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Sección: Editoriales / Escenario político
Ni gruñón ni malhumorado, así llegó Egidio
Por: Marco Antonio Torres de León
28/01/2011 | Actualizada a las 21:14h
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Su
visita realizada hoy al Mante fue puntual. Tal como se previó. EGIDIO TORRE
CANTÚ arribó al Mante en medio de impresionante parafernalia de seguridad
y blindaje. Vestido con sobriedad de saco y pantalón negro Egidio llegó
con su infaltable corbata color naranja.
Y
a su lado un mundo de gente -la mayoría empleados de gobierno aun sin contrato-
vestidos igual que él; mimetizados con él, como si eso influyera en la
decisión que Egidio tomará pronto respecto a los contratos de trabajo de éstos.
Lo
mismo hicieron –los empleados de hoy- con su hermano Rodolfo Torre; vestían
igual que él, caminaban igual que él, eran perfectos imitadores.
Solo
que Rodolfo llevaba pantalón beige botas vaqueras, camisa blanca, manga larga y
tremendo mostachón.
Bueno,
hasta en el mostachón querían muchos imitarlo.
Es
el mimetismo perfecto, la emulación, la copia, el espejo.
Lo
más extraño es que lo hacían tanto mujeres como hombres; al parejo.
El
gobernador arribó al Mante pasadito de las 11 de la mañana, en un avión tipo
jet de menos de 8 plazas.
Algunos
testigos oyeron al Jet surcar los aires y aterrizar raudo en el
aeropuerto local, pomposamente llamado por el equipo cercano de Egidio Torre
Cantú, “el aeródromo”.
Aquí
en el pueblo se le conoce simplemente como "el lugar donde bajan los
aviones" o "el aeropuerto".
Como
dice el refrán, “para qué la vistes y la calzas tanto si de una u otra forma
significa lo mismo, como quiera Juan te llamas”.
Egidio
no arribó en helicóptero como ayer alguien de la capital ciudad Victoria
filtró; mucho menos aterrizó en el estadio Zaragoza o en el estadio del IMSS,
áreas que son del populacho.
Quizá
fue modificación de último minuto. Quizá fue parte de la estrategia de blindaje
y seguridad que él le ordenó a su equipo de seguridad que lo acompaña.
Pero
lo cierto es que a las 11: 30 de la mañana se oían las sirenas gruesas de las
camionetas de la Policía Estatal Preventiva (Pepo´s para el vulgo) cuando veloces
corrían por el boulevard Juan de Dios Villarreal rumbo al oriente, luego por la
avenida Enrique Cárdenas González y finalmente por la calle Guerrero. Luego
aparecieron por la Juárez para meterse una por una, en el área dispuesta para
los vehículos.
Las
sirenas avisaban que venía alguien en el convoy.
Se
trataba de EGIDIO TORRE CANTÚ, gobernador de Tamaulipas que hoy por primera vez
pisó tierras mantenses. Muy cerquita de él iba el presidente municipal del
Mante, doctor Humberto Flores Dewey, sonriente, de gran estatura, de buena
presencia.
Fue
una patrulla de Pepo´ s la que le abría cancha a las 5 Tahoe y suburbans
blancas, en una de las cuáles venía el mandatario; extrañamente Egidio Torre
cantú se sentó en la parte trasera del vehículo, no en el asiento delantero,
donde solía viajar –en aquélla trágica campaña electoral- su hermano menor, el
malogrado RODOLFO TORRE CANTÚ.
Pocos,
muy pocos nativos -a nivel de calle- podrían imaginar en cuál de todas las
camionetas Tahoe blancas, modelo 2010 venía el mandatario.
Así
que su arribo al Mante, previo a su llegada al palacio municipal, fue -hasta el
último minuto- un enigma.
Lo
fue hasta el último momento. Vistiendo todos iguales, Egidio Torre generó la
maliciosa idea de que llevaba “dobles” a su lado.
Nada
más erróneo que eso. Pues Egidio a nadie le puso pistolas para obligarlos a
vestir igual que él.
Lo
que ocurrió es que todo mundo vistió igual.
Las
Tahoe y Suburbans en realidad son las mismas que usó el ex gobernador Eugenio
Hernández Flores en el último año o penúltimo año del sexenio anterior.
Son
vehículos sin cifras infinitesimales en el tablero, el mismo que marca el
kilometraje recorrido.
Llamó
la atención que atrás de la primera Tahoe o Suburban renqueaba una destartalada
camioneta del municipio; era de Tránsito Municipal local para ser
exactos.
Cojeaba, se
torcía, con llantas boludas apenas avanzaba; y gemía con lastimeros coff,
coff, coff en su motor.
Como
si en el toser del motor se le fuera la vida. Fue quizá por la prisa
en el velocímetro de la suburban delantera, que esto le sucedía a la patrulla.
La suburban le venía marcando la velocidad.
Al
frente de todo el convoy venía una Tahoe 2010. Y era quien indicaba
velocidad al resto de vehículos.
La
plana mayor venía detrás; todavía una camioneta de Policías Estatales
Preventivos estaba entre las suburbans V.I.P, por decirlo de algún modo.
A
Egidio Torre Cantú mientras tanto ya lo esperaba la gente en la calle Juárez,
justo enfrente del Palacio Municipal. Llevaban ya 2 horas apostados afuera de
presidencia.
No
eran muchos, unos 200 o 250 quizá.
Parecían
sumar más los funcionarios municipales y síndicos y regidores juntos, que el
pueblo.
Había
nerviosismo y silencio, casi un sepulcral silencio.
Una
vez que arribó el convoy, bajó Egidio. Todo mundo le grita; la gente está
estupefacta. Realmente nadie sabe a quién van a saludar, si a un hombre de
fácil sonrisa o de mirada impenetrable.
No
sabían si era un Egidio Torre adusto, gruñón, enojón, o un personaje amable,
risueño, afable y accesible.
Parece
que al final resultó lo último.
Una
mujer -parece que dispuesta para la ocasión, como se estila en estos casos- le
grita: "Señor Gobernador, Gobernador!!... Aquí estamos. Estamos con usted;
venimos a apoyarlo y a darle la bienvenida".
Al
oír esto, el mandatario -una vez que hubo dado 5 pasos desde que bajó de la
camioneta suburban donde viajaba- contestó relajado: "!A´ i voy ahorita,
pérenme tantito!".
Flacucha
como una galga venía a su lado la senadora AMIRA GÓMEZ TUEME, vistiendo un
ocre, desangelado y en desuso coordinado color gris, que en
nada pareció favorecerla.
De
por sí el día era gris; y la vestimenta igual.
Los
pantalones parecían caérsele, pero ella muy ufana arribó en el mismo convoy del
gobernador. Aunque es pertinente aclarar que amira Gómez Tueme fue
trasladada -desde el aeropuerto hasta el Palacio Municipal- en una suburban
2009, propiedad del Ayuntamiento del Mante.
Al
lado del mandatario estaban por supuesto, el alcalde del Mante HUMBERTO FLORES
DEWEY, quien discreto se alejaba del mandatario, con finalidad de cederle todo
el derecho de salutación a él, como mandan los cánones.
Y cuando
alguien desde detrás de las vallas le gritaba a Humberto Flores pidiéndole un
saludo de mano, éste les respondía con señas discretas, como
diciéndole "Aquí el más importante es el gobernador, no yo; salúdenlo
a él. Hoy es el día del Gobernador".
Pero
ni ALEJANDRO GUEVARA COBOS ni tampoco RIGOBERTO RODRÍGUEZ RANGEL, diputados
federal y local respectivamente quisieron entenderlo así.
Alejandro
Guevara, diputado federal, caminando atrás del gobernador hacía travesuras y
enseguida las deshacía, Reía, se carcajeaba, miraba travieso a algunas
personas, quienes detrás de las vallas parecían estar en prisión.
Rigoberto
Rodríguez hacía lo mismo, solo que con un Valor agregado: sus besucotes
lanzados al aire..
Como
fue su costumbre en campaña a diputado local, Rigoberto lanzaba besitos al aire
a las mujeres del pueblo, quienes correspondiendo a los besitos, le
gritaban gustosas pero discretas.
Pero
algo significativo que ocurrió fue el hecho de que ni ALEJANDRO GUEVARA ni
RIGOBERTO RODRÍGUEZ RANGEL fueron invitados -por el equipo de logística del
gobernador Egidio Torre- al aeropuerto a darle cálido recibimiento al
mandatario.
Fueron
enclaustrados en cierta manera, pues mientras descendía el avión ambos
diputados se filtraron dentro del séquito de 20 regidores y síndicos, justo
frente a las puertas del palacio.
Así
llegaría la tarde; así darían las 3: 30 de la tarde.
Una
vez que Egidio Torre salió de Presidencia Municipal concedió una entrevista a
la prensa.
Entrevista
de banqueta, le llaman algunos. Lo cual en realidad así fue.
Egidio
fue parco en sus contestaciones.
Algunas
preguntas se ahogaron en el aire.
Como
cuando un reportero le preguntó: ¿Se van a cumplir los compromisos de su
hermano Rodolfo?
No
quiso contestarla. Se ahogó en el aire. Justo en ese instante Egidio se
despidió.
Llegaba
la hora de irse a comer a la casa del doctor HUMBERTO FLORES DEWEY, por cierto
siempre pulcro, amable, discreto.
Repetimos,
como ordenan los cánones.
La
prensa fue atendida con algo de cordialidad, salvo por la ofensa –de parte de
la Logística de EGIDIO TORRE CANTÚ- de no permitir acceso a medios de
comunicación masiva a una plática con editores adentro del palacio municipal.
Entre
quienes se contó a ENRIQUE CÁRDENAS DEL AVELLANO, quien al momento de
preguntársele si soñaba con ser diputado federal nuevamente en este próximo
sexenio, contestó: “No puedo decirte no, pero tampoco puedo decirte sí”.
Aunque
admitió estar desempleado en el gobierno de Egidio Torre Cantú.
“Su
gobierno se parece mucho al de mi padre”, evocó. Y enseguida presume: “¿Qué si
conozco a Egidio? Imagínate, estuvimos juntos en la escuela desde primero de
primaria”.
Una
vez terminada la entrevista de banqueta de tan solo 6 o 7 minutos, el gobierno
local asumió la tarea de llevar a comer a los reporteros a un restaurante
cercano.
Sumaban
cerca de 30 periodistas pero llegó además uno que otro colado. O uno que otro
“tuco”, como aquí también se les clasifica a los periodistas que semejan hordas
con hambre y sed.
Bien,
es todo por hoy, hasta mañana.
Llamó
la atención alrededor de la plaza principal la presencia de al menos 4
francotiradores, apostados en los 4 puntos cardinales del Palacio Municipal.
Uno
estuvo apostado –durante todo el evento de visita del gobernador al Palacio
Municipal- justo en el techo de la Presidencia Municipal, el mismo
reloj que dice Cu cú, cú cu, cú cú cada hora.
Otro
permaneció en una base de las dos torres de la Iglesia de Guadalupe.
Había
un tercero o un cuarto Policía en otro extremo de la presidencia municipal y el
último, en un edificio de dos pisos en el cruce de las calles Morelos esquina
con Juárez, a 100 metros de la presidencia municipal.
Todo lo demás transcurrió sin novedades.
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