El nombre de la presente colaboración nos recuerda aquel programa instrumentado en los años ochenta: hace ya más de cinco lustros que alguien...
Por: Carlos Santamaría Ochoa22/01/2011 | Actualizada a las 16:47h
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El nombre
de la presente colaboración nos recuerda aquel programa instrumentado en los
años ochenta: hace ya más de cinco lustros que alguien tuvo la idea de comenzar
a mejorar la calidad de vida de quienes participan como trabajadores en las
dependencias federales. En aquel
entonces, recordamos perfectamente que el delegado del ISSSTE Miguel González
Medrano promovió la iniciativa surgida en la dependencia a nivel nacional, con
el objeto de hacer algo por los trabajadores. El
proyecto permitió que dos damas fueran a la capital del país a capacitarse en
este sentido; posteriormente, enfundadas en vistosos pants azules y una
grabadora, comenzaron a recorrer, en primera instancia, los pisos de la
delegación del ISSSTE en la entidad, que se ubica en Victoria. Ahí
llegaban a alguna de las muchas áreas y solicitaban al personal parar un
momento sus labores: iniciaban con una pequeña introducción, para luego hacer
algunos ejercicios desde su lugar de trabajo, es decir, apoyados en el
escritorio o la silla que utilizaban, realizaban estiramientos, sentadillas, y
uno que otro ejercicio más, los considerados básicos que puede hacer cualquier
persona por difícil que sea su condición física y su fisonomía. Luego
comenzaron a visitar otras dependencias. Recordamos que en alguna ocasión
estuvieron en el centro SCT y en lo que hoy es SEDESOL, entre muchas otras.
Llegaban y los trabajadores tenían un pequeño descanso de no más de diez
minutos que les permitía, por una parte, hacer un poco de ejercicio, salir de
la rutina y tedio laboral, y reiniciar sus actividades con más entusiasmo. En este
sentido, se tomaba en cuenta el criterio de las escuelas de secundaria,
preparatoria y superior, cuando entre clase y clase los muchachos tienen unos
minutos para despejar un poco la mente, salir a tomar aire, platicar o realizar
sus necesidades fisiológicas. Es humano fastidiarse después de tanto tiempo
estudiando o trabajando, y no es un delito que alguien esté harto de ver la
pantalla, hojas o pensando en el proyecto que habrá de entregarse al jefe en
turno para su aprobación y posterior ejecución. Desgraciadamente,
con el cambio de sexenio federal en ese tiempo muchos programas de diversas
dependencias tuvieron que ser cortados, argumentando falta de presupuesto;
“Pausa para la salud” fue uno de ellos y los trabajadores no tuvieron más esa
orientación que buscaba preparar monitores en cada oficina para llevar a cabo sus
rutinas. Una buena idea que no fructificó más allá de una toma de posesión más. Hay jefes
de todos los niveles que consideran que el trabajador debe asumir su función
casi como una máquina: sin parar, desquitar el salario devengado por las horas
para las que ha sido contratado, sean seis, siete u ocho al día. Nada más
alejado de las necesidades básicas, tanto del individuo –el trabajador- como de
las mismas dependencias. Está
demostrado por estudiosos del comportamiento humano que el individuo requiere de
ciertos espacios para despejar la mente, y el programa que recordamos tenía esa
maravillosa característica. Un
pequeño tiempo es mejor otorgarlo que dejar que el trabajador haga como que
trabaja durante horas, porque de esta forma podría, por una parte, demostrar
una mayor fuerza laboral, y por el otro, podría ser la iniciativa para motivar
y promover la práctica de la actividad física cotidiana, tan necesaria para
tener una mejor calidad de vida y para evitar muchos problemas que
posteriormente pueden desencadenar en padecimientos del tipo de la hipertensión
arterial, diabetes, o los ya conocidos tan malignos como son la obesidad y el
sobrepeso. Fomentar
el ejercicio debe ser una premisa de toda persona, porque de esa manera se
puede lograr que quien lo practica tenga más energía, mejor carácter, una mayor
y mejor condición física y otros beneficios que repercutirán, sin duda alguna,
en el desempeño laboral. En el
caso de la Secretaría de Seguridad Pública, el titular, general Ubaldo Ayala
Tinoco ha iniciado de una manera más drástica: a partir del próximo lunes los
trabajadores deberán asistir a la sesión de ejercicios de 12 a 13 horas, lo que
algunos han criticado asumiendo que no es obligación laboral, sin embargo,
somos de la idea de que es positivo el hecho de que se preocupen los
funcionarios por la salud de sus trabajadores. El
beneficio será, sin duda alguna, para ellos y sus familiares, porque al tener
mejor salud, más calidad de vida, el panorama cambia radicalmente, propiciando
que los problemas de salud sean menores. Qué bueno
que se establezcan programas de ejercicio, qué bueno que también se coordinen
con el Instituto del Deporte que encabeza Enrique De la Garza Ferrer y con la
Secretaría de Salud que dirige Norberto Treviño García Manzo, ya que esto dará
validez a los programas, asumiendo que serán pensados por gente que sabe de
esas cosas, y vigilados en cuestión médica por los que tienen en sus manos tan
delicada tarea en la entidad. Este tipo
de acciones deberán promoverse no únicamente en instituciones públicas: ojalá
se hicieran en todas partes, todos los días, y a todos los niveles, en bien de
la población. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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