Por: Carlos Santamaría Ochoa11/02/2011 | Actualizada a las 16:48h
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Hemos visto esta frase una y mil veces, pero
desgraciadamente, no pasa mucho que digamos: la ley, y lo sabemos muchos, no
aplica en forma uniforme entre los ciudadanos.
Hay casos en los que un individuo comete un ilícito y se le otorga la
oportunidad de enmendar la falta y listo, se acabó el problema y recupera su
libertad y una “honorabilidad” conseguida a través de sumas fuertes de dinero,
pero no de una trayectoria que la sociedad conozca y avale como adecuada.
Los que infringen una ley deben atenerse a las
consecuencias, y esa es la máxima del derecho, que busca que los ordenamientos
emanados de los Congresos, federal y locales, se lleven a cabo al pie de la
letra.
Cierto es también que las leyes tienen una serie de
artículos, capítulos y demás, que algunos les llamamos “recovecos” y que
permiten que quien comete un delito pueda librar la cárcel o inclusive una
sentencia que puede ser económica.
Pero hay de todo y para todos.
En el Congreso se hacen las leyes y por lógica todos
esperamos que nuestros legisladores sean escrupulosos observadores de los
lineamientos que permiten una convivencia adecuada. Los diputados deben ser
honorables en todos sentidos, porque representan lo más importante de una
comunidad: su gente. Así de sencillo.
Y en el caso de Tamaulipas, la diputada Guadalupe Flores
de Suárez ha iniciado su gestión como presidente de la Gran Comisión
fundamentando la labor parlamentaria en el diálogo y estricto apego a las
leyes; a la diputada se le conoce muy bien en la entidad porque ha ostentado
diversos cargos de elección popular y partidistas, y dicho sea con honestidad,
los ha llevado de buena manera, lo que le ha valido seguir siendo tomada en
cuenta.
Hay muchos diputados que tienen cualidades humanas
transparentes, sin embargo, en ninguna parte del mundo podemos estar ajenos a
que se cuele alguna persona poco honorable, es decir que en todas partes
podemos encontrar a los tramposos que nunca faltan y hacen de las suyas.
El secretario de un diputado, hace varios años, pagó un
servicio con un cheque sin fondos.
El reclamo no se hizo esperar por el afectado, a lo que recibió como respuesta:
“no te preocupes, cheques rebotados a todos nos pasa, es lo más natural”. El
enojo del ciudadano fue inmediato: “a todos no, porque yo no vivo de trampas,
así que págame, pero en efectivo”.
Anécdotas verdaderas como éstas hay miles, y dentro de la
administración pública hemos visto desfilar también a gente de todos los
niveles de honorabilidad, desde los que cumplen cabalmente con su trabajo hasta
los que aprovechan todo lo que está frente a ellos para beneficio personal.
Así, tenemos funcionarios y alcaldes que tienen vehículos
oficiales para ellos y sus familiares, pero no es todo, porque en cada ocasión
que salen a comer a algún restaurante, pagan y piden la factura: “házmela a
nombre de gobierno”, dicen, y obviamente, esto se va a las arcas del estado,
cuando no tenemos por qué pagar los lujos que ostentan sin merecerlos.
Aclaramos que hay de todo: los tenemos también que pagan
todas sus cuentas y se movilizan en sus vehículos particulares, pero el caso es
que muchas de esas irregularidades son sometidas a una “aprobación” de los
mismos malos servidores públicos.
Y ¿luego? Dirían algunos: vienen las revisiones o las
grandes deudas que dejan a las siguientes administraciones, y es cuando todos
pegamos el grito en el cielo, aunque casi siempre es muy tarde, porque ya no
están y no quieren hacer lo que se llama “cacería de brujas”, o por otro tipo
de compromisos.
Es delito ejecutar obras y cobrarlas sin haber hecho lo
que prometieron; es delito, también, pagar la escuela de los hijos de
servidores públicos con fondos de becas cuando los muchachos no tienen
calificaciones para ello. También se considera delito viajar de vacaciones con
cargo al gobierno, porque no tenemos por qué hacerlo los contribuyentes, que,
finalmente, somos los que cubrimos esos gastos.
El Congreso tamaulipeco tiene hoy la misión de solicitar
una exhaustiva revisión de las cuentas de ex alcaldes y es titulares de
organismos públicos descentralizados en los que exista la duda.
No pasa nada. Si la gestión se llevó a cabo con toda
transparencia, lo único que harán las auditorías será avalar la buena decisión
de haber tenido a un servidor de esa talla. En caso contrario, podrán ser la
causa de una denuncia de tipo judicial que puede concluir en castigo penal.
No tenemos por qué solapar a nadie. Algunos burócratas se
quejan de haber sido despedidos por haberse llevado unos lápices o plumas, o
por haber hecho uso de las copiadoras para uso personal, pero critican a
aquellos que se sirven con la cuchara grande.
Tenemos un gobierno fuerte, duro, exigente, y también
contamos con diputados que quieren dejar una huella en la sociedad.
La oportunidad está enfrente: es momento de checar las
cuentas de todos, aunque hoy tengan fuero, y de haber encontrado
irregularidades, lo menos que se puede pedir, tanto del Legislativo como del
Ejecutivo, que hagan caer todo el peso de la ley para quien defraudó la
confianza de los gobernantes y de los que votamos por ellos.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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