Cierto es que hemos avanzado mucho en nuestro país en cuanto a preparación académica se refiere; si bien es cierto que seguimos siendo una nación con bajo índice educativo, los pequeños –muy pequeños- pasos que hemos dado...
Por: Carlos Santamaría Ochoa29/01/2011 | Actualizada a las 15:25h
La Nota se ha leído 1874 Veces
Cierto es
que hemos avanzado mucho en nuestro país en cuanto a preparación académica se
refiere; si bien es cierto que seguimos siendo una nación con bajo índice
educativo, los pequeños –muy pequeños- pasos que hemos dado nos permiten
ufanarnos ya de no ser un país con nivel académico promedio de tercer grado de
primaria, o al menos, eso era hace unos quince años.
Es probable que hayamos subido a cuarto, o con mucha suerte, a quinto, que no
es lo más deseable para ningún gobernante, cuando sabe que su país tiene esos
niveles tan bajos, aunque muchos consideran que el nivel bajo obedece mucho a
estrategias políticas, porque cuando un pueblo aprende a leer, se cultiva y
educa, entonces exige lo que debe, y los gobernantes ya no pueden jugarnos el
dedo en la boca como sucede actualmente, cuando vemos que los “daños
colaterales” y otras cosas más no son significativas para la autoridad.
El caso es que, para muchos, la lectura constituye uno de los mejores
argumentos para mejorar; podemos aprender prácticamente de todo, gracias a los
conocimientos adquiridos por los libros.
Existe un parámetro para medir la capacidad lectora de una nación: las pruebas
PISA de comprensión lectora, es decir, Programa Internacional de Evaluación de
Estudiantes, perteneciente a la OCDE, y que en el año 2000 otorgó a México 422
puntos; en 2003 obtuvo 400 t en 2006 410, o sea, fuimos como los cangrejos:
para atrás.
Hay especialistas que consideran que nos falta mucho para ser un país lector, y
se advierte que la población no tendrá la preparación que requiere para
enfrentar los retos del nuevo milenio, por la misma razón.
Para la Organización de las Naciones Unidas –ONU-, en el año 2006 México ocupó
la posición 107 de 108 posibles en cuanto a hábitos de lectura. Japón, según la
misma ONU tiene un 91 por ciento de cobertura en este rubro, y Alemania el 67
por ciento de sus habitantes, así como el 65 por ciento de Corea del Sur.
Nosotros, olímpicamente, tenemos un 2 por ciento según este estudio.
Ante esta situación, echamos mano de la encuesta nacional de lectura de hace
cinco años, es decir, 2005, que indica que cada uno de los mexicanos leemos 2.9
libros al año; INEGI se queda más corto: 2 libros al año, y un promedio de
tiempo de 1.2 horas de lectura a la semana. Imagine el lector qué tipo de
hábitos tenemos y por qué somos lo que somos.
Y gracias a esa ignorancia generalizada, padecemos las barras de programación
televisiva llena de emisiones que parecieran hechas por idiotas, protagonizadas
por idiotas y como meta un público de las mismas características. No es que no
hagan reír, pero vemos tristemente que para tener éxito en la llamada “pantalla
chica” o “caja idiota”, se requiere hablar a medias, caminar torpemente, y si
se es mujer, hablar como tonta y enseñar más de lo que fuera prudente: las
chicas de las comedias aparecen con faldas minúsculas, hablando como si
tuvieran problemas de aprendizaje y además, coqueteando con todo lo que se
mueve. Es obvio que el albur forma parte sustancial de este tipo de programas.
¿No aspiramos a más?
En este sentido, seguros estamos que las autoridades de cultura en la nueva
administración saben que la problemática es nacional y no únicamente de
nosotros, sin embargo, hemos de acelerar el paso para propiciar que nuestros
niños crezcan con libros y no suceda lo que a muchos de nosotros, que al llegar
a la secundaria o bachillerato nos asustamos al ver la cantidad de lecturas que
había que hacer, y seguramente, buscamos la manera de hacer uno que otro
movimiento (trampa) para aprobar sin tener que leer.
Llegan los jóvenes a las universidades públicas sin la costumbre y disciplina
lectora. Urge tomar medidas adecuadas.
En la primaria Lauro Aguirre la profesora Cisneros Mandujano motiva a sus
chicos a leer otorgando puntos en sus evaluaciones; ellos llevan un control de
lecturas mensual, y se premia a los que más leen, lo que constituye una
motivación importante.
Hay profesoras y profesores que buscan otras acciones para que los muchachos
aprendan a leer, pero si no comenzamos con el fomento de este hábito en casa,
difícilmente podremos ver a nuestros hijos avanzar, y si llegan a estudiar un
posgrado –lo que es ya más que normal- se van a dar de topes por no saber leer
adecuadamente.
Lemas, campañas, estrategias, costumbres.
Muchas cosas son las que se deben instrumentar, aunque para ello se tenga el
riesgo de que la gente se dé cuenta de muchas cosas que la ignorancia oculta:
es casi seguro que cuando cambien los hábitos de lectura y todos tengamos un
poco más de eso que se dice llamar “cultura”, tendremos mayor conciencia y
también una mayor exigencia para quien nos gobierna.
Entonces, los pueblos comenzarán un cambio irreversible, un cambio que nos
llevará a otros niveles de vida, y no estaremos quizá peleando como perros y
gatos en un congreso por una iniciativa o una votación.
Tendremos otro nivel como nación, y seguramente, nuestros gobiernos también lo
tendrán, porque si no, se tendrán que ir, y otros tomar su lugar.
La lectura es un buen pretexto para partir, para comenzar el viaje por la vida,
pero hay que fomentarlo en los nuestros.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas