En la mayoría de las ocasiones que se registran accidentes de toda índole, principalmente vehiculares, la diferencia entre contar la amarga experiencia...
Por: Carlos Santamaría Ochoa21/01/2011 | Actualizada a las 15:55h
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En la
mayoría de las ocasiones que se registran accidentes de toda índole,
principalmente vehiculares, la diferencia entre contar la amarga experiencia y
convertirse en historia es precisamente el contar con un adecuado servicio de
emergencia. Ambulancias,
servicios médicos en general, bomberos y grupos de protección civil son los
encargados de aliviar la angustia de miles de personas año con año, mismas que
tienen algún inconveniente por causa propia y muchas veces –quizá la mayoría-
ajena. Los accidentes son eventos no programados: nadie los quiere vivir y
muchas veces llegan y destrozan a la persona y la familia misma. Éstos
además dejan multimillonarias pérdidas; cualquier choque entre dos vehículos
tiene costes elevadísimos: superan los 10, 20 o 30 mil pesos por cualquier
parte dañada, y no se trate de las micas de faros y calaveras, porque entonces
el presupuesto se vuelve inalcanzable, al menos, para la mayoría de los
automovilistas. Según el
Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes –CONAPRA-, de la Secretaría
de Salud, la información disponible para los ciudadanos explica el hecho de que
pueden evitarse más del 50 por ciento de fallecimientos si se emplea, por
ejemplo, el cinturón de seguridad; asimismo, la información de que se dispone
sugiere que la ubicación de menores en asientos posteriores, en aditamentos
para tal efecto disminuyen también las posibilidades de fallecer o quedar
discapacitado, y otros datos interesantes que deberíamos tomar en cuenta por la
magnitud de los mismos y el coste que implica. Imagine
el lector, que la dependencia estima que, según estudios, se puede reducir
entre el 45 y el 50 por ciento el número de lesiones graves, o la mortalidad
por accidentes de tránsito a la mitad, o el número de hospitalizaciones que
puede bajar hasta un 65 por ciento. También
nos explican que la mala costumbre de la mayoría de los automovilistas como el
hecho de cambiar el disco a medio camino o manejar hablando por teléfono
celular lleva a ocasionar también un importante número de lesiones,
incapacidades y fallecimientos. Cifras
duras, sin lugar a dudas, pero reales. Otro dato
que llama la atención es el hecho de que del total de personas que mueren en
accidentes de tránsito, la mitad al menos tenía alcohol en la sangre en
concentraciones no recomendadas para conducir. Todo lo
anterior nos llama a dos cosas: la parte ciudadana que nos exige una mayor
responsabilidad y amor a la vida para disminuir los riesgos de conducir en
condiciones temerarias, con objetos en la mano que bien pueden ser teléfonos,
botes o botellas de bebidas y muchas otras cosas, porque finalmente, si no
entendemos que es por salvaguardar nuestra vida, seguiremos quejándonos de las
infracciones que por estos motivos se aplican, aunque, claro, hay muchos
agentes que abusan y se ensañan con los conductores, buscando la multa por
cualquier asunto. Hay una
serie de casos documentados a respecto, que son patéticos. También
los accidentes del hogar o laborales tienen su alta cuota de lesiones y
defunciones, lo que a nadie gusta, porque significan grandes pérdidas de toda
índole: físicas, económicas, económicas familiares y hasta sociales. Y
podríamos hablar sobre el tema y llenar cientos de cuartillas, pero el caso es
que, para tratar de reducir los costes a la sociedad que tienen éstos, se han
instrumentado cada día mejores sistemas de protección ciudadana, englobados en
los llamados Sistemas de Protección Civil, donde se conjuga un poco de todo lo
que implican los hechos ya mencionados. Ambulancias,
bomberos, personal para atender diversos siniestros y para coordinar forman
parte de estos sistemas, que requieren, necesariamente, del equipo adecuado
para poder funcionar en forma eficiente. Y de
repente escuchamos las sirenas de estos servicios: abrimos paso cuando vamos
manejando y, curiosos, volteamos la vista hacia donde viene el ensordecedor
ruido de las sirenas. Hay un accidente cerca y se requiere necesariamente del
apoyo de estos cuerpos. Los
vehículos de los cuerpos de bomberos en casi todo el país son poco eficientes:
se trata de camiones muy viejos que fueron adquiridos, muchos en donación, como
una “ganga” por parte de sitios de la Unión Americana, ya que para ellos son
chatarra, aunque para nosotros… la gloria. Aquí el
caso es que existen algunos patronatos para hacer que no falten recursos, pero
la poca participación ciudadana y la falta de dinero en general han afectado la
infraestructura existente: tenemos carros bomba muy viejos, los equipos
personales de los cuerpos de bomberos también requieren de una modernización
urgente, y es aquí donde los gobiernos municipales –los 43, en Tamaulipas- y el
gobierno estatal requerirán de un estudio minucioso para dotar de lo que se
requiere para tal efecto. Urge
tener la confianza de contar con los servicios adecuados, la capacitación del
personal y todo lo que ello implica, pero esto cuesta dinero, y mucho. Es donde
gobierno y sociedad debemos unirnos, para tener lo que necesitamos, y evitar
accidentes, o disminuir los costes tan elevados, que muchas veces terminan por
cegar la existencia de nuestros seres queridos. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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