Por: Carlos Santamaría Ochoa02/02/2011 | Actualizada a las 13:22h
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Seguramente
el lector se asombrará al leer el título de la presente colaboración, sin
embargo, como personas con diabetes pensamos en las alternativas de tratamiento
existentes en el mercado y en la sociedad, y no dejamos de reconocer que
algunos endocrinólogos hanacertado al
sugerir el manejo de la insulina desde el principio del diagnóstico como la
mejor opción para los pacientes. Mitos,
hay miles: de que nos va a dejar ciegos, de que es la antesala de la muerte, de
que nos va a afectar los riñones y muchos más. Todos, como dijimos, son
únicamente MITOS. Recordemos que la insulina es una proteína que nuestro
páncreas genera a través de las células beta en los islotes de Langerhans, y la
envía al hígado para su distribución en el cuerpo; llega a la sangre y nos
permite liberar las cantidades de glucosa que hemos ingerido. Es vital,
es importantísima, y somos de la misma idea: cuando se lleva a cabo una terapia
combinada con insulina, los resultados son mucho mejores, y a las pruebas nos
remitimos. Seguramente
los que sí saben de diabetes confirmarán lo anterior, estamos seguros de ello. Pero
tenemos problemas en la entidad sobre el tema: la insulina, el medicamento que
potencialmente utilizarían 14 de cada 100 adultos mayores de 24 años, no está
disponible en las farmacias. Pareciera mentira, pero vaya usted a cualquiera de
las que conoce: de cadena o pequeñas, y difícilmente encontrará la variedad que
los investigadores han desarrollado para los distintos tratamientos. Pero más
peligroso y delicado aún el hecho de que llegue usted a una farmacia y el –o
la- dependiente le den cualquier tipo de insulina, como si se tratara de
frituras o refrescos: les da igual una insulina N, que una R, o una de acción
ultra rápida o la nueva Lantus, que tienen, las cuatro distintas funciones en
el organismo, y no podemos aplicarnos cualquiera, según la disponibilidad de
los negocios que se manejan no como farmacias, sino como vulgares negocios de
transacción comercial, sin buscar el beneficio del paciente. Un
ejemplo: existe una insulina rápida –Humalog- en tres presentaciones:
concentrada, es decir, al 100 por ciento, y en mezclas que van de un 25-75 o un
70-30. Los valores corresponden a una insulina ultra rápida con otra de acción
intermedia. Obvio decir que las concentraciones distintas tienen resultados
distintos en el organismo, y eso lo entiende cualquiera que tenga tres neuronas
buenas, claro, menos los farmacéuticos que por el hecho de vender le ofrecen a
usted cualquiera que tengan disponible, sin importar si se necesita así o no. Peligroso,
muy peligroso, y en ese sentido debiera existir una legislación que castigue la
irresponsabilidad de los que trabajan de dependientes de farmacia, así como
también la obligación de contar con medicamento suficiente. El pasado
lunes tuvimos necesidad de recorrer hasta 9 farmacias en busca de un tipo de
insulina ultra rápida, y parece mentira que nadie la maneje. Insistimos,
si un 14 por ciento de la población adulta es susceptible de su uso, sería
–como desgraciadamente lo es- ilógico y tonto no tener disponibilidad en el
mercado. Pero los
caprichos no paran ahí: como pocos la manejan, es natural que su coste es elevadísimo. El sector
salud maneja ciertos tipos de insulina que podríamos calificar de genérica, y
cuyo resultado, según pacientes, no tiene el mismo efecto, quizá porque quienes
se encargan de velar por la seguridad de los mexicanos y su integridad en cuanto
a la toma de medicamentos no cumplen con su función, o como dijera un conocido
médico: por la manera en que se manejan, sin los cuidados que requiere un
medicamento tan delicado. El caso
es que usted va a una institución y no obtiene con el medicamento el mismo
resultado, y entonces hay que buscar su compra en forma privada, lo que nos
afecta en los presupuestos familiares en forma por demás sustancial. El
columnista recuerda mucho la ocasión en que el prestigiado endocrinólogo Daniel
Llanas se diagnosticó. Dijo que “ahora que soy diabético, entiendo muchas
posturas de mis pacientes”. En base
al comentario de Daniel, pensamos si acaso tuviera que contar México con un
secretario de Salud con diabetes para entender a más del 10 por ciento de la
población, y saber lo que es la angustia de no tener medicamento en tiempo y
forma, o de no contar con lo adecuado. Pareciera
que tenemos que padecer las carencias de otros para entenderlas, y en materia
de salud, algo sucede por el estilo. Legisladores
y autoridades deben trabajar juntos en este tema, y garantizar que el derecho a
la salud se cumpla a cabalidad. Acabar con las prácticas monopólicas de algunos
laboratorios y cadenas de farmacias, y obligar a que exista en todas las
farmacias el surtido necesario de insulinas. Pero
también, recordar que no todos tenemos espíritu de mártir: existen formas para
aplicar la insulina, menos dolorosas, a base de cartuchos pequeños –de 3 ml.- y
que son más escasos aún. Todos
tenemos derecho a tratarnos bien, y la autoridad en la materia, nos podría
echar una manita para obligar al pulpo farmacéutico y laboratorios a
garantizarnos un abasto seguro, completo y eficaz. No pedimos mucho, solo
garantía para la salud, que se pierde muchas veces por una mala decisión de una
sola persona. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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