Por: Carlos Cortez García12/02/2011 | Actualizada a las 18:05h
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Después
de 18 días de intenso conflicto, Hosni Mubarak cayó, tuvo que abandonar Egipto
y entregar el poder. Ni las armas del fascista pudieron con la voluntad y el
hartazgo de un pueblo; ni todo el dinero ni todos los soldados fueron
suficientes para enfrentar el enojo de una sociedad ofendida, deprimida y con
hambre. Y ese ha sido el final a lo largo de la historia de muchos que se han
sentido dueños de la situación, poderosos, emblemáticamente intocables, y su
destino final es el destierro.
Así
le pasó hoy a Hosni Mubarak quien tras treinta años de abusos del poder, tuvo
que salir por la puerta de atrás, dejando un pueblo con frustrado, y con hambre,
desánimo y desesperanza, cediendo los poderes a un ejército que se presupone
seguirá siendo más de lo mismo. Así le pasó a Ben Alí, quien gobernó Túnez durante 23 años, y salió
corrido del país que decía “gobernar”; Alí dimitió a su cargo y tuvo que ceder
el poder, que no el control, al primer ministro. De eso hace un mes y las
protestas y manifestaciones contra el desempleo, la debacle económica y el mal
gobierno aún persisten.
Y eso le pasó en su momento a Jean Claude Duvalier
en Haití. Y también le pasó a Anastacio Somoza en Nicaragua. Y así le ha
sucedido a todos quienes abusan del poder; ese patrón se repite a quienes se
sienten dueños del poder, la verdad y la vida de sus gobernados. En México,
tenemos ejemplos y en Tamaulipas también.
Ahí está el caso de Joaquín Hernández
Galicia, La Quina, “líder moral del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la
República Mexicana”, quien el 10 de enero de 1989 fue encarcelado y sometido a
proceso judicial, y dejó de ejercer el poder a plenitud en el Sindicato y en el
país. Ahí también, el caso de Carlos Jonguitud Barrios, quien en 1989, tras la
caída y encarcelamiento de La Quina, dejó el Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Educación, en “más vale un ahí corrió que ahí quedó”.
También en San Luis Potosí, en 1991, a tan
sólo catorce días de haber tomado posesión de la gubernatura del estado, Fausto
Zapata Loredo se vio obligado a renunciar al cargo tras la marcha emprendida
por Salvador Nava Martínez a la Ciudad de México, para denunciar un “supuesto
fraude electoral” que nunca se demostró. Algo parecido ocurrió en Guanajuato,
cuando el ganador del proceso electoral, Ramón Aguirre Velázquez, debido a
presiones panistas también acusándolo de presunto fraude electoral, renunció
antes de tomar posesión del encargo.
¿Casos de Gobernadores mexicanos
renunciados a sus cargos? En Nuevo León, Sócrates Rizo, amigo personalísimo del
ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, tuvo que renunciar a su cargo
el 18 de abril de 1996, en medio de una profunda crisis política en la entidad
que gobernaba. En San Luis Potosí, también cayó Florencio Salazar Martínez del
poder, a menos de dos años de haber tomado posesión del cargo, en las mismas
circunstancias.
Eduardo Robledo Rincón, entró al Palacio de
Gobierno de Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas y a menos de setenta días de haber
tomado posesión del cargo como gobernador de Chiapas, tuvo que dejar el cargo
con una “licencia temporal”, y nunca más regresó a la gubernatura del estado. A
Robledo, le hizo presión el movimiento zapatista del EZLN, iniciado el primero
de enero de 1994, movimiento que le acompañó a lo largo de su campaña electoral
y durante su efímero paso por el poder.
Estas historias del poder fallido no son todas,
son sólo una muestra. Hay muchas más de las que podríamos hablar. Sin embargo,
el común denominador de todas es que el poder por el poder no lo es todo. El
poder sin política no hace historia. El poder sin sentido ni dirección, lleva a
la nada, al vacío, al precipicio.
Es todo por hoy en el Hipódromo. Cualquier
comentario será bien recibido en carlos.cortesg@hotmail.com.
O www.lineaagata.com.
Carlos Cortez
Columnista.
Su colaboración Hipódromo Político es publicada en diversos medios de Tamaulipas
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