Por: Carlos Santamaría Ochoa09/02/2011 | Actualizada a las 15:09h
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Si bien
es cierto que son parte de nuestro estado, los vemos como vecinos, un poco
distantes del hogar por aspectos que tienen que ver con su futuro. Son los
cientos de jóvenes tamaulipecos que han decidido en conjunto con sus padres el
realizar sus estudios en la capital de Nuevo León. ¿Las
causas? Puede ser que argumenten mejor calidad en la educación o mayores
oportunidades a futuro… hay muchas, la verdad,aunque para muchos es una realidad el tener hijos lejos de casa,
estudiando y batallando como se batalla cuando no vivimos en casa. No es
fácil para los padres saber que nuestros hijos se encuentran en un estado
distinto donde aún en nuestros tiempos hay gente que, al ver placas de
automóvil de Tamaulipas los margina, los trata mal, y eso, los que hemos estado
en Nuevo León, sabemos que es más que cierto. Sin
embargo, no podemos dejar de ocultar la realidad de un centenar –o más- de
familias victorenses que hemos decidido tomar la decisión de enviar a los hijos
a la formación allá, en aquella progresista ciudad del norte y que, bajo el
Cerro de la Silla cobija muchas esperanzas de jóvenes tamaulipecos que tratan
de culminar sus estudios en instituciones como la UDEM, ITESM y otras más, cuyo
coste es demasiado elevado para la economía de muchos de nosotros, asalariados
que no alcanzamos a cubrir en ocasiones las necesidades básicas del hogar. Los
estudiantes “de fuera” cuestan mucho dinero a sus familias, pero existen
instancias para poder sufragar algunos de sus costes. Las becas, por ejemplo,
funcionaron muy bien para los que desean salir avante, hasta que el programa se
detuvo y no ha podido ponerse en marcha para apoyar a esas familias que aspiran
a tener buenos profesionistas sin tener siquiera lo básico para mantenerse. Por otra
parte, el Instituto de Crédito Educativo también hizo su parte, la que se ha
reconocido y aplaudido por los resultados obtenidos: se trata de créditos para
los estudiantes que están allá, y los montos van de acuerdo a la institución.
Recordemos que allá hay escuelas que salen de los parámetros de una familia de
clase media –ITESM, UDEM y otras- pero que su calidad nos orilla a enviar a
nuestros hijos a esos salone3s de clases. Los
créditos educativos se otorgan por cinco meses y uno más no se entrega;
posteriormente, se vuelven a tramitar por cinco meses y uno fuera, es decir,
los muchachos reciben el monto del empréstito por diez meses al año, lo que les
permite sobrevivir, pagar parte de sus gastos y demás, aunque hoy la esperanza
de muchos tamaulipecos está en “veremos”, porque no han recibido sus créditos,
y es probable que pase más de un mes para ello, según se ha informado en la
dependencia. El
presupuesto está proyectado, y la recuperación de los créditos anteriores
permitía garantizar los créditos actuales. Hoy, los muchachos no saben qué
hacer, y menos sus familiares. El
semestre académico comenzó en enero: había que pagar inscripción, colegiaturas,
libros y útiles en general: las escuelas no se dan el lujo de esperar a que
haya una firma o dos para que se pueda cubrir el adeudo. Si el muchacho n paga,
es muy claro: no hay clases, no hay ingreso y puede causar baja. En esa
situación se encuentran muchos jóvenes tamaulipecos: esperando su crédito para
apoyar sus estudios, y una gran mayoría cursa el penúltimo o último año de su
formación académica. La enorme
inversión de tiempo y recursos puede irse a pique, porque, según indican en el
ICET, no hay aún titular del mismo y nadie puede firmar las convocatorias y
documentos correspondientes, lo que ha detenido todo trámite. Los
muchachos están angustiados porque tienen que mantenerse y pagar su escuela. Es
un crédito que se les ofreció hace años y que ahora está detenido por un
formulismo burocrático: la falta de firma. ¿Qué les
decimos en las escuelas correspondientes? ¿Qué dentro de uno o dos meses habrá
forma de pagar? Nos gustaría tener la certeza de que, directivos de estas
instituciones regias pudieran decir: “no te preocupes, te aguanto”. La
realidad que viven estos jóvenes es probable que no sea del conocimiento pleno
del titular de educación en Tamaulipas, preocupado por otros asuntos también
importantes, sin embargo, tenemos que ser objetivos y solicitar a nuestros
funcionarios de educación la manera en que se pueda liberar el recurso para
cientos de estudiantes, que podrían perder su semestre o su formación académica
por un mero trámite casi elemental. Nadie
quiere quejarse por muchos temores infundados –o fundamentados, quizá- pero el
caso es que, a escasos 300 kilómetros de distancia tenemos a un buen grupo de
tamaulipecos que no podrán seguir sus estudios si se detiene el trámite de sus
créditos educativos. Hay que
recordar que para aspirar a los mismos se requiere ser alumno regular y tener
buenas calificaciones; algo así como una beca, pero que se tiene que devolver.
El problema es que ellos y las familias no podemos enfrentar estos gastos tan
fuertes, y el apoyo que teníamos se ha detenido, porque no se ha decidido quién
firmará las hojas. Por el
futuro de ellos, alzando la voz en representación de sus familias, hacemos el
llamado para que puedan ellos seguir su preparación, y que los créditos sean
liberados. Finalmente, ellos lo van a pagar, tarde o temprano. Es un asunto de
sensibilidad social, urgente, necesario, pues. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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