Por: Carlos Santamaría Ochoa10/02/2011 | Actualizada a las 15:36h
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Hablar de
investigación en nuestro país pareciera que es un tabú; por miles se cuentan a
las personas que descalifican el que haya gente calificada para hacer eso que
se lleva tiempo y esfuerzo en gran escala. Somos un tanto malinchistas y cuando
leemos alguna noticia relacionada con nuestros investigadores, la minimizamos
hasta que la confirman autoridades científicas de otras naciones. La verdad
es que México cuenta con excelentes representantes del campo de la
investigación en todos sus campos. Triste resulta escuchara algunas personas que consideran todavía
más, que los universitarios locales no podemos aspirar al título de
investigador: como que se nos hace demasiado ruidoso para que alguien se
ostente como tal. Lo descalificamos, no aprobamos lo que hace y además, dudamos
de los resultados, aunque hayan sido presentados en foros donde la ciencia y la
investigación son la base. Cierto es
que algunas áreas del conocimiento tienen más difusión en sus trabajos de
investigación, quizá por la trascendencia inmediata que les une con el sector
productivo. Veterinarios,
agrónomos, médicos, quizá son los que más prestigio tienen en la sociedad, pero
no podemos dejar a un lado a quienes hacen investigación social. El ex
rector Humberto Filizola Haces creó en la Universidad Autónoma de Tamaulipas el
Instituto de Investigaciones Sociales que dirige la maestra Cecilia Montemayor
Marín, y en el seno de esta instancia académica se han dado a conocer una serie
de trabajos que tienen como intención principal el incidir en la sociedad en
forma positiva. Si nos
damos una vuelta por las bibliotecas de las unidades académicas y facultades,
veremos que hay pocos trabajos de tesis para aspirar a un grado, sea de
licenciatura, maestría o doctorado. Los estudiantes han hecho uso de las
prerrogativas que implica por ejemplo el presentar un examen general de
materias o realizar esos cursos sustitutivos de tesis que, en muchas ocasiones,
no son más que un conducto para que los jóvenes obtengan el título a costa de
pagar el mismo tiempo de estudio adicional. No es precisamente lo mejor, y eso
lo saben las autoridades de la UAT, que promueven entre su base estudiantil el
que se hagan trabajos de tesis. Pero la
UAT tiene un programa muy interesante que es el concurso anual de tesis de
calidad a todo nivel: licenciatura, maestría, doctorado e inclusive los
trabajos de quienes no buscaron algún título académico, pero se significaron
por su intenso trabajo de investigación. En la
semana que está por concluir se llevó a cabo la asamblea universitaria en la
que el Alma Mater tamaulipeca entregó los reconocimientos a estudiantes por
haber obtenido el reconocimiento social y del campo de la investigación. Resulta
halagador ver que hay gente que se dedica a realizar tareas de esta naturaleza,
y que tiene una gran trascendencia en el campo de su profesión. El rector
José María Leal Gutiérrez encabezó la referida asamblea en la que,
definitivamente, lo más importante fue la entrega de los reconocimientos de
referencia a quienes lo merecen por su dedicación y por su entusiasmo para
trascender en la sociedad científica local, nacional e internacional. Ahí se
dieron cita los orgullosos poseedores de los diplomas que los acreditan como
investigadores de calidad. Leal entregó en su discurso el agradecimiento y
reconocimiento para los acreedores a estos reconocimientos. Ahora, lo
importante, suponemos nosotros, será que estas investigaciones se lleven al
campo del desarrollo cotidiano de la sociedad en que vivimos. De nada valdría
hacer todo un trabajo con la metodología adecuada si no trasciende. No se puede
pensar en investigar para la biblioteca o solamente para obtener un grado. No
es para eso la investigación. Pensemos
que los grandes adelantos en todo ámbito en que interviene el ser humano están
precedidos de un sinnúmero de investigaciones; algunas no han llegado al éxito
por la naturaleza de su esencia, pero otras han sido inclusive la base para que
un nuevo elemento concluya algo en bien de los demás. Así nacen
vacunas, medicamentos, aparatos y demás cosas que utilizamos a diario sin
pensar siquiera en las muchas horas que invirtieron los investigadores. Se dice
fácil, pero en las facultades hay poca gente que se dedica a la investigación,
quizá porque no se promueve adecuadamente o porque los investigadores no son
suficientemente motivados. Si bien
es cierto que la satisfacción de llegar a una conclusión en este tipo de trabajos
es lo mejor que puede sucederle a alguien, el aspecto material es importante.
Cuando no hay dinero en la casa, en la bolsa y se tiene hambre, en definitiva,
no se puede pensar adecuadamente. Y eso lo
saben las autoridades nacionales, estatales, locales y universitarias, por eso
pensamos que además de aplaudir la iniciativa de la UAT que tiene ya muchos
años, se debe promover un estímulo mayor para esta clase de ciudadanos, que
dejan muchos días de su vida en aras de dejarnos algo útil a los demás. Debe
haber mayores recursos, y también sería muy interesante que las universidades
públicas, incluida la nuestra, reconocieran a los investigadores con un salario
que les permita vivir decorosamente, simplemente, sin pasar hambre o angustias,
que es lo menos que el sistema podría disponer para los integrantes “más
pensantes” de cualquier universidad. Los
investigadores están, faltan los apoyos y salarios decorosos, que les permitan
vivir con dignidad, y hacer mejor su trabajo cada día. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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