Por: Carlos Santamaría Ochoa14/02/2011 | Actualizada a las 16:38h
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En aquellos tiempos de trabajo intenso en el
Hospital General de Ciudad Victoria, “Dr. Norberto Treviño Zapata”, vivíamos
casos de mujeres que llegaban golpeadas a urgencias.
No crea el lector que presentaban un hematoma o una escoriación: a veces
ingresaban en estado crítico por la naturaleza de las lesiones, sin embargo,
poco o nada se podía hacer al respecto. ¿Por qué?
Cuando el personal de Trabajo Social tomaba
conocimiento, debía avisar a las autoridades judiciales, y exhortaban a las
mujeres a presentar la denuncia correspondiente; algunos casos eran
reiterativos, es decir, damas que eran golpeadas una y otra vez… pero no
dejaban el “hogar”.
Llegamos a escuchar comentarios como “me pega
porque me quiere” o un “a usted qué le importa, así es mi viejo” y otras
similares que ponen de manifiesto no solamente la brutalidad de aquellos
individuos que se jactan de ser hombres, la sumisión existente en un buen
número de mujeres que consideran que es “normal” que les pegue su pareja,
porque así debe de ser, simple y sencillamente.
Datos escalofriantes revelan la realidad en
el mundo. En México,
de 7 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, el 76 por ciento ha padecido
violencia psicológica de parte de su pareja, el 15 por ciento ha enfrentado
agresiones físicas, y 16.5 por ciento ha tenido que soportar la violencia
sexual de su pareja.
No es exclusivo de mujeres que aguantan golpes: también los varones son objeto
de este tipo de actitudes poco prudentes. La Encuesta Nacional de Violencia en
las relaciones de noviazgo, llevada a cabo por el INEGI nos pone de manifiesto
que hay actos violentos que nunca son denunciados, y en tanto la gente afectada
no anteponga su demanda, la autoridad poco o nade puede hacer.
No se justifica por ningún motivo el hecho de agredir a la pareja, a alguien
del sexo opuesto. Grupos feministas acusan al varón de ser casi un salvaje
golpeador, y desgraciadamente tienen razón en parte, aunque insistimos, también
se presentan casos en varones.
Los golpes han dejado a la vista de muchos aquella frase de “pégame, pero no me
dejes” que hemos escuchado en todos los ambientes. No es nada sana la misma y
no deja buenas cosas. Se afirma que cuando hay violencia en una pareja,
prácticamente el amor se ha desintegrado, ha desaparecido y queda únicamente la
costumbre o la terquedad de seguir con tal o cual persona.
Un 33 por ciento de los jóvenes que participaron en la encuesta reveló haber
buscado ayuda en sus amigos, aunque encontraron en la mayoría de los casos que
eran víctimas de la misma situación.
¿Qué se debe hacer, entonces?
Hay programas y campañas muy intensas que desalientan
el uso de la violencia y promueven el derecho a denunciar como una obligación
moral de cada persona. Quien permite que se haga uso de cualquier tipo de
agresión en su persona está siendo cómplice de aquella persona salvaje que la
utiliza. Nada hay que justifique lo anterior.
Si el problema fuera tan severo, pues hay que
buscar la forma de dejar a esa pareja, reiniciar una vida y volver a la
búsqueda de alguien con quien podamos compartir la felicidad.
Otros datos interesantes: 1 de cada 10 jóvenes que han sido objeto de violencia
vivió lo mismo en sus hogares, y 2 de cada diez vivieron en hogares donde los
insultos eran pan de cada día. Las adicciones al tabaco, alcohol y drogas
tienen que ver con la conducta violenta en más de la mitad de los casos.
El último dato: 60 por ciento fueron mujeres
y 46 por ciento varones, lo que pone de manifiesto que el problema implica a
ambos sexos. Los dos tenemos esta situación, y muchas ocasiones no queremos
hacer nada por temor a perder a la pareja, a la que consideramos la indicada
para hacer nuestra vida, pero…¿a golpes?
¿Será ésta la forma de amarse?
Consideramos que hay que tomar medidas
urgentes. Autoridades de todos los niveles deben incrementar sus programas
tendientes a desalentar la violencia, pero la sociedad también tiene que hacer
la parte que le corresponde, porque resulta que todo lo dejamos a los que
gobiernan, cuando las consecuencias y las acciones graves provienen
precisamente del hogar de nosotros mismos.
Insistimos en que la agresividad no es
prudente en este sentido, y que se debe combatir esta ilógica práctica “de
amor”; los seres humanos estamos llamados a vivir en sociedad, en comunidad, en
pareja, pero de una forma que podamos desarrollarnos y desenvolvernos en forma
adecuada.
No es justificable por ningún motivo el dejar
que existan golpes o maltrato psicológico o verbal: no es para nosotros, seamos
varones o mujeres, y nada tiene que ver una actitud machista o feminista, sino
que tiene mucho que ver la actitud estúpida y poco prudente de quien emplea la
violencia.
Recordemos que el cobarde vive mientras el
valiente quiere, como dice aquel refrán, por lo que hacemos el llamado a
vivir con dignidad en todos sentidos, dejando a un lado la agresividad en todas
sus manifestaciones.
Es hora de no permitirnos ser vejados, pero
depende de cada uno de nosotros.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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