Por: Carlos Santamaría Ochoa06/02/2011 | Actualizada a las 15:34h
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Los
medios de transporte en el país son diversos: los hay para todo mundo y en toda
dirección y distancia, y eso lo sabemos muy bien. Tenemos aún el servicio del
ferrocarril o los autobuses foráneos, así como también los vuelos a todas
partes, que por lo general no se emplean en la dimensión que debiera, porque a
fuerza de ser sinceros, la situación económica del país no permite que muchos
tengamos acceso a este servicio, pero es menester aclarar que no necesariamente
se piensa que es un servicio caro.
No se debe confundir el que algo sea caro con el que no podamos pagarlo, y eso
debemos entenderlo muy bien.
Suponemos que a muchos nos gustaría realizar un viaje en un Crucero, quizá por
el Caribe o el Golfo, el Atlántico o algunas islas paradisíacas que tanto se
pueden ver en folletos. Los cruceros son costosos, pero hay quien puede
pagarlos. Los que no, los conocemos por otros medios impresos.
El caso es que cuando abordamos un avión a veces no tenemos idea del coste que
implica el llegar, tomar el pase de abordar y subir para estar en una hora y
minutos en la ciudad de México, capital de nuestra hermosa nación.
Se dice muy rápido, pero hay que pensar que muchas empresas consideradas como
económicamente grandes han venido y quebrado, por distintas razones que hemos
comentado en este espacio.
Los “monstruos” de Aeroméxico y Mexicana vinieron, platicaron con autoridades
gubernamentales, consiguieron subsidios y acuerdos que les permitieron
garantizar el pago de determinado número de lugares, es decir, una parte
importante la pagaba la autoridad, y luego, cuando había que promover entre la
ciudadanía, dejaban todo. Se marcharon como las sirvientas malas: por la puerta
de atrás, tirando al usuario, al mercado potencial.
Siempre vinieron con la idea de que el gobierno les mantendría las frecuencias
por la importancia que tienen. Cuán equivocados estuvieron, y qué poca visión
comercial, porque nunca supieron promoverse bien.
Volar de México a Victoria y viceversa es caro, muy caro. Los costes son
elevados porque hay que pagar derechos aeroportuarios, combustibles, insumos,
al personal que vuela las unidades y el mantenimiento de las naves. En ese sentido,
tuvimos la fortuna hace un tiempecillo de constatar físicamente el trabajo que
se lleva a cabo en la flota de la compañía Aeromar, en la ciudad de México, y
que vuela con aviones pequeños a nuestra ciudad, pero para beneplácito de
quienes hemos tenido necesidad de emplear el servicio, tiene ya más de 20 años
de cumplir con los victorenses, porque el servicio no ha sido interrumpido.
También hay que considerar que los vuelos no van llenos siempre: nos ha tocado
viajar en un vuelo donde vamos 3 o 4 personas, y pensamos: ¿es costeable para
la compañía? Claro que cuando el vuelo va lleno, se compensan los números un
poco, aunque existen otras formas; el hecho de tener una ruta exitosa y una no
tanto permite a las empresas comprometidas con los dos públicos, y en ese
sentido, hemos de reconocer el compromiso de la línea de los ATR –aviones del
tipo que utilizan- y que mantienen un estándar de calidad que nos garantiza
llegar seguros a casa.
En aquel entonces, Amy Lindberg, Presidente de Aeromar nos ofreció una serie de
datos que constatan lo que hemos escrito en varias ocasiones, y que de una u
otra manera nos explican el por qué la línea sigue prestando sus servicios a
nuestro estado.
Siempre han buscado ofrecer un buen servicio, pero la verdad sea dicha, la aviación
cuesta mucho dinero, y las empresas llamadas “low cost” que operan en México no
son precisamente un dechado de atención y formalidad: una y mil veces dejan
“tirados” a sus viajeros en los aeropuertos y, cuando llegan a un límite de
pérdidas o los dueños se aburrieron de jugar a los avioncitos, entonces
quiebran y desaparecen, sin más problema que haber tenido una experiencia más.
La línea que nos ofrece el servicio ha tenido una serie de altibajos en más de
dos décadas y todos lo sabemos, sin embargo, es importante destacar que siendo
empresa con capital privado al 100 por ciento, desde 1987 se ha constituido
como una empresa seria.
Son 21 destinos en México y San Antonio los que maneja actualmente, pero la
verdad, el que más nos preocupa es la frecuencia Victoria – México y de
regreso, porque es la que los tamaulipecos ocupamos para atender mil motivos
allá en la capital del país.
Imagine el lector: más de 100 vuelos diarios con un 93 por ciento de eficiencia
en puntualidad, así como otros factores, en definitiva nos hacen pensar que
valdría la pena apoyar empresas de esta naturaleza.
Suponemos que si los vuelos todos los días estuvieran llenos, habría
posibilidades de bajar su coste, pero en tanto el país siga también
incrementando precio de servicios y bienes, en tanto sigan presionando a las
empresas y cobrándoles más, no podremos tener servicios baratos.
Mucho de lo que pagamos se va en impuestos, y hay que ser francos: tenemos un
buen servicio aéreo al D. F. y ha estado ahí, por más de 20 años, con crisis o
sin ella, con pasajeros o sin ellos, y eso, sinceramente, merece un aplauso.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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