en verdaderos
representantes nuestros, hacer lo que deben, y tomar el papel que la historia
les concede. En
estos casos, los culpables son los dueños de televisoras, ambiciosos que solo
ven el negocio de los comerciales, los laboratorios fraudulentos, los que
comercializan y las autoridades que permiten estas cosas. Tan grave es esto
como permitir que se cometan ilícitos a la luz del día. Hace
falta mucha energía en la autoridad, pero también el compromiso de los
legisladores y gente involucrada. Bien por Salud, que aunque tarde, está
actuando, pero mejor aún si los dueños de televisoras pierden un poco el amor
al dinero y se suman a su acción responsable, como marca el código de ética de
la comunicación de masas. Esos,
los que cobran por los anuncias, debieran darles, al menos, cadena perpetua,
por el daño que ocasionan a los demás. Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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