Por: Luis Lauro Carrillo20/01/2011 | Actualizada a las 22:23h
La Nota se ha leído 2934 Veces
Una
constante de los políticos es dar de qué hablar en sus áreas de trabajo, sea
por lo que hacen o dejan de hacer, más allá de las propuestas que generen
beneficio para la sociedad, las más comentadas suelen ser aquellas que desatan
polémica o las que rondan por los límites de lo absurdo. En
estas últimas, se ubican las instrucciones emitidas por Norberto Treviño García
Manzo y Jorge Abrego Adame Secretarios de Salud y de Administración del
gobierno del estado respectivamente, prohibiendo minifaldas y blusas con
escotes pronunciados, como si se tratara de una orden propia de la Inquisición
del siglo XVII o violaciones graves al estricto código moral de Vestuario. La
creencia generalizada era que únicamente los gobiernos panistas eran misóginos,
por sus prácticas cotidianas contra la
población femenina, pero los funcionarios priistas mencionados, resultaron igual
o más puritanos, moralinos, fundamentalistas e intolerantes que aquellos. Con
la implantación de dichas prohibiciones cobra vigencia la violencia de género, prohibir
las minifaldas, las blusas ombligueras, los escotes,
pantalones de mezclilla y ropas apretadas, de entrada vulneran el
derecho a decidir cómo vestirse, y por lo tanto serian violatorias de los
derechos humanos de las mujeres. Tal
vez los señores secretarios mas que generar políticas públicas, están más preocupados
por la presentación personal de sus subordinadas, o en el fondo consideran que
el uso de las minifaldas atentan contra la moral y las buenas costumbres, amén
de la distracción de la atención del personal masculino y de los gobernados que
acuden a sus dependencias.. La
pregunta obligada es ¿por qué esta actitud con la mujer burócrata? Será por su
salud; por machistas por el control de su cuerpo o porque los funcionarios
piensan que las minifaldas se convierten en una invitación para ser agredidas o
molestadas, no sólo dentro de las oficinas, sino en el exterior, vaya usted a
saber. Por
otro lado el escándalo pudo haberse evitado, sin necesidad de recurrir al
conservadurismo y a la moralina, porque los secretarios y asesores no se
preocuparon por leer, ni aplicar el Reglamento de las Condiciones Generales de
Trabajo vigente reformado desde el 4 de
septiembre de 2003. En
efecto el artículo 111 de dicho ordenamiento legal, establece: Son obligaciones
de los trabajadores: fracción VI.- Usar dentro de las labores los uniformes y
equipos de seguridad, que el Gobierno proporcionará en cumplimiento de las
disposiciones que existan al respecto. De
lo anterior se desprende una obligación contractual del gobierno a proporcionar
uniformes y otra de los trabajadores a usar los mismos dentro de sus jornadas
laborales. Por lo que no se explica ni justifica el comportamiento de los
servidores públicos involucrados en el affaire de las minifaldas. De
ahí que las prohibiciones de la Secretaria de salud y de Administración estuvieron
fuera de lugar, olvidando que estamos en una sociedad occidental, democrática y
liberal, evidenciando un carácter machista y ultraconservador. Por
otra parte llama la atención Blanca Valles “dirigente” sindical de los
burócratas, ni las manos metió, ni ha dicho esta boca es mía a favor o defensa de
sus burócratas, está máspreocupada por
saber cuándo Oscar Almaraz solicitará licencia, para sustituirlo que por la
suerte de sus representados. Los trabajadores de Gobierno tienen la líder que
se merecen. En
definitiva los titulares de las secretarías solo están facultados para observar
y aplicar en el ámbito de su competencia La Ley del Trabajo de los servidores
Públicos y el Reglamento de las Condiciones Generales de Trabajo, que suscriben
la Secretaría de Administración en representación del Gobernador del Estado y
el SUTSPET. carrsot_l@hotmail.comTwiter: @luiscarrs
Luis Lauro Carrillo:
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas