Por: Carlos Santamaría Ochoa01/02/2011 | Actualizada a las 14:59h
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Cierto,
ha llegado el momento de llevar a cabo las preinscripciones en las escuelas del
país, y las oficiales presentan una problemática conocida por todos: el cupo en
ciertos planteles. En todo
municipio y estado hay instituciones que tienen cierto prestigio y que son
preferidas por los padres; recordemos que, como jefes de familia, siempre
buscamos la mejor opción en todos sentidos para nuestros hijos, y las escuelas
no son la excepción. Ya preguntamos o nos dejamos llevar por lo que la gente
comenta. En la
capital de Tamaulipas existen ciertos planteles oficiales con una trayectoria
envidiable desde hace muchos años: las primarias Lauro Aguirre y Leona Vicario
son el claro ejemplo de ello. Todos buscamos que nuestros hijos ingresen a esos
planteles, sin embargo, hay ya otras escuelas tan buenas como las arriba
mencionadas. Así
encontramos en casi toda la ciudad algunas instituciones que manejan una buena
calidad en la educación: los profesores están comprometidos con su trabajo y su
causa, y los muchachos son objeto de exigencias naturales pero con mucha
disciplina que les permite aspirar a ser buenos alumnos; los resultados los
vemos en concursos de toda índole, locales, estatales o nacionales. La idea
de las primarias es otorgar el derecho constitucional a la educación para todo
menor, y uno de los criterios que prevalece es el de los hermanitos, es decir,
se busca que dejen solicitud los que tienen ya algún hijo en esa escuela. La
medida obedece a facilitar a los padres el llevarlos y recogerlos. Difícil
sería ir a una escuela para cada hijo; no nos alcanzaría el tiempo, así de
sencillo. Pero ya
hay quejas, como siempre, y podemos asegurar que prácticamente en todos los
rincones de la geografía tamaulipeca hay buenas escuelas. La idea era que uno
inscribiera a sus hijos en la que se encuentra más cerca del domicilio, y así,
batallar menos, pero somos afectos a buscar lo bueno, y entonces, difícil será
que todos los niños de Victoria puedan ingresar a tres o cuatro primarias.
Simplemente, es imposible. Es por
ello que se hace una preselección con los alumnos que tienen hermanos en edad
de ingresar y no por un influyentismo que existe en una mínima escala, pero que
en ocasiones nos hace perder los estribos, y se reconoce, aunque es justo
mencionar que los profesores se encuentran en una problemática seria: si tienen
100 o 200 lugares y 500 solicitudes, ¿Qué hacer? No son
magos, y no todos pueden ingresar a esa institución. El
derecho constitucional existe y es válido, pero el lugar no lo hay, por lo que
se hace necesario tratar de entender a los directores que aplican el criterio
de los hermanos en primera instancia; en segunda, el domicilio, y si quedan
lugares –que es prácticamente imposible- entonces se abre a otros aspirantes. No
pretendemos justificar los filtros existentes, pero apelamos a la comprensión
de quienes tenemos hijos para ingresar. No es posible que todos vayan a donde
queremos, porque existen, como nosotros, miles de padres de familia con
aspiraciones, sueños y deseos igual que todos, y absolutamente todos tenemos el
mismo derecho. Nadie es más que otro en este caso, o al menos, así debiera ser. Luego, la
eterna queja de las cuotas: en ese sentido, hemos defendido la existencia de
las mismas, porque los presupuestos de las dependencias oficiales, en este
caso, de Educación, difícilmente enfrentan los gastos de mantenimiento que
históricamente son enfrentados por las ligas y asociaciones de padres de
familia. Y es que
llega a cansar el cúmulo de quejas que vemos a través de medios de comunicación
de esos padres que llegan a destiempo y quieren que les estén apartando el
mejor lugar a sus hijos. Hay que
recordar: nuestros herederos son lo más importante para cada padre o madre de
familia, pero es muy claro: no son los únicos niños del mundo, y como ellos,
hay miles solo en Victoria, y todos tienen el mismo derecho en todos sentidos:
nadie es especial, o al menos, legal y humanamente no debería serlo. Y en ese
sentido, todos los niños tienen los mismos derechos, y los padres también el de
buscar las mejores alternativas, pero hay que sujetarnos a lo que hay y donde
lo hay. Insistimos:
hay buenas escuelas que no tienen tanta fama como las que mencionamos en
principio, pero la calidad existe. Claro, también hay uno que otro profesor que
da miedo toparse con él en el grupo de los hijos. La educación pública tiene
sus altibajos, sí, pero hay cosas que se pueden rescatar y que nos han permitido
a muchos tener buenos estudiantes en nuestros herederos, egresados de éstas. No
minimicemos a ningún plantel, todos tienen sus cosas, y si como padres
participamos y apoyamos, seguramente se logrará cerrar el círculo de la calidad
educativa: alumno-maestro-directivo-padre. De esa forma, los nuestros serán
chicos de excelencia. En tanto,
no nos quejemos y busquemos las alternativas que el sistema educativo oficial
nos ofrece, que lo hace con la mejor de las intenciones. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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