Por: Carlos Santamaría Ochoa08/02/2011 | Actualizada a las 16:29h
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Llamó poderosamente la atención la información
de este domingo y lunes que tiene que ver con los comicios celebrados en Baja
California Sur; Jesús Ortega, aún dirigente nacional del Partido de la
Revolución Democrática criticó al panista ganador por el hecho de haber
renunciado al PRD y pasarse a las filas de los blanquiazules. Lo tachó de
traidor.
El cinismo de Ortega no
tiene límite. Una semana antes, en el estado de Guerrero levantó la mano de un
senador priísta renegado que jugó por el PRD y otros institutos, a los que
finalmente se coló el PAN, para obtener el triunfo.
Dirían en la calle:
“chaqueteros”, y nosotros tenemos otro calificativo para esos que no tienen
idea de lo que son principios, honorabilidad ni nada que se le parezca.
El honor de una persona
se fundamenta en su ideología entre otras cosas, y quien no es honorable, no
puede ser bueno en ninguna cosa que lleve a cabo.
Hoy en día se presenta
el caso de que algunos buscan un puesto –hueso- a como dé lugar, y hacen lo que
sea con tal de obtenerlo; Tamaulipas tiene el claro ejemplo en Magdalena
Peraza, priísta convencida de su ideología de toda la vida quien de plano se
rajó a la mera hora y se fue con Acción Nacional.
Cierto, la decisión fue
un grave error cometido por el CDE del PRI al no tomar en cuenta a las personas
que pudieran llevarles al triunfo y establecer como prioridad una tarjeta de
recomendación.
Los comicios de
Tamaulipas, Guerrero y Baja California nos deben dejar una clara enseñanza: los
partidos políticos de poco –o nada- sirven a los ciudadanos, porque se han
convertido en vulgares agencias laborales con una forma de operar cínica,
corriente, corrupta y sin principios.
Hemos pensado que
cualquier priísta, panista o perredista con un centavo de dignidad no hubiera
nunca aceptado la alianza PAN-PRD, porque a decir de una gran mayoría, no se
puede concebir que la derecha más conservadora e intransigente se una a la
izquierda más recalcitrante. No es prudente, no es bueno, y en ese sentido, el
señor López Obrador, al día de hoy, ha sido congruente con su discurso, no así
el señor Encinas.
Pero en la entidad se
están dando esos cambios: ya hay tamaulipecos de toda la vida militantes de
cierto instituto que a la hora de la verdad se van con los de “enfrente” porque
allá les ofrecieron el oro y el moro, sin embargo, los partidos no se han
puesto a pensar que los electores nos fijamos, nos dolemos y criticamos estas
actitudes.
¿Qué valía como persona puede tener alguien que busca ganar por ganar, a costa
de traicionar su carrera y principios? La alcaldesa Peraza es una muy clara
muestra de lo anterior, y como ella, cientos de “distinguidos” miembros de la
llamada “clase política” han hecho y deshecho, sin importar que detrás de ellos
haya uno o muchos simpatizantes.
Imagine el lector, que
de un día para otro hay que apoyar a un partido que no es el que hemos apoyado
por décadas. Nada hay más incongruente y falto de prudencia.
Quieren ganar por ganar,
no porque sean la opción adecuada para los ciudadanos. Lo vivimos aquí, y hoy,
lo vemos en otros estados de México, donde la conveniencia se impuso a la
razón, o donde un Chucho se ha impuesto a criterios de militancia.
Esa es la política que
tenemos en México, y debiéramos sentirnos avergonzados de ella y de solapar
estas acciones.
Es como cuando un
gobernante dice algo, todo mundo lo toma como verdad absoluta, nadie se atreve
a contradecirle porque le puede costar el hueso o la chamba, que para efectos
prácticos, es exactamente lo mismo.
Qué pena tan grande nos
ocasiona el ver a esos malos integrantes de la élite política traicionando y
jugando chueco con tal de ganar.
La pregunta que viene,
por consecuencia: si traicionaron a su partido, ¿no nos traicionarán a nosotros
también?
Vivimos en tiempos
difíciles, pero se hacen menos congruentes al ver a los políticos brincar como
chapulines de un partido a otro: ya van de PAN o PRI a Convergencia o un o de
otros, de esos chiquititos que lo único que saben hacer es pepenar a los
candidatos que nadie quiere, para que, con su prestigio y nada de apoyo, ganen
votos y elecciones. Ese es el mejor pago: seguir en las prerrogativas que se
entregan periódicamente a la legislatura tamaulipeca.
Y ya vienen más
comicios: tiempo de hablar mal de los que estaban y se han ido, de robar
militantes hacia cualquier lado con tal de ganar, de comprar voluntades con
votos y despensas, con ser cómplices de una democracia que no funciona en
nuestro país, y no lo hace porque el ambiente está viciado de origen.
Por esas y muchas
razones, ganas no nos faltan de llegar a las elecciones próximas y anular el
voto, a sabiendas que ganará el jefe del patrón, el que él ha indicado, y si no
somos de su equipo, ¡Cuidado! Que seguramente buscarán la manera de hacernos
trizas.
Ganar por ganar, mi
Chucho, ha debilitado a los partidos políticos, todos, porque tramposos,
chapulines y chaqueteros los ha habido siempre, sin embargo, era la gente más
discreta y podría ocultarlo. En fin.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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